Bazar digital
“¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” — Philip K. Dick
Carlos Revilla Maroto
El ejercicio consistió en recrear los personajes de Alicia en el país de las maravillas bajo una estética de fantasía oscura y gran detalle. Sin embargo, lo que empezó como un simple experimento visual terminó convirtiéndose en una reflexión sobre la naturaleza de la creación y esa característica tan humana —y tan propia de Charles Dodgson— que solo podemos definir con una palabra: la tequiosidad.
Dodgson, el matemático detrás del seudónimo, era un hombre de una minuciosidad exasperante. Sus ilustradores, empezando por el gran Sir John Tenniel, sufrían sus cartas kilométricas donde cuestionaba desde el ángulo de una sombra hasta el número de botones en un chaleco. Para Carroll, el sinsentido no era caos; era una estructura lógica perfecta que no admitía errores.
Al enfrentar a la IA a este desafío, me encontré con un “colaborador” que, aunque capaz de generar imágenes asombrosas en segundos, padece de una curiosa “ansiedad” algorítmica. En un punto de la charla, el sistema se bloqueó por un exceso de celo: sus filtros de seguridad confundieron el surrealismo carrolliano con algo perturbador. Es aquí donde la tecnología se encuentra con Philip K. Dick, ese gena escritor de ciencia ficción.
Si en la película Blade Runner nos preguntábamos si los androides soñaban con ovejas eléctricas, hoy vemos que las máquinas parecen estar soñando con conejos blancos. Pero son sueños fragmentados. La IA accede a nuestra memoria colectiva —a los miles de ilustraciones que habitan la red— para construir algo nuevo, pero carece de la “tequiosidad” de Dodgson. No entiende por qué un reloj debe tener doce horas o por qué un personaje no puede tener seis dedos; para la máquina, la estética manda sobre la lógica.
Lo que ven en las ilustraciones que acompañan esta columna es el resultado de un diálogo. No es la obra de una máquina solitaria, sino el producto de una curaduría humana que corrige, que recuerda que ciertos personajes pertenecen a otro libro y que exige que la Reina de Corazones conserve su furia real.
Al final, este “Bazar Digital” de hoy nos deja una lección: la IA es un espejo fascinante, pero todavía necesita de un observador “tequioso” que le dé sentido al sueño. Carroll, con su reloj de bolsillo y su obsesión por el detalle, probablemente habría pasado horas señalando los fallos del algoritmo, pero estoy seguro de que, como fotógrafo pionero que fue, se habría maravillado al ver cómo sus criaturas ahora cobran vida en un mundo de silicio y luz.
La galería de los personajes creados por la IA (en este caso Nano Banana de Google), resultó fascinante. Le pedí todos los personajes de los dos libros de Alicia, tanto los principales como los secundarios.
Califique esta columna:
Anexos
Galería de una realidad algorítmica
Notas sobre la interpretación visual de algunos de los personajes de Carroll.
1. La Oruga Azul (The Caterpillar)
Representada en su estado de absoluta indiferencia filosófica. La ilustración captura la densa atmósfera de humo y la mirada inquisitiva que precede a su famosa pregunta: «¿Quién eres tú?». Se buscó un realismo que resaltara la textura quitinosa en contraste con la suavidad del hongo.
2. La Duquesa y el Bebé-Cerdo
Una de las escenas más grotescas y caóticas del libro. El desafío aquí fue equilibrar la fealdad cómica del personaje con la atmósfera cargada de pimienta de su cocina. La metamorfosis inminente del bebé se insinúa en sus rasgos, capturando el surrealismo oscuro de la obra.
3. La Tortuga Falsa y el Grifo
Personajes definidos por la melancolía y el sinsentido. La Tortuga Falsa se presenta con su característica tristeza perenne (lágrimas incluidas), mientras que el Grifo aporta la solidez de una criatura mitológica que parece sacada de un bestiario medieval reinterpretado.
4. La Reina de Corazones
La encarnación de la furia arbitraria. Su diseño se aleja de la caricatura para mostrar a una monarca cuya autoridad emana del terror. Los detalles de su vestimenta mezclan la heráldica de los naipes con una elegancia imperial amenazante.
5. El Gato de Cheshire
Más que un animal, una presencia. La ilustración se enfoca en su capacidad de desvanecerse, dejando solo esa sonrisa icónica y luminosa que parece flotar en una penumbra cargada de magia y peligro.
6. El Sombrerero Loco y la Liebre de Marzo
El «té de las cinco» como un ritual de locura estancada en el tiempo. Se enfatizó la mirada errática del Sombrerero y la tequiosidad de los detalles: tazas rotas, engranajes y la omnipresencia de relojes que no marcan la hora, sino el destino.
7. El Conejo Blanco (Versión Final)
Nuestra pieza de cierre. El heraldo del País de las Maravillas, reinterpretado bajo una estética cyberpunk que une la obsesión de Dodgson por el tiempo con la visión tecnológica de Philip K. Dick. Sus ojos rojos y su reloj digital son el puente definitivo entre dos siglos.
Habitantes del País de las Maravillas (Libro 1)
Los motores del relato
Alicia: La niña que cae por la madriguera, cuya lógica infantil e inglesa choca con el sinsentido del lugar.
El Conejo Blanco: El heraldo de la Reina. Su reloj de bolsillo y su pánico a llegar tarde inician toda la aventura.
La Oruga (Absolem): Sentada sobre una seta gigante fumando su narguile. Es quien cuestiona la identidad de Alicia y le enseña las propiedades de la seta.
El Gato de Cheshire: El filósofo sonriente que puede desaparecer a voluntad. Es el único que le explica a Alicia que, básicamente, todos allí están locos.
La merienda eterna
El Sombrerero: Un personaje condenado a vivir siempre a la hora del té (las seis de la tarde) debido a una pelea con el Tiempo.
La Liebre de Marzo: La compañera de merienda del Sombrerero, igual de trastornada que él.
El Lirón: Vive en la tetera y siempre está luchando por mantenerse despierto mientras cuenta historias incoherentes.
La corte de naipes
La Reina de Corazones: La implacable monarca que juega croquet con flamencos y erizos. Su única política es la ejecución.
El Rey de Corazones: Una figura mucho más suave que, en secreto, perdona a los sentenciados por la Reina cuando ella no mira.
La Sota de Corazones: Acusada de robar las tartas de la Reina, lo que da lugar al juicio final del libro.
Los olvidados del mar
El Grifo: Una criatura mitológica enviada por la Reina para escoltar a Alicia.
La Falsa Tortuga: Un personaje profundamente melancólico que llora mientras recuerda sus días en la escuela del mar (donde aprendió «Dibujo, Deseo y Desmayo»).
El ratón y las aves: Los personajes que Alicia encuentra al principio en el «Charco de Lágrimas», incluyendo al Dodo, que organiza la Carrera en Comité donde todos ganan.
Los habitantes del Espejo (Libro 2)
Los motores del tablero
Alicia: Ya no cae; cruza el cristal. Como Peón de la Reina Blanca, su meta es cruzar las ocho casillas del tablero para coronarse reina.
La Reina Roja: La disciplina encarnada. Le enseña a Alicia que para quedarse en el mismo sitio hay que correr a toda velocidad.
La Reina Blanca: Vive el tiempo al revés. Grita de dolor antes de pincharse el dedo y recuerda el futuro.
Los maestros de la palabra y el absurdo
Humpty Dumpty: El huevo filósofo. Dueño absoluto del lenguaje, decide el significado de las palabras a su antojo.
Tweedledum y Tweedledee: Gemelos de lógica circular. Obligan a Alicia a escuchar el poema de «La Morsa y el Carpintero».
El Caballero Blanco: El inventor melancólico y torpe. Es el alter ego de Carroll despidiéndose de Alicia. Tenniel lo ilustró para la portada definitiva, reemplazando al temible Jabberwocky.
Criaturas y leyendas
El Jabberwocky (Galimatazo): La bestia más feroz. Su ilustración original era tan aterradora que Carroll, por consejo de unas damas de sociedad, decidió no ponerla en la portada para no asustar a los niños.
El León y el Unicornio: Eternos rivales por la corona del Rey Blanco. Ven en Alicia a una criatura «fabulosa» y extraña.
La Oveja: Una tendera (la Reina Blanca transformada) cuya tienda es un laberinto de objetos que desaparecen cuando intentas mirarlos fijamente.
El habitante exiliado
La Avispa con Peluca (The Wasp in a Wig): El personaje del «capítulo perdido». Tenniel se negó a dibujarlo alegando que era imposible hacerlo estético, lo que provocó que Carroll eliminara el pasaje. Es una avispa vieja y quejumbrosa que lamenta su calvicie, representando la vejez y la decadencia que Alicia aún no comprende.
Cambio Político Opinión, análisis y noticias
















