Subasta de frecuencias

Condena de muerte contra medios pequeños

Luis Paulino Vargas Solís

Luis Paulino Vargas

¿Se acuerdan cuando Rodrigo Chaves hablaba de “democratizar la pauta publicitaria estatal para promover la democratización de los medios de comunicación”?

En realidad, aquello solo era un atajo poco ingenioso para tratar de encubrir las verdaderas intenciones: usar la publicidad estatal para chantajear, extorsionar e intimidar a los medios críticos y premiar a los medios sumisos y agachados.

La exministra Patricia Navarro contribuyó, como nadie, y con inigualable coraje, a desnudar la mentira. En su libro “Las máscaras del presidente” lo ilustra con devastadora claridad.

El asunto de la subasta de las frecuencias de radio y televisión viene a ser una confirmación de la falsedad del discurso del presidente. Una confirmación que se expresa con la habitual maldad que caracteriza todas las decisiones de este gobierno.

Para que nos quede claro, les propongo una somera revisión de los precios fijados por Rodrigo Chaves para esa subasta:

  1. RADIO FM (200 kHz): desde ₡11.150.000 (alcance solo en Región Brunca) hasta ₡96.526.000 para las emisoras de alcance nacional.
  2. RADIO FM (400 kHz): desde ₡18.945.000 (solo Pacífico Central) hasta ₡193.051.000 (alcance nacional).
  3. RADIO AM: desde ₡4.826.500 (10 kHz) hasta ₡14.480.000 (30 kHz).
  4. TELEVISIÓN (6 MHz): desde ₡78.815.000 (alcance solo región Chorotega) hasta ₡800.893.000 (alcance nacional).

Para las pequeñas empresas radiofónicas y televisivas esto es prohibitivo. De ahí que muchas radioemisoras estén anunciando que saldrán del aire. Ello incluye nombres de gran tradición que, en sí mismas, son toda una institución cultural, por su enorme arraigo popular y el cariño que la gente de pie les tiene, como son los casos de Sinfonola, Musical o Fides.

Y sabiendo uno el poder distorsionador de la propaganda chavista, bueno es advertirlo: es cierto que, históricamente, se han pagado cánones muy bajos, incluso ridículos, por las frecuencias. Pero eso no justifica brincar, de un solo empujón, al otro extremo y diseñar las cosas con tan mala intención y de forma tan desalmada.

No se está corrigiendo un problema: se está destruyendo todo un legado cultural y se está facilitando que la concentración de la propiedad de los medios se incremente sustancialmente.

Esos precios desorbitados solo provocan una incomodidad, relativamente tolerable, a los grandes consorcios como Teletica y Repretel. Ambos cuentan con el respaldo de poderosos capitales extranjeros, lo que les permite sortear el golpe. Pero, incluso así, no se puede descartar que veamos aparecer una mano peluda (la de Chaves, no podría ser otra) dispuesta a intervenir para retorcer las reglas y sacar del campo de juego a esas empresas televisivas, sobre todo Teletica, a la que Chaves odia con odio fétido y oscuro.

¿Qué pretende Chaves con esto?

Si pensamos mal, seguramente acertaremos. O sea, es posible que por ahí esté agazapada gente platuda que tiene una muy cercana y cordial relación con el presidente.

Incluyendo los capitales del narco, a cuyo favor, como bien se sabe, el gobierno de Chaves ha tejido una primorosa red de cuido.

Economista jubilado

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