¿Y… ahora qué?

José Solano S.

José Solano

Resulta que algunos(as) (ex)compañeros(as) del Partido Liberación Nacional me han preguntado sobre si mi sabático político, anunciado por acá hace unos meses, me hizo llegar ya, a alguna conclusión.

La verdad, antes de poder contestar, no a ellos sino a mí mismo, esa pregunta, me hace falta tomar posiciones, respecto de algunos temas que son materia obligada de toda reflexión política, sea la de decidir si participo, una vez más, o no, en el proceso.

En ese sentido, algunas ideas que me atormentan para tomar una decisión, deben responder a mi interrogante de si “¿hay vida política, fuera del universo verde?”. La respuesta es clara y obviamente que sí, sí hay vida, fuera de Liberación Nacional. Lo que habrá de concluirse, para acabar con mi tormento, será si esta vida es mejor, o no.

¿Qué es lo que debemos buscar con la política? Algunos(as), buscan un medio para convertirse a sí mismos en “influenciadores” y acceder al poder, local o nacional. Así, su camino lo trazan alrededor de complejas marañas de, no discuto que sean legítimas, aspiraciones a puestos dentro de la estructura del partido, como “único medio”, según ellos(as), para poder influir sobre el devenir de su comunidad. En un plato, buscan “El Poder por el Poder mismo”, y normalmente, una vez que lo logran, olvidar para qué lo querían… Siempre esa frase me recuerda una película famosa de los setentas, sobre la historia de un Candidato Presidencial en EEUU, protagonizada por Robert Redford, que una vez que ganaba, le decía a su consejero más cercano… “¿Y… ahora que?”

¡Yo no! (y puedo ser el más ingenuo e idiota que jamás militó en partido político alguno).

Aunque, cual bañista primerizo en el mar, fui arrastrado por la corriente, y terminé siendo parte de estructuras formales del partido, a nivel cantonal y en algunos procesos nacionales. Para seguir con el símil, esa mar me pegó tal revolcada, que por el tiempo que anduve pataleando para tratar de volver a salir a la superficie y respirar, no hice más que desperdiciarlo, para lo que yo (el idiota antes mencionado) había decidido en primera instancia, como razón para meterme a política… AYUDAR a mi país, a mi cantón, mi barrio… y así, poder heredar algo mejor a mi hija, dicho sea de paso mi chiquita, toda una profesional a punto de graduarse de ingeniera en la Universidad.

Lo primero que respondo, entonces, a mi mismo, es que la revolcada de la ola partidista, con sus corrientes encontradas, como asambleas distritales, cantonales, provinciales, para llegar a la anhelada Asamblea Nacional del Partido, fueron una enorme pérdida de tiempo, dolores, enemistades, gritos, insomnios y hasta arritmias cardíacas que, en nada, tuvieron relación con participar, en proyectos y reuniones, junto a presidentes de asociaciones de desarrollo, juntas de educación, comités de vecinos y autoridades medias de entidades públicas, para buscar solucionar, por ejemplo: problemas de titulación de tierras del estado en poder de familias por décadas que no aparecen a su nombre, o para lograr pelear por la falta de un EBAIS en el distrito más pobre y desigual del este de San José, o para tratar de reemplazar los viejos “medidores colectivos” que dan “energía eléctrica” (un bombillo por rancho) en tugurios o, para que no se enoje algún tecnócrata, asentamientos informales o no consolidados.

No, nadie me preguntó si era “asambleísta nacional” o “plenario” del partido, para poder aportar a mi comunidad. Lo que sí me pasó, es que el sólo hecho de militar en un partido, me convertía en “enemigo” a muerte de otros, o que, aunque fuera una buena propuesta, se votara en contra una moción mía, como regidor municipal, para dotar al cantón de la sede de Bomberos, o hacer u reglamento para multar a los que irrespetan parqueos para personas con alguna discapacidad con el objeto de obtener fondos para ayudar a esa misma población (según la Ley 7600), entre otras absurdas votaciones politiqueras , pero que me permitieron conocer el corazón de algunos mentirosos que se venden como líderes “independientes” (por pertenecer a un partido mal llamado cantonal, pero que manipulan, a los candidatos de turno de los partidos nacionales que critican), y que esconden tras discursos falaces, sus verdaderas agendas personales y en pro de sus “patrocinadores” (dueños) políticos. O sea, conocí la más oscura versión de seres humanos, que engañan y traicionan, por obtener un botín político y riquezas.

Hoy, mi experiencia, fuera de las olas furiosas de la política partidista, de la que aprendí que sólo los que tienen una buena “tabla de surf” (apellido o abolengo) o un buen “boogie” (padrinos), son los que llegan a la orilla, y no los babosos que, como yo, tratamos de cruzar a nado y a pata pelada; me hizo concluir que no ocupaba tanta carajada.

Hoy, me reúno a diario con diputados, autoridades de instituciones públicas, autónomas y descentralizadas o autónomas, municipales, con ministros, presidentes ejecutivos, alcaldes y regidores, HASTA EL PRESIDENTE… Ahora, hasta me hicieron, sin pedirlo y sin pelearme con nadie, parte de un Comité Ejecutivo de una Agencia para el Desarrollo, en pro de formar una Zona Económica Especial en una región del país rica, pero olvidada.

Hoy soy testigo de la buena voluntad de muchos de estos personajes, voluntad que no sale en las noticias, y que, cuando comprueban convencidos que no somos vivazos tratando de salir en “la foto”, sino ciudadanos, empresarios, cooperativistas, agricultores y profesionales, jalando para un mismo lado, por hacer realidad el único proyecto político que vale, EL DESARROLLO DE SU REGIÓN, SU CANTÓN Y SU PAÍS, se arrollan las mangas, para juntos, sacar, sin mezquindad, la tarea. Para ver el rostro de los jóvenes que estudian con animo, esperanzados en no tener que abandonar a sus familias y a su novia del cole, para hacer una vida digna y, porqué no, próspera, en su barrio de niño.

Esa si que es la política que añoraba… la que antes, hace mucho, estaba en los partidos, en los movimientos, las mentes y los corazones, de los verdaderos estadistas, de esos que ya no están más… Hoy, encontré una playa tranquila, con un mar calmo y turquesa, que me deja nadar… hacia donde las fuerzas y las ideas, me permitan…


Relacionado:
Compartir:

Una respuesta a ¿Y… ahora qué?

  1. Tomás Artiñano Ferris 11-07-2019 en 7:42 pm

    Hola Joseso
    Espero que estés bien.
    Muy bonita y valiosa tu reflexión…lo querás o no sos una pieza valiosa en el muy trasquilado PLN.
    Tomás

    Responder

Comentar en Cambio Político

Si está interesado en anunciarse en nuestro sitio u obtener más información, por favor utilizar el formulario de la sección de Contáctenos en el menú principal.