La OCDE y Costa Rica

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Progresemos

Carlos Manuel Echeverría Esquivel
cmecheverria@yahoo.com

Carlos Manuel Echeverría

Recuerdo claramente como en la década de los ochenta, con mis alumnos en el programa MBA de la National University en el curso “Desarrollo Económico Mundial”, tratábamos la institucionalidad multilateral, entre la que por supuesto estaba la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Era un club esencialmente de países desarrollados y algunos avanzados que habían despuntado bien, mucho más reducido que ahora cuando son 37 miembros plenos y un solo candidato…Costa Rica. En esos años 80 ni se nos pasaba por la mente el que Costa Rica llegara a ser miembro de ese club.

Debo reconocer que durante este período de reforma por ingresar a la OCDE, he sido dubitativo sobre si Costa Rica podría llegar a ser miembro de ese club, con una situación económica complicada, un nivel de pobreza cercano al 20% de la población total que no hemos logrado reducir por una u otra razón y un sector de la sociedad que se resiste al cambio para progresar, que las épocas actuales demandan. Sin embargo, nunca lo descarté y ahora vemos como el esfuerzo de tres administraciones y el apoyo de la Asamblea Legislativa aprobando legislación, sectores de la prensa y opinión pública, así como la Sala Constitucional montada en una ola de interpretación modernizante de cara al futuro, se logró la acariciada invitación que pronto se materializará. Quienes recomendaron a los países miembros la incorporación de Costa Rica a la organización, reconocieron indudablemente el alto desarrollo político e institucional de Costa Rica, así como el esfuerzo exitoso de muchos años por diversificar y modernizar su economía, siempre con el sólido espíritu social que nos caracteriza. Pensé que aunque no llegáramos a calificar, el esfuerzo nos haría mejores. ¡Albricias…me quedé corto!

Entrar a un club de prestigio tiene sus indudables ventajas, pero también sus obligaciones. En ese sentido la OCDE no es diferente a un club social por ejemplo. Costa Rica tendrá acceso a conocimientos de primera generación, experiencias y contactos valiosísimos para facilitar que siga progresando y coadyuvar a la superación de los desafíos que actualmente enfrenta en los diversos campos del desarrollo. Así mismo, para continuar aprovechando incrementalmente las oportunidades que se presenten.

La membresía en la OCDE obliga a continuar progresando por la senda que se trae, en el caso nuestro de economía mixta, aparato estatal y empresa privada complementándose, con prevalencia del mercado con cierta regulación y solides democrática republicana. Se valora nuestra democracia, funcional y perfectible, así como los temas sociales, para que nuestro recurso humano tenga una formación integral de calidad y superar la tozuda pobreza que nos sigue afectando. Espera la OCDE que el rumbo que llevamos se convierta en política de estado, lo que es a todas luces conveniente. Se nos pide una inversión anual cercana al 1.5 millones de US$, que no llega ni a tres milésimas porcentuales del PIB nacional.

Lo que he visto estos días de euforia por el mensaje que nos trajo don José Ángel Gurría, es una conversación basada en qué vamos a obtener de la membresía, tratando de justificarla inversión, lo que no debería ser necesario. Ese 1.5 millones de US$ se vuelve poco si somos estratégicos en nuestra participación.

En ese contexto, me parece estamos dejando de lado la otra “cara de la moneda”, cual es lo que un país como el nuestro, que no debería sentirse “chiquitico”, puede aportar en diversos campos a la organización. Así mismo, es de esperar que Costa Rica, siendo el país más avanzado del SICA y conviniéndoles a todos el desarrollo de los países miembros, esté por lo menos dispuesta a intentar el liderar, desde una perspectiva integracionista mesurada, el progreso del SICA y sus países, con la OCDE en la mira. Lo veo más que por conveniencia, lo que es legítimo, como un imperativo moral. Todo un reto.

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Exviceministro de planificación y exembajador


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