Ya basta de locuras, que vuelva la sensatez

Ágora

Por Guido Mora

Guido Mora

Las calles están bloqueadas, el comercio cerrado, las empresas no pueden entregar sus productos y los costarricenses no pueden salir a las calles por temor a la violencia: este es el panorama que tenemos por estos días, a lo largo y ancho del territorio nacional.

La crisis económica provocada por la pandemia se profundiza. Líderes oportunistas sin propuesta, asumen la representación de un movimiento que más se caracteriza por el anarquismo, que por ser una lucha articulada contra decisiones del Gobierno.

Surgen los anarquistas, los aprovechados, algunos delincuentes o personas que disfrutan del caos y de infundir temor en sus comunidades, los manipuladores y los falsos profetas quienes, lejos de aportar para resolver de las diferencias que está enfrentando nuestra sociedad, la polarizan. No están interesando en soluciones que se fragüen en el marco institucional que es el que merece Costa Rica y al que estamos costumbrados los costarricenses.

El caos prevalece y el país lejos de unirse para superar el desafío que nos ha planteado esta crisis, se divide.

En este orden de cosas, si alguno de los sectores en pugna presume que, con el estado de cosas prevalecientes, uno de ellos va a resultar victorioso, está muy equivocado.

La descomposición de esta situación muestra, con el pasar de los días, que los grandes beneficiados con este caos son los delincuentes, los narcotraficantes, los evasores y los grupos anti sistema. Todos aquellos sectores que lejos de pensar en el bienestar de la Patria, les importa únicamente sus mezquinos intereses: los políticos y los económicos.

Los sectores económicamente poderosos, la clase política, los grupos empresariales, los grupos de medianos ingresos: profesionales o académicos, y otros sectores privilegiados tienen que comprender que, posiblemente, estamos en presencia de las primeras manifestaciones que muestran aquello en lo que puede llegar a convertirse Costa Rica. El descontento que enfrentamos sólo se resuelve con la participación y renuncia, en lo que sea pertinente, de todos los grupos sociales, económicos y políticos que componen nuestra sociedad; por sobre todo por los grupos más favorecidos, por los que más tienen. Los sectores medios y bajos están exhaustos, ya no pueden aportar más.

Esta situación es el resultado de más de veinte años de la aplicación de un modelo excluyente e inequitativo, que ha sido desnudado por efecto de la crisis provocada por el Covid-19.

El país está paralizado, los bloqueos, el miedo y la violencia tienen a Costa Rica y a los costarricenses, metidos en sus casas.

La crisis provocada por esta situación profundiza aún más el estado de incertidumbre que enfrentan los sectores productivos y los ciudadanos.

El Gobierno debe de actuar, los partidos políticos deben de abandonar su posición de observadores y convertirse en protagonistas.

Si perdemos la paz social, como está ocurriendo, perdemos todos.

Basta de conspiraciones, de mentiras, de engaños y de agendas dobles u ocultas.

Esta situación, o la arreglamos entre todos, o perdemos a nuestro país, en manos de la mafia internacional y de los grupos económicos que se benefician del caos y la anarquía.

Un llamado a la sensatez, que aún es tiempo de detener esta locura.

* El Ágora era el centro de la actividad política, administrativa, comercial y social de la antigua Atenas.


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