150 años del Partido Socialdemócrata Alemán

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Àngel Ferrero

sin permiso

El pasado 23 de mayo el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) celebró su 150 aniversario. El 2013 debería ser un gran año para el SPD, que también celebra el centenario de la muerte de August Bebel y del nacimiento de Willy Brandt, pero en el auditorio principal de la Gewandhaus de Leipzig no había muchos motivos para la fiesta: el partido continúa sin levantar cabeza en las encuestas de intención de voto a tres meses de las elecciones generales, y su candidato, Peer Steinbrück, no entusiasma a los votantes.[1] Peor aún, a menos de 100 días de los comicios, los medios de comunicación revelaron la ojeriza que, al parecer, se tienen mutuamente Steinbrück y el presidente del partido, Sigmar Gabriel .[2] El SPD es hoy un partido sin carisma, liderado por un equipo de tecnócratas cuyos ideólogos principales, encargados de aportar ideas frescas, son Helmut Schmidt (94 años) y Erhard Eppler (86 años). “Para un socialdemócrata hay muchos motivos para esta r orgulloso”, escribe Jakob Augstein. “El problema – continúa – es que la mayoría se encuentran en el pasado. Su presente es deprimente.”[3] El SPD de hoy, escribe Albrecht von Lucke, “es una sombra de sí mismo. El pasado del partido es más grande que su presente.”[4]

El partido se encuentra inmerso en la crisis de la socialdemocracia europea, una crisis que se escenificaba el día anterior al aniversario con la creación de “Progressive Alliance”, una organización que busca desplazar y en última instancia sustituir a la desacreditada Internacional Socialista (IS). El SPD ya había reducido su contribución anual a la IS de 100.000 a 5.000 libras esterlinas (unos 6.000 euros) en enero y limitado su condición a observador.[5] El órdago del SPD fue respuesto por el Presidente de la IS, el griego Georgios Papandreu, y el Secretario general de la organización, el chileno Luis Ayala, en una carta de siete páginas. “Lo que realmente necesitamos es un nuevo internacionalismo y una nueva cultura de la solidaridad”, escriben Papandreu y Ayala. “Es lamentable que la dirección de nuestro socio alemán quiera dividir al movimiento mundial de las fuerzas progresistas en lugar de unirlas y reforzarlas.” A Sigmar Gabriel, el arquitecto detrás de la escisión, le molesta especialmente que la IS tenga como miembros al Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA) y al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). [6] A Gabriel parece molestarle menos que la IS haya tenido entre sus miembros al Partido Nacional Democrático (PND) de Hosni Mubarak o la Agrupación Constitucional Democrática (RCD) de Ben Ali, a los que ni siquiera menciona.

Con todo, el 23 de mayo los socialdemócratas alemanes dejaron capotes y puñales en casa, subieron a sus limusinas BMW y pusieron rumbo a Leipzig, donde en la Gewandhaus les esperaban delegados de partidos socialdemócratas de 80 países. El orador estrella fue el Presidente francés, François Hollande, considerado hasta hace unos meses gran esperanza blanca de la socialdemocracia, quien ofreció su propio discurso fúnebre como político al elogiar “la capacidad de los socialdemócratas alemanes por alcanzar compromisos y enfrentarse a la relidad.” Como ejemplo de esa capacidad de alcanzar compromisos, Hollande mencionó

la Agenda 2010 de Schröder.[7] Luego Peer Steinbrück, luciendo su tradicional cara de vinagre, repartió la tarta entre los asistentes. Cerveza, Bratwurst, cuatro fotografías, cuatro autógrafos y de vuelta a casa. Tres días después se publicaban las encuestas de intención de voto: el SPD sigue sin poder formar gobierno con Los Verdes y una coalición tripartita con La Izquierda no la quieren ni socialdemócratas ni verdes, que prefieren mirar a otro lado con la esperanza de que el partido desaparezca y los liberales del FDP hagan un imposible giro social que permita una coalición semáforo (SPD-FDP-Verdes). Si quiere entrar en el gobierno, el SPD tendría que pactar, pues, una gran coalición con la CDU en la que sería socio minoritario. Aunque pactar con Merkel equivaldría a un seppuku de cara a la opinión pública, y especialmente de cara a sus colegas europeos, la opción no ha de descartarse en absoluto. Incluso en Berlín, donde la orientación del voto es mayoritariamente de izquierdas, el SPD prefirió cerrar una coalición con la CDU antes que explorar otras opciones. “La oposición es una mierda […] nosotros lo que queremos es gobernar”, Franz Müntefering dixit. [8] A tres meses de las elecciones, no nos hemos movido un milímetro desde enero de 2013.

Lo que es bueno para Krupp, es bueno para Krauser

El SPD prefiere hacer arrancar su historia en la Asociación General de Trabajadores Alemanes (ADAV), la organización fundada por Ferdinand Lasalle en Leipzig, aunque podría hacerlo en el Partido Obrero Socialdemócrata (SDAP) fundado por August Bebel y Wilhelm Liebknecht en 1869 o en la unificación de ambos en el SPD en el Congreso de Gotha de 1890. Según Georg Fülberth, no se trata de ninguna casualidad: esta elección “supone un distanciamiento de Marx […] Lasalle consideraba a los liberales como los principales enemigos del proletariado” y en no pocas ocasiones incluso expresó, para el desmayo de Marx y Engels, su apoyo tácito a Bismarck, como en la aprobación del sufragio masculino universal, el cual, en su forma bismarckiana, no sirvió más que para debilitar a la burguesía liberal y se convirtió en un “apoyo del ejecutivo, algo que en aquel momento supuso en el continente europeo la más moderna forma de dominación: el bonapartismo. Algunos académicos sostienen que en la Unión Europea se ha descubierto su retorno bajo una nueva forma”, escribe Fülberth en alusión a la propuesta de algunos socialdemócratas de crear la figura de un Presidente de la Unión Europea.[9] Bebel, por el contrario, es el hombre que en 1869 se presentó en el Reichstag con las siguientes palabras: “Soy, caballeros, ustedes lo saben bien, un decidido adversario de este sistema, lo combato con todos los medios que están a mi disposición”. Frente a la línea centralista y prusiana de la ADAV, el SDAP representaba la corriente federalista y europeísta de la socialdemocracia. “August Bebel elogió en 1871 a la Comuna de París en el Reichstag”, escribe Jutta Ditfurth. “Sobre el programa de Erfurt aún se podía discutir. Con los créditos de guerra de 1914 –continúa– y la traición a la Revolución de Noviembre de 1918-1919, el SPD dejó de ser una fuerza progresista. Hubo antifascistas valientes, pero dominaron los hombres de línea dura como Noske y los pequeño burgueses autoritarios como Ebert hasta el día de hoy.” Después de la guerra, continúa Ditfurth, el SPD se decantó con la aprobación del programa de Godesberg de 1959 “por el capitalismo y la OTAN, pero con la expulsión del Sindicato Democrático de Estudiantes (SDS) en 1961, la oposición extraparlamentaria se convirtió, de manera imprevista, en una organización independiente. En los setenta, quienes se oponían a la energía nuclear fueron tildados por la cúpula del SPD de ‘terroristas’. Desde 1998 el SPD el SPD ha contribuido a la destrucción del Estado social y a la guerra, y en otoño de 2013 amenaza otra vez con formar una gran coalición.” [10]

“La socialdemocracia explica una historia”, escribe Frank-Walter Steinmeier en Vorwärts. [11] Efectivamente, la socialdemocracia explica una historia, pero por desgracia es una historia de renuncias, un proceso que se acelera a medida que se acerca a nuestro presente. “La verdadera causa de la crisis se encuentra en los últimos 15 años, es decir, en la décima parte de la larga historia del SPD”, escribe von Lucke. “En la era Schröder –sigue– el SPD perdió sus hilamentos rojos, su misión histórica, la lucha por la emancipación social y la justicial social. [Con Schröder] el partido se dejó llevar por el Zeitgeist neoliberal, del que al final fue presa. Recordemos que hace diez años la dirección del SPD no propuso reducir la ya entonces dramática desigualdad, sino que el entonces ministro de Economía, Wolfgang Clement, con su concepto de “desigualdad productiva”, propagó exactamente lo contrario: a partir de entonces la igualdad no debía suponer la disminución de la desigualdad.” La historia de la socialdemocracia, concluye Albrecht von Lucke, “puede interpretarse como la historia del desmontaje continuo de la utopía. En la etapa de Schröder este proceso llegó a su fin.”[12] Los socialdemócratas, según el economista griego Yanis Varoufakis, se tragaron “la lógica de la financiarización, no sólo el anzuelo y el señuelo, sino la línea entera, y aun el flotador”.[13] El resto no requiere de mayores explicaciones: el desplome de los partidos socialdemócratas en las elecciones y en las encuestas de intención de voto es suficientemente clarificador.

¿Qué podría hacer un gobierno socialdemócrata en Alemania, atado por la “regla de oro” (Schuldenbremse) que él mismo votó con la CDU en el 2009? ¿Cuál es su verdadera autonomía para aprobar leyes favorables a la población trabajadora? El actual SPD, que en su programa sigue fijando como objetivo último el “socialismo democrático”, ha recibido sólo en la última legislatura donaciones de las siguientes empresas: la aseguradora Allianz (2009: 60.001 euros; 2010: 60.001 euros; 2011: 50.001 euros), Daimler AG (2009: 150.000 euros; 2010: 150.000 euros; 2011: 150.000 euros; 2012: 150.000 euros; 2013: 100.000 euros), BMW (2009: 151.344’56 euros; 2010: 140.033,90 euros; 2011: 95.338’10 euros; 2012: 109.472’88 euros; 2013: 107.376’06 euros) y la patronal de la industria electrometalúrgica de Baden-Württemberg (2011: 60.000 euros). (Los Verdes, por cierto, recibieron cantidades similares de las mismas empresas.) [14] El SPD no ha abandonado el lema de los antiguos socialistas de estado: “lo que es bueno para Krupp, es bueno para Krause”.

“Nos lavamos las manos”

En su edición del 23 de mayo, el junge Welt recordaba oportunamente la desafortunada ocurrencia del SPD para su campaña electoral de 1928. Los socialdemócratas regalaron a sus potenciales electores una pastilla de jabón, lo que motivó una punzante sátira de Ernst Busch: los socialdemócratas tenían al fin y al cabo que lavarse las manos por mucho de lo sucedido hasta entonces. Hoy las campañas políticas son mucho más sofisticadas, pero el objetivo es el mismo que el de aquella modesta pastilla de jabón. Para su 150 aniversario, Vorwärts, el diario orgánico de la socialdemocracia alemana, ha publicado un número especial de 140 páginas sobre la historia del partido. En la revista –donde el SPD es felicitado por campeones de la justicia social como el Deutsche Bank, Sky News, Vattenfall, RWE o Bayer– no hay ningún asomo de crítica hacia la Agenda 2010 –el tristemente célebre “desmontaje” del Estado social que creó los minijobs y equiparó el desempleo a las ayudas sociales, convirtiendo a Alemania en un país más injusto e insolidario– o al despliegue del Bundeswehr en el extranjero, un tabú roto precisamente con el primer gobierno rojiverde, sino todo lo contrario. Cuando Willy Brandt reflexionaba sobre las condiciones del hemisferio Sur, escribe Erhad Eppler, “se sentía como un hombre que tuviera un brazo atado a la espalda. Mientras durase la Guerra fría, los europeos sólo tendrían un brazo libre para el Sur.” [15] Ahora Europa tiene los dos brazos libres, pero en contra de lo que quería Brandt, para poder aporrear mejor, y en todas direcciones. “¿Tiene el SPD que ser un partido pacifista para ganar las próximas elecciones? No, en ningún caso”, escribe Susanne Höll en Vorwärts. “Un partido así ya existe, es La Izquierda, y sigue siendo un partido incapacitado para gobernar.” [16]

No, el SPD no le hace ascos a los cañones. Escribiendo sobre el bombardeo de Yugoslavia en 1999 –la Luftwaffe participó en quinientos vuelos de la operación Allied Force que bombardeó objetivos militares y civiles–, Uwe-Karsten Heye, redactor jefe de Vorwärts hasta el 2010, afirma que en el debate que provocó entonces la intervención “pasó prácticamente desaparecibido que de lo que se realmente trataba es de que si la Alemania reunificada podía asumir una mayor responsabilidad en política exterior. Hoy esta pregunta ya no se plantea: ha sido respuesta” [17] Y continúa: “Esto también vale tanto para el futuro de Europa como para la responsabilidad de la Unión Europea en el mundo, en la que Alemania, como miembro más fuerte de la Unión, tiene un papel dirigente. Sólo Europa como actor político y económico mundial asegura a potencias de tamaño medio como Alemania una influencia consciente en la política mundial.” Una frase que cualquier político de la CDU podría suscribir sin problemas.

Este número especial de Vorwärts va tan lejos como para justificar el voto de los socialdemócratas a los créditos de guerra en 1914 (con la honrosa excepción de Karl Liebknecht, que fue el único diputado socialdemócrata que votó en contra). Según el historiador Reinhard Rürup, el encargado de escribir esta pieza, Alemania tenía derecho a defenderse de una agresión exterior, y muy especialmente de la amenaza del despotismo ruso, y, en cualquier caso, el resto de partidos socialdemócratas –salvo los bolcheviques en Rusia– también le dieron apoyo. Cuando Bebel y Liebknecht, aún siendo diputados del Reichstag, fueron enviados a prisión por denunciar la anexión de Alsacia y Lorena, los votantes recompensaron a los dos socialdemócratas reeligiéndolos en las elecciones de 1873. Bebel llegó a obtener nada menos que el 80% de los votos en su distrito, a pesar de lo cual no pudo acceder al escaño. El SPD, como escribe von Lucke, es hoy una sombra de lo que fue. Una sombra cada vez más larga y cada vez más oscura. En el 2009 los socialdemócratas recibieron una propina de 3.000 euros de Heckler & Koch, uno de los principales fabricantes de armamento de Alemania. [18]

Alemania, escribe Uwe Knüpfer, el redactor jefe de la revista Vorwärts, es hoy un país “democrático, constitucional, abierto al mundo, lleno de diversidad y de color. Un país en el que el poeta [Heinrich Heine] se hubiera sentido bien.” Si Heine levantara la cabeza.

sin permiso

NOTAS: [1] Para un buen retrato de Steinbrück: Rafael Poch, “El SPD confirma a Steinbrück como rival electoral de Merkel”, La Vanguardia, 9 de diciembre de 2013. [2] “Steinbrück greift Gabriel an”, Süddeutsche Zeitung, 15 de junio de 2013; “Steinbrück sucht einen Sündenbock”, Süddeutsche Zeitung, 17 de junio de 2013. [3] Jakob Augstein, “Keine Linken, nirgends!”, Der Spiegel, 20 de mayo de 2013. [4] Albert von Lucke, “15 Jahre von 150: Die Misere der SPD”, Blätter für deutsche und internationale Politik, abril de 2013. [5] “SPD sagt Sozialistischer Internationale Ade”, Süddeutsche Zeitung, 5 de mayo de 2013. [6] “Papandreou wirft Gabriel Spaltung der Linken vor”, Der Spiegel, 22 de mayo de 2013. [7] Anja Maier, “150 Jahre SPD: Stolz und zufrieden feiern”, die tageszeitung, 23 de mayo de 2013. [8] Las palabras de Müntefering están extraídas de un discurso en un Congreso especial en Berlín el 2004: “Opposition ist Mist. Lasst das die anderen machen – wir wollen regieren”. “Müntefering: Opposition ist Mist”, Die Welt, 21 de marzo de 2004. [9] Georg Fülberth, “Gerechtigkeit für die SPD”, junge Welt, 23 de mayo de 2013. [10] “150 Jahre SPD: Herzlichen Glückwunsch, du alte Tante!”, Der Spiegel, 23 de mayo de 2013. [11] Vorwärts extra, primavera de 2013, p. 90. [12] Albrecht von Lucke, op. cit. [13] Yanis Varoufakis, “Cuándo y por qué se jodió la socialdemocracia europea”, Sin Permiso, 9 de diciembre de 2012. [14] La ley de partidos alemana obliga a publicar las donaciones superiores a los 50.000 euros. “Parteispenden über 50.000€”, Bundestag.de. [15] Erhard Eppler, “Nur ein Arm frei für die südliche Welt”, Vorwärts extra, primavera 2013, p. 92. [16] Susanne Höll, “Der Kanzler lag richtig”, Vorwärts extra, p. 113. [17] Uwe-Karsten Heye, “Das Gemetzel gestoppt”, Vorwärts extra, primavera de 2013, p. 112. [18] Heckler & Koch, “Spendetätigkeit der Heckler & Koch GmbH”, 2 de noviembre de 2011.

Àngel Ferrero es miembro del Comité de Redacción de Sin Permiso


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