Y ahora qué…

Cuaderno de Vida

Gustavo Elizondo Fallas

Gustavo Elizondo

Luego de 18 meses de pandemia y de un gran esfuerzo de vacunación, con una amplia distribución en todo el país, con largas jornadas con la participación de trabajadores de la salud y grupos de voluntarios, ya estamos llegando a un punto donde no se justifica para la población mayor a 18 años, no contar con al menos una dosis de la vacuna. No obstante, en especial en ciertas zonas como la huetar norte y la brunca, sigue existiendo una gran cantidad de persona, que, sin tener algún impedimento médico, se niegan a colocarse la vacuna y parece que ha llegado el momento de tomar algunas medidas coercitivas, que están amparadas ahora en el fallo de la Sala Constitucional que respalda la obligatoriedad de la vacuna como un tema de seguridad en la salud del colectivo.

La primera medida está en manos del sector salud con el respaldo del artículo artículo 150 de la Ley General de Salud.- Son obligatorias la vacunación y revacunación contra las enfermedades transmisibles que el Ministerio determine. Los casos de excepción, por razón médica, serán autorizados sólo por la autoridad de salud correspondiente. Luego le corresponde al sector patronal, tanto público como privado con base al inciso h del artículo 81 del Código de Trabajo, que establece como causal de despido justo: h) Cuando el trabajador se niegue de manera manifiesta y reiterada a adoptar las medidas preventivas o a seguir los procedimientos indicados para evitar accidentes o enfermedades… Podría intervenir aquí el Ministerio de Trabajo y conceder una certificación a las empresas que logren el 100 % de inoculación, al menos de primera dosis, como orgullosamente ya lo logró la cooperativa para la que laboro.

Luego vendrían medidas que complementen el acto de vacunación, por ejemplo, obligatoriedad de presentación del carné de vacunación en lugares como cines, restaurantes, teatros, bares, estadios, tal como lo aplica Macrón en Francia, además de iniciar poco a poco la habilitación de espectáculos masivos, siempre con las tres reglas de oro: mascarilla, distanciamiento y lavado de manos sumando la obligatoriedad de estar vacunados. Se me ocurre el “Baile de los Vacunados”, el “Concierto de los Vacunados”, “el clásico (fútbol) de los vacunados”.

¿Quiénes insisten en negarse a recibir la vacuna?, respetamos su decisión, pero deben optar por aislarse, que se queden en sus casitas, sin sus vacunas, pero sin poner en peligro al resto, mi derecho termina donde empieza el del otro o donde mi libertad afecta al colectivo, es parte del Contrato Social que pregonaba Rousseau.


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