Los perros que salvaron cientos de vidas (La Gran Carrera de la Misericordia)

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Carlos Revilla M.

Carlos Revilla

Estando en el puerto de Seward (ver mi crónica “Península de Kenai: Donde la naturaleza y el paisaje gobiernan en Alaska”, conocí la llamada Mile 0 (el inicio) de una famosa ruta de trineos con perros llamada Iditarod (la expresión significa ‘Lugar Lejano’ en la lengua de los nativos de Alaska), lo que llamó mi atención, así que decidí a investigar poco sobre ese camino. Las referencias que encontré son a una carrera de trineos con perros con ese nombre, que es una competición anual de larga distancia que comienza a principios de marzo desde Anchorage hasta Nome, en una parte de la ruta Iditarod. Anchorage es la ciudad más poblada de Alaska, y Nome es una ciudad ubicada en la península de Seward, en el mar de Bering, cerca del estrecho del mismo nombre y del círculo polar ártico.

La competición está formada por varios mushers (conductores) que compiten con trineos formados por dieciséis perros de los cuales —al menos— seis deben pasar por la línea de meta tras recorrer una distancia de 710 km (una sección de la ruta), que puede durar entre nueve y quince días o más. La primera edición empezó en 1973 a modo de entrenamiento tanto para los mushers como para los perros para que estos pudieran rendir a un gran nivel. La competición es el evento deportivo más popular de Alaska, y aunque la mayoría de los mushers son nativos, la popularidad de las carreras han atraído la atención de corredores extranjeros, que incluso han llegado a ganar la carrera. La primera etapa empieza por el centro urbano de Anchorage y la mayoría de las rutas pasan por pequeñas localidades lo largo de la ruta, y por asentamientos de Atabascos e Inuits. Las carreras de Iditarod son consideradas por los alaskeños como parte de su historia, tradiciones y la relación entre perro y amo.

Pero en realidad no es de las carreras Iditarod de lo quiero hablarles, pero si de un hecho relacionado muy interesante y, que tengo que confesar, me conmovió mucho. Resulta que la actual competencia de Iditarod rinde homenaje a lo que se conoce como la “Carrera del suero a Nome de 1925” o “La Gran Carrera de la Misericordia”, que hace referencia al transporte de antitoxina diftérica a través del interior de Alaska por trineos tirados por perros que se fueron pasando la posta a lo largo de 1 085 km en cinco días y medio. Protagonizada por 20 mushers —en su gran mayoría atapascos y nativos de Alaska— y unos 150 perros de trineo, se consiguió salvar al pueblo de Nome y su comarca de una incipiente epidemia de difteria. La carrera fue el último gran hito y el evento más famoso en la historia del trineo de perros, principal medio de trasporte y comunicación en las comunidades subárticas hasta que el avión y las motonieves lo reemplazaran casi totalmente.

La hazaña lograda por los mushers y sus perros, es una oda al sacrificio y a lo que representa la relación entre el hombre y sus fieles compañeros; algo que a través de la historia ha estado presente con ejemplos como este de Alaska. Pero también, un reconocimiento a las personas que arriesgaron su vida por llevar a tiempo las dosis de antitoxina. Actualmente la difteria ya no representa mayor peligro para la humanidad, y casi está desparecida; pero en 1925 todavía era una enfermedad muy peligrosa y mortal, con frecuentes brotes como el que se dio en Nome.

A mediados de enero de 1925 el único médico de Nome, un pueblo de menos de 2 000 habitantes, que había tenido su momento de esplendor durante la fiebre de oro a finales del siglo XIX, diagnosticó el primer caso de difteria, una enfermedad altamente contagiosa. Aunque varios meses antes el doctor había pedido más antitoxina diftérica, después de descubrir que toda la provisión del hospital había vencido, no contaba con ella porque el envío no pudo llegar antes que cerrara el puerto por el invierno. La epidemia siguió empeorando y para la última semana de enero ya había media docena de niños fallecidos y más de treinta diagnosticados. El doctor envió un telegrama tanto a Juneau, capital del Estado, como a Washington D.C. que rezaba lo siguiente: “Epidemia de difteria casi inevitable aquí STOP Necesidad urgente de un millón de unidades de antitoxina STOP Correo es la única forma de transporte STOP Ya he pedido la antitoxina al Comisionado de Salud del Territorio STOP Hay como tres mil nativos blancos en el distrito”. Una epidemia de gripe seis años antes había acabado con la mitad de la población nativa de Nome, y casi un 10% de la de Alaska. Los Inuit carecían de resistencia contra esas enfermedades, lo que provocaba auténticos exterminios entre la población nativa cuando se desarrollaba una epidemia como la que a esas alturas parecía inevitable, por lo que se esperaba que la tasa de mortalidad fuera cercana al 100% de no llegar la ayuda a tiempo.

Se ubicaron 1 100 000 unidades de antitoxina diftérica en hospitales de la costa oeste de EEUU que se podían enviar a Seattle y de allí por barco a Alaska, pero que no podían llegar a Nome antes de mediados de febrero. El 26 de enero se descubrieron 300 mil unidades de suero en Anchorage, que si bien no eran suficientes para vencer la epidemia, podían contenerla hasta que llegara el envío más grande. Se pusieron entre algodones, se envolvieron en frascos de vidrio, se depositaron en un cilindro metálico y llegaron por tren a Nenana, cerca de Fairbanks el 27 de enero, pero quedaba el problema de cómo hacerlas llegar a Nome todavía a 1 085 km de distancia.

En ese invierno las temperaturas en el interior de Alaska habían llegado a su punto más bajo en 20 años —en Fairbanks estaba haciendo temperaturas de –46 °C, y la mayoría de los medios de trasporte estaban fuera de servicio. El puerto de la península de Seward estaba bloqueado por el hielo y era inaccesible por barco, mientras que el viaje en avión era impensable por la tecnología de la época, y el frío extremo de ese invierno; además debido a la noche polar, las horas de luz para volar eran muy limitadas. Entonces la Junta de Salud, propuso la alternativa de llevar el suero a Nome por medio de una posta de trineos tirados por perros, tal cual se llevaba el correo, y aunque este servicio de Nenana a Nome tomaba normalmente 25 días, existía el récord de llevarlo a cabo en 9 jornadas, por lo que el gobernador de Alaska finalmente dio su autorización.

Una ruta total de 1 085 km, que debía cruzar las tierras yermas del interior siguiendo el cauce del río Tanana a lo largo de 220 km, hasta llegar al pueblo homónimo en la confluencia con el río Yukón, y que luego lo seguía por 370 km hasta Kaltag. La ruta luego pasaba 140 km al oeste por el embarcadero de Kaltag hasta Unalakleet, en la bahía de Norton Sound. Luego, en dirección noroeste, un tramo de 335 km que rodeaba la costa sur de la península de Seward, sin ningún amparo contra los vientos y tormentas de nieve, que incluía una etapa de 68 km a través de los hielos inestables del mar de Bering.

Mapa Nome

La Oficina Postal convocó a los mejores mushers y perros de trineo del interior, que debían viajar día y noche para que el suero pudiera llegar a Nome. A continuación les transcribo, de forma intercalada, la descripción de las diferentes etapas de la carrera que hace la Wikipedia:

La Gran Carrera de la Misericordia

De Nenana a Norton Sound

El primero de la posta fue «Wild Bill» Shannon, quien recibió el paquete de suero (9,1 kg) en la estación de tren de Nenana (noche del 27 de enero). A pesar de una temperatura de –46 °C, Shannon partió inmediatamente con su equipo de 11 perros novatos, guiados por Blackie. La temperatura comenzó a bajar y el equipo se vio obligado a dirigirse por el hielo del río, ya que el paso de los caballos había destruido el camino. A pesar de correr junto al trineo para mantenerse caliente, Shannon sufrió hipotermia, antes de llegar a Minto a las 3 de la mañana con parte de su cara congelada. La temperatura era de –52 °C. Después de calentar el suero en el fuego y descansar cuatro horas, desenganchó tres perros y partió con los 8 restantes. Los tres perros murieron poco después de que Shannon regresara por ellos.

Él y su equipo llegaron en mal estado a Tolovana a las 11 de la mañana y entregó la posta al mitad atapasco Edgar Kalland, quien después de calentar el suero tomó camino por el bosque. La temperatura había subido a –49 °C, y al menos un informe afirma que el propietario de la siguiente estación, en Manley Hot Springs, tuvo que verter agua caliente sobre las manos de Kalland para que pudiera despegarlas del manubrio, cuando llegó a las 4 de la tarde”.

Mientras tanto, el 29 de enero se diagnosticaban dos nuevos casos de difteria, ya que la falta de buenos instrumentos de diagnosis y el contagio de la cepa hacían ineficaz la cuarentena. La crisis había llegado a las portadas de los diarios de San Francisco, Cleveland, Washington y Nueva York, y la noticia se extendió por todo el país gracias a los aparatos de radio, mientras que el sistema de tormentas de Alaska llegaba a Estados Unidos continental, provocando registros de temperaturas mínimas en Nueva York y congelando el río Hudson.

El 30 de enero se produjo una nueva muerte, por lo que el gobernador autorizó más mushers para la etapa de Seppala, con la intención de acelerar los relevos y portar la carga sin descanso. Se reorganizó el sistema de postas para el último tramo, incluyendo al compatriota de Seppala, Gunnar Kaasen, cuyo equipo de perros era liderado por Balto.

Desde Manley Hot Springs, el suero se fue pasando entre atapascos hasta que George Nollner se lo entregó a Charlie Evans, en Bishop Mountain (3 de la mañana del 30 de enero). La temperatura había subido ligeramente, pero volvió a descender a a –52 °C. Evans se encomendó a la habilidad de sus perros líderes cuando debió pasar a través de la niebla helada, donde el río Koyukuk había roto el hielo, pero olvidó proteger las inglés de sus dos perros mestizos de pelo corto con pieles de conejo. Ambos colapsaron por la congelación. Cuando llegó a las 10 de la mañana, ambos perros estaban muertos. Tommy Patsy partió en media hora.

Después el suero cruzó el embarcadero de Kaltag en manos de Jack «Jackscrew» Nicolai y del nativo Victor Anagick, quien se lo entregó a otro nativo, Myles Gonangnan, en las costas de Norton Sound (Unalakleet, 5 de la mañana del 31 de enero). Este vio que se avecinaba una tormenta y decidió no tomar el atajo a través del hielo del Sound. Partió a las 05:30 de la mañana, y cuando cruzaba las colinas «era tal la turbulencia de los remolinos de nieve que giraban entre las patas de los perros y por debajo de sus vientres, que parecíamos estar en medio de un río». Las condiciones de visibilidad mejoraron cuando llegó a la orilla, pero los vientos huracanados hicieron descender la sensación térmica a –57 °C. Llegó a Shaktoolik a las 3 de la tarde, y aunque Seppala no estaba allí, Henry Ivanoff estaba esperando por si acaso”.

El 30 de enero, los casos de difteria llegaban a 27. Según un periodista de Nome, “Toda la esperanza está en los perros y sus heroicos conductores (…) Nome parece un pueblo fantasma”.

El paso de Norton Sound

Togo

Leonhard Seppala y su equipo de perros debían cubrir el tramo más largo y peligroso, el atajo a través de Norton Sound —una bahía que se congela en invierno—, por el que se podía ahorrar un día de viaje. Pero el hielo era inestable y se podía quebrar debajo del conductor y su equipo, y había que pasar por ásperas colinas de nieve o por capas de hielo pulido por el viento, donde los perros apenas podían encontrar un punto de apoyo. Si el viento soplaba del este, podía alcanzar velocidades de hasta 110 km/h, volcar los trineos, sacar a los perros de su rumbo y causar una sensación térmica de –73 °C. Seppala se había visto obligado a tomar el atajo varias veces, mientras que un musher con menos experiencia tenía más probabilidades de perder la vida, la de sus perros y también el suero. Togo iba a guiar a su equipo a lo largo de 563 km.

Seppala y su equipo viajaron 146 km desde Nome a Shaktoolik, del 27 al 31 de enero, con la tormenta pisándole los talones. La temperatura en Nome era relativamente cálida (–29 °C), pero se estimó que en Shaktoolik hacía –34 °C, y la fuerza del vendaval provocaba una sensación térmica de –65 °C. Seppala, que no estaba al tanto de las modificaciones ordenadas por el gobernador, ya que los sistemas de teléfono y telégrafo no llegaban a los pequeños caseríos por donde pasaba y no había manera de decirle que esperara en Shaktoolik, creía que todavía le quedaba recorrer más de 160 km. Estaba tratando de salir de Norton Sound antes de que lo alcanzara la tormenta, cuando Ivanoff, que se había cruzado con un reno y estaba embrollado en las afueras de Shaktoolik le gritó: «¡El suero! ¡El suero! ¡Lo tengo aquí!»

Cuando el suero pasó a Seppala, la noche estaba cayendo y un poderoso sistema de baja presión se estaba moviendo hacia el camino desde el Golfo de Alaska, pero con la noticia de que la epidemia empeoraba, Seppala decidió enfrentar la tormenta y entró de nuevo en el hielo de Norton Sound. La temperatura se estimó en –34 °C, pero la sensación térmica era de –65 °C. Togo guió a su equipo a través de la oscuridad, llegando a la estación de Isaac’s Point a las 8 de la tarde. Habían recorrido 135 km en un día, a un promedio de 13 km/h, pero el equipo apenas tuvo tiempo para descansar y partió a las 2 de la mañana en el punto más álgido de la tormenta.

Durante la noche, la temperatura bajó a –40 °C y el viento aumentó la fuerza de la tormenta (al menos 105 km/h). El equipo corrió a través del hielo que empezaba a romperse a lo largo de la línea costera, dejando atrás Norton Sound y volviéndose hacia la costa para enfrentar su último desafío: remontar una cresta de 1 500 mt y cruzar la montaña Little McKinley. A las 3 de la tarde del 1 de febrero, después de descender la montaña y llegar a la estación de Golovin, Seppala pasó el suero a Charlie Olsen”.

Katy Steinmetz escribió en la revista Time que «El perro que hizo la mayor parte del trabajo fue Togo. Su viaje, plagado de tormentas de nieve, fue el más largo en 322 km e incluyó una travesía a través del peligroso Norton Sound, donde salvó a su equipo y piloto en una valiente carrera a través de los témpanos de hielo.»

De Golovin a Nome

Gunnar Kaasen y Balto

Olsen perdió el rastro y sufrió quemaduras graves en sus manos mientras le ponía mantas a sus perros. La sensación térmica era de –57 °C. Llegó a Bluff en mal estado el 1 de febrero a las 7 de la tarde, donde pasó la posta a Gunnar Kaasen. Este esperó hasta las 10 de la noche a que pasara la tormenta, pero sólo empeoró y la nieve pronto bloquearía el camino, por lo que decidió partir en contra del viento.

Balto guió a su equipo a través de la noche, de los bancos de nieve y del desborde del río a los 183 mt de la montaña Topkok, la mayor parte del tiempo a través de una visibilidad tan pobre que Kaasen no podía ver a sus perros. Debía detenerse en Solomon, pero pasó de largo 3 km antes de darse cuenta, así que decidió seguir adelante. Los vientos eran tan severos que su trineo volcó y casi perdió el cilindro del suero, cuando cayó y se enterró en la nieve. Sufrió heridas por congelación cuando tuvo que buscar el cilindro con sus manos desnudas.

Con todo, llegó a Point Safety antes de lo previsto, a las 3 de mañana del 2 de febrero, donde su relevo Ed Rohn estaba durmiendo, ya que creía que Kaasen y la posta estaban detenidos en Solomon. Como el clima mejoraba, iba a tomar tiempo preparar al equipo de Rohn, y Balto y su equipo lo estaban haciendo bien, Kaasen siguió adelante los 40 km que restaban hasta Nome, llegando a Front Street a las 5:30 de la mañana. No se había roto una sola ampolla y la antitoxina estuvo lista para ser administrada al mediodía.

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Cómo llegar

 
Los diferentes equipos recorrieron los 1 085 km en 127 horas y media, lo que se consideró una marca mundial, un logro increíble debido a la inclemencia de las condiciones: temperaturas bajo cero extremas, tormentas de nieve y vientos huracanados.

Para el 3 de febrero la epidemia estaba bajo control, ya que las primeras 300 mil unidades se habían probado eficaces. Hubo una segunda posta para llevar gran parte de la antitoxina que se había enviado desde Seattle, que incluyó a muchos equipos de la primera y también se enfrentó a duras condiciones. El suero llegó el 15 de febrero.

El noruego Leonhard Seppala junto a su su perro líder de 12 años Togo, que era famoso por su liderazgo, inteligencia y capacidad para detectar el peligro, se volvieron unas celebridades, así como Gunnar Kaasen y Balto, el perro que guió a su equipo en el último tramo de la travesía, que se convirtió en el perro más famoso de la época después de Rin Tin Tin, simbolizando el sacrificio y el heroísmo de la epopeya. Incluso en el Central Park de Nueva York se erigió una estatua en su honor, con una placa que dice “Dedicada al espíritu indomable de los perros de trineo que portaron la antitoxina 600 millas desde Nenana, sobre hielo áspero, a través de aguas traicioneras, en medio de tormentas de nieve, para aliviar la aflicción de Nome en el invierno de 1925. Resistencia – Lealtad – Inteligencia”. Hay otras estatuas como la del Museo de Historia y Arte de la ciudad de Palmer en Alaska, que se logró hacer con el aporte inicial de los alumnos de una escuela primaria de la localidad.

Todos los conductores recibieron cartas de recomendación del presidente de EEUU, y el Senado levantó sus sesiones para reconocer el evento. Cada conductor de la primera posta recibió una medalla de oro de la H. K. Mulford Company. El alcalde de Los Ángeles le entregó a Balto una llave con forma de hueso, y la actriz Mary Pickford le colocó una corona de flores en el cuello. Los niños le escribieron poemas y cartas, y surgieron campañas espontáneas de recaudación de fondos en todo el país. Gunnar Kaasen y su equipo se convirtieron en celebridades, e incluso protagonizaron una película de 30 minutos “Balto’s Race to Nome” pero por desgracia se perdieron todas la copias en un incendio. A pesar de la atención prodigada a Kaasen y Balto, muchos conductores de trineo consideran a Seppala y Togo como los verdaderos héroes de la carrera, ya que cubrieron la etapa más larga y peligrosa. Togo era pequeño para su raza, pero Seppala se refirió a el como “cincuenta libras de músculo y corazón luchador”. En aquel entonces hay que decir, que lastimosamente los medios ignoraron en gran medida a los conductores nativos de Alaska y atapascos, que cubrieron dos tercios de la distancia total.

Termino con una pequeña galería de imágenes, en algunos casos actuales y antiguas, de la senda Iditarod, la ciudad de Nome, y de Balto y Togo con sus mushers; junto a algunas de las estatuas y mapas de las rutas. Les recomiendo un pdf titulado Brave Arctic Gold Rush Dogs (Perros valientes de la fiebre del oro ártico), que contiene una gran cantidad de imáganes de todo lo anterior. También pueden visitar el sitio web Balto’s true story (La verdadera historia de Balto) con más imágenes y textos (recomendado). Hay un muy buen documental Balto Documentary en youtube (en inglés), y hasta han hecho tributos en video como Balto’s Life: A Tribute to Balto con la canción de fondo “Heroe” de Mariah Carey.

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