La Patrulla Internacional de Bares
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Misión: Sojourn Coffee Dónde: McCloud, Norte de California (ver mapa) |
La historia de McCloud es la historia de una «company town«, un pueblo construido de la nada por una empresa maderera. Fue en 1895 cuando George W. Scott y William VanArsdale establecieron la McCloud River Lumber Company y con ella el pueblo que llevaría el nombre de Alexander Roderick McLeod, un trampero de la Hudson Bay Company que exploró el valle en 1829. Durante más de seis décadas, la compañía fue conocida cariñosamente como «Mother McCloud«. Un residente de tercera generación lo recordaba así: «Todo era propiedad de la compañía. Cuando una llave goteaba o se quemaba un foco, llamabas a Mother McCloud y enviaban una cuadrilla a arreglarlo».
La compañía construyó viviendas idénticas para los trabajadores, un teatro, un banco, un hospital y el histórico e imponente Mercantile Building de troncos que aún hoy se alza en Main Street con su acera rústica de tablones. Pero detrás de esa fachada paternalista había condiciones brutales: jornadas de 10 a 12 horas, seis días a la semana, con maquinaria peligrosa y discriminación hacia los trabajadores italianos que componían la mayoría de la fuerza laboral y ganaban menos que sus compañeros estadounidenses.
En 1963, U.S. Plywood compró la operación y dos años después transfirió las propiedades a los residentes, iniciando la transición hacia la privatización. El molino cerró definitivamente en 1979, aunque P&M Cedar Products lo reabrió brevemente hasta 2002. Pero McCloud no se resignó a desaparecer. Sus habitantes preservaron el carácter de su pueblo, renovaron las antiguas casas de la compañía y convirtieron el patrimonio industrial en un destino turístico. Hoy, el centro histórico está registrado como distrito nacional, y el tren de la compañía, sobrevivió como el Shasta Sunset Dinner Train, llevando visitantes por las laderas del volcán mientras disfrutaban de una cena de lujo en coches restaurados de 1916, aunque la crisis económica del 2008 hizo que tuviera que cerrar definitivamente a inicios del 2010.
Es en este rincón del norte de California, donde el tiempo parece moverse más lento y el Monte Shasta vigila desde las alturas, se encuentra Sojourn Coffee un café donde se puede consumir cerveza y vino, que encarna a la perfección el espíritu acogedor y comunitario de este antiguo pueblo maderero que resultó perfecto para hacer un a patrulla. Es un local modesto sin grandes pretensiones arquitectónicas en la esquina de Quincy Avenue, a pocos pasos del Mercantile Building. Con una calidez que se siente desde el momento en que se cruza la puerta, la descripción que dan de sí mismos es simple pero reveladora: «un acogedor café y mini-boutique en la base del Monte Shasta». Y eso es exactamente lo que ofrecen, un lugar para detenerse, recuperar el aliento y disfrutar del ritual de una buena taza de café o cerveza en un ambiente que invita a quedarse.
El nombre «Sojourn» —que podría traducirse como «estancia» o «permanencia temporal»— no podría ser más apropiado para un lugar que sirve de refugio a viajeros que recorren las carreteras del norte de California, pero también como punto de encuentro para los lugareños que han hecho de este café su lugar de reunión favorito. Abren al mediodía y cierran a las 9 p.m. todos los días. Es un lugar sencillo, pero como bien saben los que han recorrido carreteras, los mejores lugares no son los más grandes ni los más ostentosos, sino aquellos donde cada detalle está cuidado con atención.
Lo que ofrecen es, en apariencia, sencillo: café de especialidad. Sojourn Coffee se enorgullece de ofrecer lo que en el mundo del café se conoce como «third wave coffee«: café de especialidad, tostado con precisión y preparado con método. Para los amantes del tueste ligero, tienen café de TK Coffee Roasters; para quienes prefieren un tueste medio, recurren a Mt. Whitney Coffee Roasters. Pero además de los clásicos expresos y filtrados, el menú incluye opciones más atrevidas: Mexican mocha, lattes de mantequilla de maní, boba tea, y en temporada, sidra caliente con caramelo.
La repostería merece capítulo aparte. Los clientes hablan maravillas de los scones —el de manzana y toffee es una leyenda local—, las galletas extra grandes y los pastelillos salados horneados en hojaldre. Para quienes buscan opciones más sustanciosas, ofrecen burritos para el desayuno, frittatas, quiches y, ocasionalmente, un «Mystic Bowl» con col, aguacate, pollo y un aderezo asiático que ha ganado sus propios adeptos. Y para acompañar, además del café, hay cerveza y vino, perfectos para quienes prefieren una pausa de otro estilo, que por supuesto es nuestro estilo, y por eso ordenamos la Farmers Light, una cerveza clara suave, que nos supo a gloria después de varias horas de carretera.
McCloud no es una ciudad que se visite de paso; es un destino que se elige. Quienes llegan hasta aquí buscan la paz de las cascadas del río McCloud, la majestuosidad del Monte Shasta, la historia viva de un pueblo maderero que sobrevivió al cierre de su industria. Y en medio de esa búsqueda, Sojourn Coffee ofrece algo que pocos lugares pueden igualar: autenticidad.
No es una cadena con menús estandarizados ni decorados diseñados por oficinas de marketing. Es un café de verdad, dirigido por gente que conoce a sus clientes, que hornea sus propios pasteles cada mañana, que prepara cada taza con cuidado. Es el tipo de lugar donde uno puede sentarse en la pequeña terraza, observar el ir y venir de la calle Quincy, y sentir que, por un momento, forma parte de la comunidad.
La tienda de artículos globales «One Heart Global» ocupa un rincón del local, ofreciendo productos hechos a mano y de comercio justo. Al lado, la tienda de equipo para actividades al aire libre, McCloud Outdoors & Gear Exchange, completa la experiencia para quienes buscan equiparse antes de una excursión. Es un conjunto que funciona: café, compras, preparación para la aventura.
Para quienes recorren el norte de California —ya sea hacia Oregón, o vienen del Parque Nacional Volcánico Lassen, o simplemente explorando las estribaciones del Shasta—, Sojourn Coffee merece ser una parada obligada. No solo por el café, que es excelente o sus cervezas, ni por los pasteles, que son memorables. Sino por lo que representa, un pedazo de la vieja McCloud, adaptado a los tiempos modernos sin perder su alma, esperando con la puerta abierta a quien necesite un descanso en el camino.
Si alguna vez pasan por McCloud, busquen Quincy Avenue. El letrero de Sojourn Coffee los espera con un scone recién horneado y una taza de Mexican mocha. Y si tienen suerte, quizás encuentren un pastelillo de mano recién horneado, como los que hacían las abuelas.
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