Circunloquio [*]
Los grandes movimientos sociales han tenido trayectorias distintas, pero también muchos puntos en común. se deben de analizar en tres dimensiones: éxitos, pendientes y posibilidades de convergencia, especialmente frente al avance de corrientes autoritarias, neofascistas o i-liberalistas
Yayo Vicente
El inconveniente de agrupar es que los distintos componentes terminan caminando al ritmo del más lento. Por otro lado, la colaboración, solidaridad y trabajo en equipo permiten superar dificultades y alcanzar metas que serían imposibles de lograr de manera individual, pues como reza el refrán: “la unión hace la fuerza”. Entonces a veces conviene trabajar por separado y en otras ocasiones unirse puede ser la gran solución.
Muchos logros
Es necesario destacar los éxitos relevantes del movimiento feminista: derechos políticos (extensión del sufragio femenino en casi todo el mundo durante el siglo XX); derechos laborales y educativos (acceso masivo de mujeres a universidades y posiciones políticas); legislación contra la violencia de género; movilizaciones globales como “Ni Una Menos” han visibilizado la violencia contra las mujeres.
En el movimiento obrero algunas conquistas históricas son: jornada laboral de 8 horas, derecho a sindicalización, seguridad social. Muchas de estas conquistas se originaron en luchas asociadas al Haymarket Affair de 1886, que inspiró el Día Internacional del Trabajo.
El movimiento de protección de la niñez y adolescencia consiguió la creación de estándares internacionales como la Convención sobre los Derechos del Niño de 1989 y mayor reconocimiento de derechos a educación, salud y protección contra explotación.
A su vez el ambientalismo ha conseguido crear: acuerdos globales como el Acuerdo de París sobre cambio climático; mayor conciencia pública sobre biodiversidad y contaminación, movilizaciones juveniles como “Fridays for Future”.
El bienestarismo animal, no se queda atrás, poco a poco ha incorporado a los animales no humanos a la moral humana y con eso ha conseguido: prohibiciones de algunas prácticas consideradas crueles (por ejemplo, pruebas cosméticas en animales); expansión del concepto de bienestar animal en legislación.
Pendientes o desafíos
A pesar de que cada uno de los movimientos ha logrado avances importantes, siguen existiendo anhelos por resolver.
En el movimiento feminista persisten: las brechas salariales; la violencia de género; la desigualdad en posiciones de poder.
El movimiento obrero sigue sufriendo de: precarización laboral y “gig economy”; disminución de la sindicalización, automatización y desigualdad económica creciente.
En el movimiento de niñez y adolescencia, la lucha no acaba en: trabajo infantil; desigualdad educativa; explotación digital y trata.
En el movimiento ambientalista, la pelea ni siquiera empieza: calentamiento global, pese a “acuerdos” internacionales; pérdida acelerada de biodiversidad.
En el bienestarismo animal queda un mundo por hacer en la industria pecuaria, la experimentación, animales silvestres, mascotas, transporte y un debate social sobre el estatus moral de los animales no humanos.
Amenazas comunes
Todos los avances a duras penas ganados por cada uno de los movimientos están seriamente amenazados. En el mundo y Costa Rica no es excepción, se han puesto de moda las corrientes autoritarias o ultranacionalistas —históricamente asociadas al Fascismo— y modernamente al i-liberalismo (dictadura blanda) que se caracterizan por: debilitar sindicatos, restringir derechos civiles, atacar agendas feministas o ambientales.
El mundo está cambiando de una manera que muchos interpretamos como un enorme retroceso. Existen tiempos para emprender nuevas luchas y tiempos para defender lo conseguido, esa es la dualidad estratégica que enfrentan los movimientos sociales; el equilibrio entre la expansión y la consolidación.
- TIEMPOS PARA EMPRENDER NUEVAS LUCHAS: son los momentos de apertura, crisis o cambio donde es necesario proponer nuevas metas, buscar derechos adicionales o innovar para no estancarse.
- TIEMPOS PARA DEFENDER LO CONSEGUIDO: es la etapa de resistencia y protección de los logros alcanzados ante posibles retrocesos. Implica asegurar la institucionalidad y los derechos básicos cuando estos se ven amenazados.
Cuando los regímenes fascistas o autoritarios llegaron al poder, una de sus primeras acciones fue neutralizar o controlar los movimientos sociales independientes.
Los sindicatos independientes fueron considerados una amenaza directa y se creó el sistema corporativista, donde el Estado controlaba sindicatos y asociaciones empresariales, las huelgas fueron ilegalizadas. En el Tercer Reich, los sindicatos fueron disueltos, para sustituirlos por la “German Labour Front”.
Los regímenes fascistas no aceptaron el feminismo como movimiento de igualdad. En la Alemania nazi se promovía el lema “Kinder, Küche, Kirche” (niños, cocina, iglesia); se incentivaba la maternidad con premios; muchas mujeres fueron expulsadas de ciertos empleos y universidades. El modelo en la Italia fascista era el mismo.
Con relación al ambientalismo las acciones fueron ambiguas. En la Alemania nazi se aprobaron algunas leyes tempranas de protección de la naturaleza, como la Reich Nature Protection Law, pero la protección ambiental estaba subordinada a la ideología nacionalista y era conservación nacionalista del paisaje.
Históricamente, las democracias han resistido mejor cuando varios sectores sociales se unen. Así se paró el avance del fascismo en países como Francia y España. En Estados Unidos, el movimiento liderado por Martin Luther King Jr. funcionó porque reunió: iglesias, sindicatos, estudiantes y activistas por derechos civiles. Esta coalición ayudó a aprobar leyes como la Civil Rights Act.
En países como Chile o España, la democratización ocurrió cuando se articularon: movimientos sociales, partidos políticos, sectores empresariales moderados y organizaciones internacionales.
Las coaliciones amplias que defienden la democracia suelen requerir acuerdos pragmáticos entre actores que no están totalmente de acuerdo, pero que comparten la necesidad de preservar instituciones democráticas.
¿Sería conveniente una convergencia?
Algunas de las ventajas de juntarse es conseguir mayor capacidad de movilización, coaliciones amplias pueden generar más presión política. En algunas circunstancias se desdibuja el símil de la mezcla del vinagre con el aceite. La idea —popularizada por la jurista Kimberlé Crenshaw— plantea que las desigualdades se entrecruzan (género, clase, edad, ambiente, etc.).
Las desventajas son los argumentos que nos tienen a cada uno por su lado: prioridades distintas (cada movimiento tiene objetivos específicos y temen diluirse en alianzas amplias), replicación de las victorias pasadas, mala apreciación de una nueva circunstancialidad.
Experiencias históricas de convergencia
Algunas alianzas ya han existido, como el “movimiento de justicia climática”, que enmarca el cambio climático como una cuestión de derechos humanos y justicia social, no solo ambiental, acercando ambientalismo con derechos laborales y sociales.
El llamado “ecosocialismo” o “Green New Deal”, que intenta combinar transición ecológica con justicia laboral. Coaliciones de derechos humanos que integran infancia, género y minorías.
Aterricemos este circunloquio
Los movimientos sociales han logrado cambios profundos en derechos y políticas públicas. Sus desafíos actuales son tan importantes como aquellos que se dejaron para la historia.
Una convergencia puede ser estratégica frente a amenazas autoritarias, pero requiere coordinación flexible y respeto a las agendas propias para evitar tensiones internas.
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