Conversaciones con mis nietos
«El tiempo es una ficción que creamos mientras descubrimos qué es la vida.»
–Don Temixtoclea
Arsenio Rodríguez

A nosotros nos gusta, contar, opinar, fragmentar y hacer que nuestras opiniones y egos prevalezcan. Nacemos, vivimos y morimos. Y contamos el tiempo del paso, con respecto a la salida del sol, o sea a las piruetas de la tierra. Le llamamos un día. Y a la vueltecita de la Tierra al sol que ocurre en 365 días le llamamos año. Y los años pasan. Todos los años. Y los contamos, y nos damos cuenta de que el tiempo pasa, que las cosas cambian, que los cuerpos envejecen. Y nos deseamos un nuevo y feliz año. Como si fuese el año el portador de nuestra infelicidad o felicidad.
En un universo mágico, de proporciones incomprensibles, de maravillosos procesos interconectados, de energías, de pensamiento, de música, de misterios. Y de algo que todos buscamos que le llamamos amor y paz.
Todo el cosmos parece estar conectado íntimamente, desde partículas subatómicas, energías, evolución de la vida. Y sabemos que aquí estamos cada uno observando este misterio de ser, cada uno opinando esto y aquello sobre lo que es, como gotas de un Océano salpicadas en olas que momentáneamente se separan de ese Océano por burbujas de nada.
Y vaya importancia que nos damos cada una de esas gotas, en términos de preponderar, de opinar, sobre todo, y de fragmentarlo todo, para suplir nuestras ego-gotas a como de lugar, incluyendo empujar o hasta eliminar otras gotas. O pensarnos mejores gotas que las otras, pero siempre separadas de las otras. Y como gotas negamos la unicidad del universo, de sus íntimos procesos de vida, y del continuo de ser.
Cada día tenemos esta visión de abrir los ojos a mañanas ordinarias que son en realidad extraordinarias. La luz fluye, pintando imágenes del exterior, y el universo grandioso está ahí. La música cae en cascada, bajando por cavernas y laberintos interiores, y suenan nuestras mentes. Despertando el polvo de la memoria, los fantasmas del pasado, los sueños del futuro.
La propiocepción define los límites de la forma, los límites sensoriales del tacto. Brisas y temperaturas se alternan, acariciando las texturas de la envoltura sensual. Las partículas del universo distorsionan juguetonamente los espacios tridimensionales, dentro de la lengua y la nariz. Luego los sabores y aromas contribuyen a la interpretación de que esto está contenido en nuestra aparición.
Pero hoy, simplemente viendo otro año pasar, me recuesto y todo descansa en el alma. La quietud amanece, mientras el milagro matutino de las cosas aparece en escena. El tiempo se derrite como en un reloj de Dalí, congelado al instante. La consciencia simplemente está ahí, ni siquiera consciente de sí misma. Todo parece suspendido, adornado, flotando, flotando como una hoja en algún otoño remoto. Paralizado, pero en un movimiento interminable, desplegándose en un absoluto inmutable, simplemente percibiendo el potencial del potencial.
Existiendo por un instante en algún lugar donde se podrían proyectar películas interminables, explorando todas las posibilidades, soñando todos los sueños, logrando todas las realizaciones dentro del vientre de la expresión. Contenida como un capricho, si fuera necesario.
En estos días celebramos otro ciclo más de nuestro viaje alrededor del sol, que ofrecen una nueva cadena de momentos para vivir y compartir. Ojalá que el nuevo año nos sirva:
- Para hacernos más conscientes del pasar del tiempo, y reconocer las bendiciones que recibimos en los momentos de amor, y que seamos capaces de perdonarnos a nosotros mismos y a los demás por los momentos de egoísmo, que nos imponemos los unos a los otros.
- Para desarrollar la sabiduría con el pasar del tiempo, como el vino de reserva desarrolla su añejamiento.
- Para reflexionar sobre el milagro de la vida, y aprender a amar más y más, y todavía aún más.
- Para asombrarnos, ante la maravilla de los procesos del universo que nos construyen y mantienen, y ante las fuerzas interiores del espíritu, que nos inspiran a ser cada vez más humildes.
- Para llevar a cabo más acciones para que otros sean felices, y perdonar a los demás y a nosotros mismos, olvidando ofensas recibidas y recordando el amor que nos rodea.
¡Que el 2026 despierte nuestros corazones al amor verdadero!
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