Yerno del padrino

Pandemia

Yayo Vicente

Se fue Oso, a quien lo único que le faltó fue tiempo. De veras, ¿cómo te llamás? “Helbert Leonardo Chacón Porras, pero Mamá quería que me llamara Eduardo y siempre me llamó con ese nombre. ¿Vos no sos Yayo?, pues para facilidad decime Oso, como me llaman todos”.

En Dota, el cantón número 17 de la provincia de San José, todos llevamos un sobrenombre. Cuando llegué, yo llevaba el mío, mi cédula dice: “conocido como Yayo Vicente Salazar”. Encajé desde el principio y no tuve “cura” en el parque para que me volvieran a bautizar. Mi suegro, Jeremías Ureña fue un gran “cura”, muchos apodos en Santa María son de su autoría, el mío, de mi Mamá.

Golfito

Golfito fue construido desde cero en pocos años. Con planeamiento y sin escatimar en presupuesto, la Compañía tenía el monopolio mundial del banano. Sumaba todos los costos, le agregaba las ganancias y ponía el precio de su producción para que los gringos la compraran y la compraban. Por eso hicieron ferrocarriles, muelles, el mayor sistema de riego del mundo, aeropuertos, tanques de combustibles, pueblos con casas, canchas de fútbol (al inicio de béisbol), unidades sanitarias, hospital, red telefónica, áreas de recreo según la categoría de los trabajadores, flota naviera, plantas generadoras de electricidad, todo lo necesario y más (aquí y otros sitios).

Con plata todo se arregla y sin plata todo está arreglado”, decía don Pepe. Con dinero esas montañas del sur de Costa Rica, se convirtieron en zonas productivas, generadoras de empleo, bienestar e impuestos.

Allá la gente iba y venía, gringos, nicas y ticos, éramos aves de paso. Dejamos recuerdos inolvidables en el Club Latino, el Pic-Nic, los tres cines (dos de Wachong y otro para los empleados altos), las canchas de golf. Era una ciudad encajada en una montaña tropical virgen y con todos los tonos de verde. Para la siembra del banano y la rutas del ferrocarril, se ocupaban terrenos planos, por eso para dar paso al tren hasta las llanuras de Coto, Laurel y Palmar, se dinamitó el cerro en kilómetro 9, que hoy conocemos como cerro Partido.

El desmonte se hizo en las llanuras, donde se descubrieron las esferas de piedra y asentamientos precolombinos poco estudiados. Canales de avenamiento y dragas evitaban que las matas de banano se “ahogaran”, los enormes sistemas de riego se pusieron para que no les faltara agua.

Desde el Pic-Nic podíamos ver la obra, el mar tranquilo del pequeño golfo, el muelle, el dique seco, los faros y el gran golfo Dulce. Todo rodeado por la exuberante montaña del trópico húmedo. Quien no se enamora de ese paisaje, tiene algo malo.

Los recuerdos que tenemos los “golfiteños” están clavados en nuestras almas, cada uno los vivió, no fueron contados ni pasados de generación en generación.

Duruelo de la Sierra

En un pueblo de piedra, cerca de Madrid, en Soria, está Duruelo de La Sierra. Allá está la “mata” de los Vicente. De allá trajeron a mi abuelo Secundino, a los 11 años, antes que fuera reclutado para la guerra que libraba España contra Marruecos. Es que la infantería estaba compuesta por infantes, una redundancia que requiere ser aclarada. Los militares de carrera, mandaban al frente a la infantería, de forma que el enemigo gastara las municiones con los chiquillos, después de lo cual, entraban los soldados de carrera.

En Duruelo las raíces familiares son profundas. La iglesia, todavía en uso, se construyó 200 años antes del descubrimiento de América (por parte de los europeos). Todos se conocen, los rituales sociales son obligatorios. Allá aprendí lo que es una “ronda”, sale uno antes de la puesta del Sol, con su barra (el grupo de primos y amigos), a visitar bares. Una parada, y todos tomamos un “corto” y salimos al bar siguiente. A determinada hora, los “cortos” se cambian por “vinos”. Nadie se queda en un solo lugar, así que por las calles se encuentran y saludan las distintas barras de amigos que andan de ronda de bar en bar.

Es un pueblo, viven allí unas mil personas, los días de fiesta regresan hijos y nietos a pasarla juntos. Todo lo que se ha hecho es producto del esfuerzo del pueblo; el polígono industrial, la casa de jubilación, los ríos cristalinos que atraviesan el pueblo (con truchas), el sistema de alcantarillado.

Duruelo, sus costumbres, rituales sociales y esas raíces hondas, me recuerdan a Santa María de muchas maneras.

Dota

Santa María, el distrito primero de Dota, es distinta a Golfito y parecido a Duruelo. Allá la gente nace y se entierra, todos tienen padres, abuelos, tatarabuelos y más atrás, en el panteón del lugar. Los recuerdos se mezclan entre las generaciones, todos son uno solo. La génesis de Santa María tiene nombres y apellidos, los primeros colonizadores y fundadores de la población fueron José María Ureña Mora y su esposa Leona Zúñiga Gamboa, quienes en 1863 decidieron bautizar al pequeño valle con el nombre de Santa María.

Luego se trazaron los cuadrantes, hicieron el edificio de la iglesia católica, se dejó un cuadrante para la plaza (frente a la iglesia), consiguieron hacer la escuela, correo y telégrafo, el palacio municipal y todo aquello que caracteriza y llena de orgullo a un pueblo del valle Central de Costa Rica. No se hizo con el precio inducido del banano, fue producto del trabajo, que poco a poco y con gran esfuerzo, construyó al pueblo.

Eso explica que su gente no viva en las fincas (de café), desde la madrugada se van patrones y peones rumbo a los “cercos” y concluida la jornada, regresan al pueblo que los hace felices.

Oso

Oso

Don Helbert Chacón y doña Cabita Porras, criaron bien a su hijo. ¿Cómo sos tan popular?, le pregunté. Me contestaba muy parecido a don Alberto Abad, alcalde de Duruelo de la Sierra (de donde venimos los Vicente), con las tres “C”: mismo “C”asamiento, misma “C”asa y mismo “C”arro, que traducido al tico es, “siendo honrado como me enseñaron en mi casa”.

Leonardo -OSO- Chacón Porras, conocido como Eduardo y sus hermanas (Marilin, Hortensia y Victoria) tuvieron como padrinos a mis suegros (Jeremías Ureña e Iris Brenes). El afecto entre ambas familias es entrañable. Oso siempre le dijo a mi suegro Padrino, tal vez por eso me trasladó de inmediato su afecto y nos unió la afición por la política y en especial por la figura de José María Figueres. Pasé mi domicilio electoral a Santa María para votar por el amigo, lo hice dos veces y me convertí en doteño por decisión.

Además de la honradez, Oso tenía una reunión de virtudes como persona y político. Su Despacho era austero, con cada adorno contaba una historia. Ahí casi no pasaba, sus horarios de oficina no los marcaba el reloj. De camino al trabajo, saludaba a cada persona por su nombre y si alguna lo detenía, esa era una prioridad. Escuchaba con atención sincera, conmovido llegaba a la Municipalidad para encontrar la respuesta al problema que en “confesión” le habían contado.

Pocos gerentes son “hacedores” y menos son visionarios. IBM no creyó que las computadoras personales tuvieran éxito y las despreció. Nokia llegó a dominar el 50% del mercado mundial de los teléfonos celulares y perdió esa ventaja. Pan Am quebró. En la administración pública, los gerentes que hacen la diferencia son escasos. Leonardo -OSO- Chacón fue de esa poca y valiosa minoría. Siempre oyendo, siempre a la par del poblador, siempre conectado con la realidad, interpretó y actuó.

El 80% del cantón de Dota está en parque nacional o reserva forestal y por eso exonerados del impuesto territorial. Los impuestos que recibe la Municipalidad son pocos, la excusa perfecta para no hacer nada. El Gerente Público Leonardo -OSO- Chacón no se escondió detrás de las débiles finanzas. Buscó la plata, las transferencias y las ayudas.

Hizo aceras, arregló puentes y caminos, pavimentó hasta los trillos, ayudó a la gente sin techo. Consiguió que le donaran cemento y buscó donde guardarlo. Rehízo el palacio municipal y dotó a la Municipalidad de un buen plantel. El parque de Santa María se convirtió en epicentro cultural, el deporte local también hereda su legado. Consiguió y repartió almácigos de árboles, fomentó el reciclaje de la basura valorable, modernizó el acueducto y puso medidores. Oso lideró el esfuerzo contra la pandemia, Dota fue el último cantón en contagiarse (aunque perdió su batalla personal contra el COVID-19). Una administración integral, como nunca antes el Cantón la había visto.

Oso creía y luchaba por la descentralización. “Por el territorio y en el territorio pasa casi todo”, me decía. “Es necesario dotar a los gobiernos locales de más instrumentos para resolver los problemas de la gente. A nivel central las personas son invisibles, son una estadística.” A Oso le faltó tiempo y a Dota le faltará Oso.

La pandemia nos está arrebatando amigos, no le importa si son buenos, si les falta mucho por hacer, si dejan padres, esposa, hijos y nietos.

PANDEMIA. El fenómeno salud-enfermedad, es complejo y cuando se escala a una población, se le suman infinidad de nuevas variables, haciéndose todavía más intricado. Poner en palabras simples lo que todavía no termino de comprender, ha sido mi reto durante la pandemia por COVID-19.


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Un comentario

  1. Gustavo Elizondo

    Gracias Yayo, como doteño y amigo de Oso agradezco el artículo, espero complementar algunas cosas pronto.

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