La indolencia de Rodrigo Chaves y Laura Fernández

Ante la crisis provocada por la guerra de Trump y Netanyahu contra Irán

Guido Mora

Guido Mora

El ejercicio de la política no se mide con gestos vacíos o en frases cínicas. Esta valoración depende de la capacidad los gobernantes de anticipar, de asumir responsabilidades y de preparar a un país para los desafíos que se avecinan. En Costa Rica, sin embargo, la administración de Rodrigo Chaves ha demostrado lo contrario: evasión de responsabilidades, improvisación y una peligrosa indiferencia frente a una crisis mundial que ya se perfila en el horizonte.

Mientras gobiernos serios de otras partes del mundo han dedicado semanas a diseñar planes de contingencia para enfrentar el impacto de una crisis económica global —alimentada por las tensiones geopolíticas provocadas por el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán—, en Costa Rica Rodrigo Chaves y Laura Fernández se han limitado a la inacción.
El aumento del precio del crudo y los combustibles es apenas la punta del iceberg: detrás vendrá una escalada en los costos de materias primas, agroquímicos, fertilizantes y, en consecuencia, de los bienes y productos -incluidos los alimentos-, que consumimos cada día.

La amenaza es real, inmediata y palpable.

Antes esta realidad, Rodrigo Chaves -con la verborrea populista que le caracteriza-, expresa el día de ayer que se avecina una crisis y que la oposición culpará a la próxima Administración, liderada por Laura Fernández, del impacto en la economía costarricense.

Estamos claros, ni Rodrigo Chaves ni Laura Fernández son responsables de los problemas económicos que enfrentaremos como país, producto de la hybris protagonizada por Donald Trump y Benjamín Netanyahu. Pero, y hay que decirlo con contundencia, sí son responsables del silencio y de la falta de previsión para proponer y diseñar los mecanismos que minimicen el impacto de la situación caótica que enfrentaremos a la vuelta de unos días.

Lejos de asumir un rol proactivo, el presidente Chaves y Laura Fernández han preferido el cinismo y la evasión. En vez de presentar un programa de medidas políticas y económicas, se han refugiado en gestos triviales, dedicándose a gozar inconscientemente de las vacaciones de Semana Santa; disfrutando de los traguitos y las sardinas, mientras el país se acerca a un escenario de enorme vulnerabilidad económica.

Como ha sido costumbre estos 4 años de chavismo, la estrategia del gobierno culpa a “los otros” por una crisis que ya se está gestando y que exige respuestas inmediatas, pero no asume responsabilidad ante las competencias y obligaciones que corresponde asumir el Poder Ejecutivo.

Después de 38 días de guerra y del continuo incremento de la inestabilidad mundial, el Gobierno de la República no se ha emitido una sola propuesta, una directriz, ni un listado de medidas que permitan atenuar el impacto de esta crisis en Costa Rica. La incompetencia y la falta de visión se traduce en un vacío de liderazgo que deja al país expuesto y desnudo frente a esta enorme amenaza.

La pregunta es inevitable: ¿cómo puede un gobierno que no se prepara pretender que otros asuman la culpa de su negligencia?

Costa Rica no está exenta de los efectos de la crisis mundial, pero, ante la indolencia y la irresponsabilidad de sus gobernantes, se enfrenta desarticulada, desprotegida y expuesta a las repercusiones que esta traerá consigo.

Nuestro país está a merced de la irresponsabilidad de sus gobernantes, que siguen sin entender el papel de liderazgo que les corresponde ejercer, como administradores del bienestar, del presente y del futuro de los costarricenses.
La historia juzgará no solo la magnitud de la crisis, sino también la incapacidad de quienes tuvieron en sus manos la posibilidad de mitigarla y prefirieron mirar hacia otro lado.

La ciudadanía merece más que excusas: merece un gobierno que actúe.

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