Línea Internacional
Guadi Calvo
Quizás hayan sido necesarios los sacrificios de la señora Renee Good y del señor Alex Pretti, para que esos trece disparos con los que los ejecutaron resonaran con fuerza en el Salón Oval de la Casa Blanca, para que Donald Trump escuchara el mensaje: “No es el momento”.
Sin bien, más allá de su gigantesca boca, su egolatría patológica y las toneladas de pintura azafrán vertidas en su rala cabellera, Trump no es ningún estúpido. Esto no quita que no continúe siendo un perverso crónico, un psicópata de manual, sin una gota de humanidad en su avinagrada sangre.
Según informes médicos, su lóbulo frontal estaría algo o mucho faisandé. Allí, según la IA, habitan las: “funciones cognitivas superiores, como la planificación, la toma de decisiones, la memoria, el lenguaje, el control motor voluntario, la personalidad, la atención y la regulación emocional, integrada a la información para organizar respuestas conscientes y controlando el comportamiento social y los impulsos”. No es necesario ser médico para acordar con el diagnóstico.
Así todo, él, o la crápula de funcionarios que lo acompañan, han entendido que, para no inducir a los Estados Unidos a un baño de sangre que podría incluso derivar en la disgregación, era urgente, era obligatorio alivianar el discurso de apoyo irrestricto a las hordas nazis que la Casa Blanca había largado al campo a cazar cualquier cosa que no sea estrictamente WASP (White, Anglo-Saxon and Protestant).
El llamado telefónico de Trump al gobernador del Estado de Minnesota, Tim Walz, y su resultado, fue una clara muestra de la intención del gobierno federal de desescalar la crisis. Más cuando Walz, había anunciado que estaba dispuesto a disponer de la Guardia Nacional, en este caso para enfrentar a las partidas enviadas desde Washington los ICE, responsables del asesinato de la señora Good, y de las Border Patrol, quienes utilizaron diez disparos, para mataron al señor Pretti, que ya había sido desarmado de pistola de la era legitimo usuario y del teléfonos con el que estaba registrando la paliza que los Sturmabteilung enviados por Trump, les estaban dando a dos mujeres mayores y obviamente indefensas, por el crimen de haber protestado por el acosos de que estas S.A. estaba practicando contra personas que no estaba cometiendo ningún acto ilícito.
El anuncio de Walz es parte de las prerrogativas que tienen los gobernadores de la Unión, por las que, según especifica el Title 32 de la constitución americana, bajo situaciones como “disturbios civiles graves o situaciones de seguridad pública que superen la capacidad de la policía local”, pueden convocar a la Guardia Nacional, sin necesidad de autorización presidencial.
Según lo informado tras la comunicación Walz-Trump, se habría acordado el retiro parcial de las tropas federales y, en cambio, en la jefatura del ICE, que hasta ahora había estado a cargo de Gregory Bovino, un descendiente de italianos, con varias causas por exceso en sus atribuciones, según se lo ve disfrazado, cosplayer del Tercer Reich. Al que además el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) les prohibió el acceso a sus redes sociales, para que no pueda borrar sus publicaciones acerca de sus proezas.
En reemplazo del Bovino, Trump anunció la llegada de otro “duro”, aunque con más manejo político y experiencia: Tom Homan, conocido como el zar de la frontera, para asumir el control de las operaciones del ICE.
La sonora marcha atrás de Trump ha puesto una vez más en discusión la fuerza con que sostiene sus convicciones. Cuestión de la que sus opositores no dudan y algunos de sus seguidores también lo han comenzado a hacer.
La retahíla de las decisiones inconclusas a lo largo de todo el 2025, desde el anuncio del aumento de aranceles, la salida de la OTAN, la toma de Groenlandia, por las “buenas o por las malas”, anexionar a Canadá como un estado más de la Unión, resolver la guerra en Ucrania antes de su asunción como presidente, el veinte de enero de 2025, y ahí continúa. La resolución del genocidio en Palestina, aunque sí es cierto, tal como lo acaba de presentar su yerno, el sionista Jared Kushner, la concreción del plan para convertir a Gaza en un remedo de la Riviera francesa, intervenir en México, Colombia y Brasil, llegado el caso, y otras boutades por el estilo, comenzó a ser llamado por un apelativo que odia: “TACO”, el acróstico de «Trump Always Chickens Out» (Trump siempre se acobarda), que si bien se comenzó a utilizar en mayo pasado, se afianzó luego del stand-up de Davos, desde donde, desbordado, con su lóbulo frontal destruido, amenazó a prácticamente el universo entero.
Un lugar llamado vergüenza
Con la llegada de Donald Trump otra vez a la presidencia en enero del año, rápidamente activó a las ICE, para que lo ayuden a cumplir con su promesa de deportar a unos once millones de inmigrantes ilegales, al costo que sea, incluso matando, capturando menores y violando cualquier tipo de derecho.
El 2025 fue el año más letal de estas patrullas, desde su fundación en 2002.
Para la organización de estas expulsiones, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) se ha armado de algunos campos de concentración que se han extendido a lo largo de todo el país. Donde todas las normas son violadas y el derecho es un viejo recuerdo, prácticamente como sucedía en los agujeros negros que durante la Guerra Global Contra el Terror de George Bush (h) había sembrado alrededor del mundo, generalmente fuera de los Estados Unidos, para evadir cualquier responsabilidad legal. De los que el más conocido es, o sigue siendo, la prisión de Guantánamo (Cuba).
Fuera de la vista de la opinión pública, en estos campos se desprecia, se intimida, se tortura, por lo menos psicológicamente, para reducir a escombros la voluntad y el amor propio de las personas, antes de ser finalmente derivados o bien a las prisiones de Bukele en El Salvador, a sus países de origen e incluso se habla de lugares como Liberia, Senegal, Mauritania, Gabón y Guinea-Bisáu, con lo que Trump estaría negociando para deportar indeseables.
En noviembre pasado se informó que el DHS estaba viendo la posibilidad de activar grandes barracas industriales, preferentemente localizadas en áreas rurales, con acceso rápido a aeropuertos internacionales y terminales de ómnibus, para agilizar el proceso de deportación masiva. Al que la Secretaria de Seguridad Nacional. Kristi Noem definió como: “uno de los períodos de acción y reforma más importantes en la historia estadounidense”.
Después de que, gracias a la ley promulgada por el presidente en mayo del 2025, conocida cariñosamente como Big Beautiful Bill, se le asignara al ICE cuarenta y cinco mil millones de dólares adicionales para levantar nuevos centros de detención de inmigrantes hasta 2029, lo que significa un sesenta y dos por ciento, más del presupuesto total para el sistema penitenciario federal.
Algunos de los galpones considerados claramente han sido diseñados para almacenamiento de mercaderías o maquinarias; con unos setenta y cinco mil metros cuadrados, pueden alojar muchos más detenidos que cualquier centro de detención existente. Se estima que cada uno de ellos podría albergar entre cinco y diez mil personas. Más allá de que no han sido diseñados para el amontonamiento de personas, carentes de ventilación suficiente, espacio, baños, duchas y, por lo general, ubicados en sitios de gran amplitud térmica, por lo que podrían ser extremadamente fríos y extremadamente calurosos, muy difíciles de acondicionar para la sobrevivencia humana.
En las últimas semanas, se conoció que se estaba considerando la construcción de almacenes en Maryland, Texas, Florida y el valle del Hudson de Nueva York; sin duda, en estas áreas entrarán en litigio con las autoridades locales, para lo que se estima que simplemente se ignoren las leyes locales de zonificación y del uso de la tierra.
Todo esto sin saber todavía cuánto tiempo podrá demorarse el proceso de deportación, por lo que, según cada caso, los antecedentes, los prontuarios, el proceso puede llevar meses y hasta algunos años.
Todd Lyons, director interino del ICE, desde marzo último definió a este proceso de “almacenamiento y envío” como un Amazon de seres humanos.
La directiva del ICE comprende muy bien que el proceso, en el que el confinamiento, la negligencia, el abuso y la explotación son inevitables. Y por lo que cuanto más tiempo demore, más son las posibilidades de estallidos de motines, lo mejor es una administración eficiente, que asegure la rotación rápida de la “mercadería”.
Para la concreción de este tipo de operaciones, si bien ya algunas están en marcha en la administración Trump, tendrá que evaluar cuándo le conviene seguir profundizando la grieta en lo que hasta ahora parece un ensayo fallido.
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