Oda a la lluvia tropical

Crónicas interculturales

Por Remy Leroux Monet

Remy Leroux

Hay lluvia hay lluvia.

Hay la lluvia gris y fría de los otoños e inviernos de Londres, Estocolmo, Flandes, Galicia.

Y hay la lluvia tropical.

En los “Países del Norte”, que generan la gran mayoría de los turistas extranjeros que visitan Costa Rica, la lluvia es sinónimo de tristeza, de ensimismamiento, de muerte.

En un país tropical moderado, como es Tiquicia, por lo menos cuando el cambio climático no lo afecta demasiado, es todo lo contrario. La lluvia es alegría, regocijo. Es Vida. Aquí, sin lluvia, no hay vida.

Algún mercadólogo costarricense genial y culto bautizó hace algunos años el período cuando llueve con más frecuencia la “Temporada Verde”, intentando borrar la expresión popular de “invierno”, dramáticamente errónea y engañosa para el resto del planeta. Además, como solía corresponder a los meses cuando Costa Rica recibía menos turistas del Norte, el llamado invierno para colmo de desgracia es también calificado de “temporada baja”…

¿Qué clase de invierno es ése?

Unas mañanas ampliamente soleadas, con la más intensa luminosidad de todo el día, como desde las 6 de la mañana.

Un par de horas con lluvia sorpresiva y fuerte.

Unas tardes vibrantes.

Unos atardeceres que sólo los dioses podrían haber elaborado para los turistas del Norte, con celajes de una belleza fuera de lo común, sobre todo en las costas del Pacífico, las que precisamente dan al ponente. Escuchen la canción “Pampa” de Jesús Bonilla y Aníbal Rení: “Luego viene la tarde divina y el contorno se mira sangrar”.

Unas misteriosas noches estrelladas para los poetas y las parejas enamoradas, “que embriagan de amor” (otra canción, “Luna Liberiana”, una más de Jesús Bonilla).

En esta temporada verde, a veces, uno más bien desea que llueva, debido a cierto bochorno que invade la atmósfera. Las gotas entonces son como una liberación, una recompensa, un alivio. Y esas gotas nos parecen calientes. ¡Ni qué decir de la reacción de la Naturaleza – tanto flora como fauna – a la venida de las lluvias después de varios meses sin una gota! La sabia vuelve a irrigar los árboles, los ríos vuelven a hincharse de placer, todos los verdes de la Creación vuelven a emerger para completar la paleta del Gran Pintor del Universo.

Para los del Norte, en realidad, la llamada temporada verde es como una primavera permanente.

Los pájaros vuelven a cantar y silbar. De agradecimiento.

Y si me permiten tomar un poco de altura: por dicha que llueve, para las necesidades de la agricultura.

Total: las lluvias en América Central son una bendición de Dios. ¡Que las aprovechen sus clientes, sus huéspedes!

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Remy Leroux Monet, ciudadano francés, visitó por primera vez Costa Rica en 1978, y desde entonces no se ha separado nunca de nuestro país. En 1993 migró definitivamente. Siendo un atento observador de su entorno, tiene por afición resaltar diferencias entre sus dos países, el de nacimiento y el de adopción.


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