La liviandad del discurso progresista costarricense

Ágora

Guido Mora

Guido Mora

Los pobres no pueden convocar una revolución, están muy ocupados procurando llevar la comida al plato de sus hijos.

Cómo los israelitas, el pueblo costarricense ha transitado a lo largo de más de 20 años por el desierto, en la búsqueda del mito representado por aquella tierra donde supuestamente, mana leche y miel.

En la realidad, a lo largo de este periodo, sólo hemos presenciado el espejismo de quienes continúan haciéndonos pensar en que, al final del camino, encontraremos los premios prometidos por los políticos y los economistas liberales, que han manejado la política nacional.

Lejos de encontrar “los BMW o los Mercedes Benz”, el resultado de esta larga expiación ha sido país más desigual; con un aparato productivo más diversificado, pero con una mayor concentración de la riqueza; con niveles de exportaciones en constante crecimiento, pero con una pobreza que sigue aumentando día con día.

Como país, hemos sido exitosos en producir riqueza, pero un desastre en distribuirla.

La promesa del desarrollo y ejecución de agendas complementarias, destinadas al mejoramiento de la educación y a la búsqueda de la vinculación estratégica de los trabajadores en el mundo del mercado globalizado, nunca se ejecutó. Los sindicatos, los sectores medios profesionales, los empleados públicos y otros grupos sociales, que tienen asegurado su sustento por su formación, o por la vinculación con el aparato de estado, lejos de actuar solidariamente con los pobres y menos favorecidos de la sociedad, se han dedicado a imitar a los más ricos, reproduciendo sus patrones de consumo, incurriendo en altísimas tasas de endeudamiento que comprometen su independencia económica. Estos sectores han mostrado un comportamiento desentendido y despreocupado por las condiciones económicas desfavorables que enfrentan las grandes mayorías de costarricenses.

El impulso del modelo exportador, sustentado en bajos costos de producción, que en el marco de la globalización han impulsado las corporaciones transnacionales; los intelectuales y profesionales orgánicos -sus aliados-; reclutados para facilitar la obtención de estas condiciones; ha tenido como resultado la pauperización del trabajo de los costarricenses, que compiten con los bajos costos de mano de obra -calificada o no-, en comparación de otros países del mundo globalizado(1).

A diferencia de lo ocurrido en otras naciones, la existencia de estas corporaciones en suelo nacional no ha generado procesos de transferencia de conocimiento y, muy lejos de eso, los tratados de libre comercio aseguran la protección de licencias y patentes, que garantizan y aseguran la concentración del conocimiento y la riqueza, de la cual nos encontramos cada vez más distantes.

A la vuelta de poco más de 50 años, la utopía del desarrollo y la denominación de países “en vías de desarrollo”, divulgada por los teóricos desarrollistas de los años 60 y 70 del siglo pasado, no tiene sentido.

América Latina en general y Costa Rica en particular, lejos de pretender caer en la búsqueda de la utopía de ser un país desarrollado, -objetivo que cada día nos damos cuenta de que será imposible al alcanzar-, debe de volcarse a la tarea de procurar el bienestar y poner en su agenda, la consecución de mejores condiciones económicas y sociales, para las grandes masas de trabajadores empobrecidos, producto de la crisis provocada por la aplicación del modelo neoliberal, situación previa a la pandemia y, pauperizados aún más, como resultado por la crisis sanitaria provocada por el Sar-Cov2(2).

Este triste escenario es conocido por los grupos progresistas y otros intelectuales con preocupaciones sociales. Muchos de ellos son quienes ponen en evidencia en sus investigaciones y trabajos académicos, el incremento de las brechas de ingreso entre los quintiles más bajos y más altos de la población; el aumento de Índice de Gini, que nos exhibe como una de las diez naciones más desiguales del mundo; el deterioro de los servicios públicos y del Estado de bienestar. Retrotraer esta temática plantea temas sobre las desigualdades y el empobrecimiento de la sociedad, de los cuales tienen absoluta conciencia los representantes de grupos progresistas, que manifiestan preocuparse por los sectores sociales más desprotegidos.

La misma realidad es evidente con los partidos políticos otrora progresistas o socialdemócratas, que se han convertido en aliados y correos de transmisión de las élites de poder, dejando de lado su compromiso con los grupos sociales más desfavorecidos.

En términos generales, y en relación con los grupos sociales progresistas, podemos afirmar que su accionar se ha caracterizado por ser fraccionado; disperso y falto de objetivos. Esta situación ha permitido la consolidación del monólogo económico liberal y neoliberal, sin que existan en el “tablero de juego”, opciones económicas alternativas destinadas a atenuar la situación que enfrentan amplias masas de costarricenses.

Como resultado de la aplicación de esta estrategia, los economistas y políticos al servicio del capitalismo neoliberal -corriente económica que, según el discurso prevaleciente, ya no existe-, han logrado despolitizar y desarticular amplios sectores sociales, dispersándolos y fortaleciendo la imagen de que, en el libre juego del ejercicio del modelo, en algún momento podrán formar parte de los manjares que disfrutan, quienes están inmersos plenamente en la dinámica de la repartición de los beneficios políticos y económicos que disfrutan los integrantes de las redes de poder.

Estos grupos sociales medios, compuestos por empleados estatales y profesionales, han perdido conciencia de que el puesto que se libere en la mesa principal, siempre será ocupado por otro representante de esas redes de poder, o por los intelectuales o profesionales orgánicos, defensores del sistema y que, la posición que ocupan -y que ocuparán-, será siempre la de aspirantes y consumidores de las sobras que se caigan de la mesa.

Días después de comenzar a escribir este artículo, llegó a mis manos un escrito del politólogo Vincent Navarro(3), que reflexiona sobre la existencia de los movimientos progresistas, su funcionamiento y sus carencias.

De una manera y otra, estas agrupaciones coexisten en nuestras sociedades: los grupos ecologistas; los movimientos verdes; los defensores de minorías sociales o de la diversidad sexual; los feministas; los grupos progresistas de diversas denominaciones. Sin embargo, su accionar no pasa de la discusión vana; el discurso académico-ideológico; la ausencia de acciones articuladas y las continuas discusiones y diferencias por nimiedades y posturas políticas, que imposibilitan la articulación de tareas, para transformar en acción política, esa retórica académico-ideológica.

La ausencia de temas transversales que permitan construir y unificar una agenda progresista, deja a la libre a los “exégetas oficiales”, para que continúen divulgando los modelos de desarrollo que nos tienen en la condición económica actual y que no ofrecen alternativas para enfrentar y superar el acelerado empobrecimiento de la población.

Constituye un objetivo de medular importancia detenerse y realizar un análisis sustantivo que permita iniciar la construcción de los mecanismos que faciliten la articulación de una propuesta política y económica que, por sobre la representación actual de los partidos políticos, fuerce la ejecución de medidas que frenen el deterioro de las condiciones socioeconómicas de los grupos sociales más desposeídos de nuestra sociedad.

Considero, a las puertas del nuevo proceso electoral, que la atención de la problemática que enfrentamos no se sustenta únicamente en la creación de empleos pauperizados, como lo argumentan algunos representantes de las élites económicas.

Es impostergable impulsar una reforma tributaria progresiva y profunda que permita redistribuir las cargas fiscales para frenar los procesos de empobrecimiento social. Urge además, procurar la toma de conciencia de los sectores medios, de grupos de profesionales, sindicatos y gremios de trabajadores, con el fin de articular la lucha social que permita incidir en los tomadores de decisiones, para poder transformar esta cruda realidad.

Hay que tener claro que el efecto consolidador de las utilidades económicas logra apuntalar y robustecer las posiciones de los grupos que integran las redes de poder. Es por ello, que se hace indispensable procurar la generación de liderazgos populares, que representen los intereses del resto de la sociedad y sobre todo, el de los más pobres.

Esta tarea deben asumirla, en mi opinión, los nuevos liderazgos sociales que conforman las diversas organizaciones, en esta diáspora de intereses que caracteriza nuestra sociedad y que, superando las diferencias que los dividen, puedan desarrollar temáticas transversales, que les permitan tomar conciencia de la necesidad impostergable de librar la lucha por una sociedad más igualitaria y equitativa, que en definitiva redundará en el mejoramiento de la calidad de la democracia costarricense.

Es imprescindible iniciar esa tarea, porque tal como lo señalé en el epígrafe, al inicio de este artículo: los pobres no pueden convocar una revolución, porque están muy ocupados procurando llevar la comida al plato de sus hijos.

Notas

1. Ver para este efecto el artículo: América Latina y el mandato exportador. Nueva Sociedad (nuso.org)

2. – Ver: La mitad de trabajadores del sector privado ganan menos de ¢400.000 al mes. Semanario Universidad.

3. El reto mayor de los movimientos sociales progresistas: la unidad de acción


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3 comentarios

  1. Gustavo Elizondo

    Muy bien Guido, ese bienestar para las grandes mayorías que hablaba don Pepe y que encaminó el país hacia eso, ruta que perdieron hasta los que presumen de seguir sus enseñanzas. con un evidente doble e hipócrita discurso.

  2. Como es usual en los escritos de Guido Mora, su argumentación está siempre sustentada en el marco teórica y la realidad. Solo queda decir que si bien es cierto los pobres están enfocados en “operación frijoles” las redes de poder lo están en blindar su privilegiada posición y continuidad.

  3. Pues será q Don Guido está sentado en la fila con ese montón de progres y grupos minoritarios esperando en las compañías q se desocupe una silla 🪑 al a sentase, se le olvida q el ser humano siempre desea lo q no tiene y apenas puede lo agarra y se le olvidó de donde viene. Vea lo q pasa en el gobierno, lleno de minorías LGTBI ganando buena plata ( puede ser muchos de ellos muy inteligentes) pero ya dejaron los sindicatos y cada quien va por lo suyo

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