En un pasaje por la historia que construyó las bases de la defensa universal de la vida…
Cada vez que la justicia defiende la vida, construye esperanza…
Caryl Alonso Jiménez
Evento mundial al que fui invitado como profesor universitario de Políticas Públicas por la Federación de Cooperativas de las Verapaces (FEDECOVERA), para conocer su metodología de cadenas de valor que se traduce en modelos productivos y comerciales mundiales.
La Feria, es de las más grandes del mundo, vista con ojos de asombro, es notable allí el encuentro de optimistas por un planeta y una humanidad, que está convencida que tierra tiene una ruta futura para un mundo mejor.
Aunque la incertidumbre hoy día domine las estrategias para decisiones hacia una geopolítica donde las reglas globales se están recomponiendo… en Núremberg no parece que esté ocurriendo o proyectando una ruta de colisión en el planeta… Allá todo fue optimismo.
En Núremberg, sus calzadas, museos, bibliotecas y sus expresiones simbólicas como, “la calle de los derechos humanos”, con 27 pilares diseñado por el artista israelí, Dani Karavan, que describen en diversos idiomas la carta de los derechos humanos de ONU. Justo es la ciudad donde se entrega el Premio Mundial a los Derechos Humanos, que honra a personas y entidades.
Bajo ese manto de una excepcional carga histórica, en este breve pasaje, donde el asombro y la exposición a una arquitectura clásica y a la deslumbrante vida cultural, pareciera la ciudad ideal para encallar momentos cumbre de la vida de un profesor de políticas públicas institucionales, invitado a un debate eventualmente mundano…
Detenerse en ese café que recordaré siempre, y dedicar reflexiones desde “El infinito en un junco” (2025), de Irene Vallejo, sobre la evolución del conocimiento a través de los libros, fue un intento por explicarme la diferencia entre Núremberg y Centroamérica, ¿Qué nos hace diferentes…? Seguramente un buen consenso entre capital, política y políticos; y gobernar por políticas, como ocurre en la Alemania contemporánea. ¿Cuándo lo entenderemos…?
Aunque Anne Applebaum, en su libro, “Autocracia, SA” (2025), ayuda a explicar la diferencia en esta hermosa ciudad…. Con una tendencia en la que, Sigman y Bilinkis, en “Artificial” (2024), tengan toda la razón al confirmar que el desarrollo tecnológico comienza por capital social. Si ya lo saben, ¿Por qué retrasan el desarrollo? Los indicadores sociales son críticos.
Extasiado con la hiperbólica admiración de la ciudad, por el encanto de su muralla, sus pasajes casi secretos, en la que la advertencia es vivir intensamente la sensación esos momentos extenuantes de la vida. La ciudad es un museo de extremada belleza y alta arquitectura, donde a pesar de ese excepcional atractivo no da lugar al “síndrome de Stendhal”, ese mal que produce alteraciones por tanta belleza, como me ocurrió al ver Praga.
Pero no fue así siempre Núremberg. Allí fue la síntesis de la historia de la justicia. Que nos recuerda cómo la violencia construida sobre las razones del poder, tutelada por el mal y apoyada por el Estado, quedó retratada en el tiempo como los momentos más vergonzoso de la historia de la humanidad en el siglo XX.
En esa ciudad en 1945 fue escenario de una de las más dramáticas etapas de la justicia internacional, los llamados “Juicios de Núremberg”. Llevados a cabo en el Palacio de Justicia, en la sala 600. Que construyó los cimientos de las responsabilidades Estatales sobre los crímenes cometidos en tiempo de guerra.
No cabe duda, la historia siempre tiene esas misteriosas maneras de explicar acontecimientos que dejan las marcas imborrables del tiempo. Entonces, Núremberg no es solamente la ciudad de las ferias mundiales, es la ciudad de la historia universal de la justicia…
Allí está el recordatorio que todo acontecimiento que impacte la humanidad, tendrá su carrera contra al tiempo y, para que no lo olviden, serán alcanzados para recordarnos que lo que importa es la vida. Aunque para ello se tenga que aplicar medidas que hagan recordar de manera ejemplar ese alcance en las condenas de esos juicios.
Hannah Arendt (1906-1975), en aquella expresión que recoge la contundencia de la interpretación filosófica de la justicia, y particularmente en el juicio a Adolf Eichmann (1906-1962) en Jerusalén en 1961, expresó la frase, “la banalidad del mal”, que significa que aquello que hacen parecer cotidiano desde la reglas, la burocracia o las órdenes… haciéndolos parecer normal, siempre serán un acto de maldad. Es allí cuando la injusticia se vuelve normal.
Encontrar las razones que justifican la vida no deja espacio para divagaciones administrativas, guerreristas, burocráticas, comerciales… la existencia es el resultado de un mundo donde la vida y su pleno desarrollo es ya su principal razón.
Pero, ¿Realmente se ha entendido a lo largo de la historia de la humanidad las razones de la existencia de la vida? La realidad hasta ahora no lo niega, más allá de las cumbres mundiales, las conferencias planetarias, declaraciones globales. Pero sinceramente, ¿De qué han servido?
Los extraordinarios debates de los elevados juristas mundiales que declaran la vida como la primera prioridad del planeta, y sobre todo, la extraordinaria lectura diaria del libro más publicado a lo largo de la historia de los veintiún siglos transcurridos hasta ahora en la era cristiana: La Biblia. Aun así, la eliminación de la vida continúa minuto a minuto…
Esa tarde en el café, a punto de finalizar la breve estancia académica, recuerdo aquel versículo bíblico, 1 Juan 4:20, “Quien ama a Dios y odia a su hermano es un mentiroso…”. Me pregunto ingenuamente, ¿Seguirán mintiéndose… y por cuánto tiempo más…?
Núremberg es un encuentro con el sentido y espíritu de la justicia contemporánea, la que en cada decisión o resolución, afirma las razones de la vida. Pero de verdad, ¿se habrá entendido el mensaje…?
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