Línea Internacional
Guadi Calvo
Frente a la improvisación absoluta que se va verificando día tras día, cumplido ya un mes del lanzamiento de la Operación Furia Épica. En el ataque artero de la Liga Epstein contra la República Islámica de Irán, queda claro que ese cúmulo de torpeza e imprevisiones se ha convertido en la peor de las armas que deben enfrentar Netanyahu y Trump.
No haber considerado un plan B, por si el asesinato del líder supremo de la nación, el ayatolá Alí Jamenei, no provocaba la reacción que se esperaba del pueblo persa, que por iniciativa propia intentara un cambio de régimen, significa que la inteligencia judío-norteamericana que operaba en el interior del país estaba intoxicada de su propia mala lectura.
Frente a este primer error, todo continuó en cadena. Ignorar completamente la capacidad ofensiva de la Guardia Revolucionaria y el ejército iraní, de la que a cada momento da muestra, habiendo demolido trece de las veintitrés bases norteamericanas en el Golfo Pérsico, dando entre tanto un golpe prácticamente mortal a la industria petrolera y gasífera de esas siete naciones, cuyas coronas comienzan a temblar en las atribuladas y correspondientes testas. Mientras, nos abismamos a una crisis energética de la que hasta ahora no se tiene mensura. Por poner ejemplos, Australia está a horas de agotar sus reservas de combustible; Filipinas, en estado desesperado, mientras que en India las colas para comprar garrafas de gas tienen la desmesura de sus grandes festivales religiosos.
El cierre también promete provocar daños a la industria de los fertilizantes, para cuya fabricación la urea, un subproducto del gas y también del petróleo, es clave, al igual que el helio para chips y microprocesadores.
El terremoto que los drones y misiles iraníes han provocado en Medio Oriente, después de exterminar las plazas financieras establecidas en los paraísos artificiales de Doha y Abu Dabi, ha provocado en estas últimas horas que Irak terminara de expulsar a todas las fuerzas occidentales de ocupación después de 23 años de presencia continua.
Prácticamente desbaratada la renombrada “Cúpula de Hierro” sionista, obliga a aquellos que festejaban la muerte de palestinos, gritándolo frente a sus televisores como un gol del Maccabi Tel Aviv Football Club, entre ellos más de cincuenta mil niños, rociados prolijamente durante más de dos años y medio cada día con fósforo blanco o la mejor artillería del mundo, hoy viven arrastrándose en las entrañas de sus ciudades, cagándose literalmente encima, con hambre, peleando a muerte por una plaza en algún sótano maloliente, disputándose una botella de agua, como un salvavidas en el Titanic. Sabiendo que todo esto es simplemente el comienzo, que lo peor está por llegar. Porque más allá de la certeza de la misilística persa, esta vez no tendrán la lástima del mundo, que aquello de la victimización por el nazismo, que tanto provecho le han sabido sacar y de los que, por otra parte, tanto han aprendido, ha quedado sumergido debajo de los cientos de millones de toneladas de concreto en Gaza, en Beirut, en las aldeas de Cisjordania o del sur del Líbano. En los barrios de Teherán y otras muchas ciudades de Irán, la lástima universal ha sucumbido junto a las 180 niñas, asesinadas por la Liga Epstein, en aquella escuela remota de Shajare Tayebé, de la ciudad de Minab, paradójicamente frente al estrecho de Ormuz, en la provincia de Hormozgán.
Cada día, desde Indonesia a Brasil y la Patagonia argentina, se registran incidentes con turistas del enclave sionista; son cada vez más frecuentes los cárteles donde se anuncia claramente que tienen prohibida la entrada a bares y otro tipo de comercios. En Maldivas directamente se les ha prohibido la entrada y las calles de la sofisticadísima Milán, donde viven aproximadamente siete mil judíos, desde hace meses periódicamente aparecen empapeladas con carteles donde se lee en inglés: “Israel not welcome”.
Los incidentes antisemitas, que se replican a lo largo del mundo, han llegado una vez más para quedarse por un largo tiempo. Como tantas veces a lo largo de la historia, el desprecio se está convirtiendo en un arma, que por ahora no los mata, pero sin duda hiere gravemente y que los extraviados de siempre aprovecharán para confundir al judío con el sionista, algo tan brutal como confundir a un alemán con un nazi.
La desconfianza del general Moore
Alguna vez, el general Jeremy Moore, comandante de las fuerzas terrestres británicas en la guerra de las Malvinas (1982), a quien le tocó avanzar desde la bahía San Carlos hasta Puerto Argentino, poco más de 100 kilómetros, relató que, frente a las defensas establecidas por el general argentino Benjamín Menéndez, decidió avanzar con sumo sigilo, ya que la obviedad de esos emplazamientos aparecía en todos los manuales de las escuelas militares de todo el mundo. Por lo que creyó, estaba entrando en una emboscada, pero no, ya conocemos el fin de esta historia; lamentablemente, el genio militar de Menéndez solo se resumía a la tortura y aniquilación de sus compatriotas.
Algo similar se presintió en el planteo inicial de esta guerra, por lo que más allá de la obviedad del ataque indiscriminado y brutal, no hay otra opción: Por lo que tanto sionistas como norteamericanos, disponen del suficiente músculo para aplastar cada uno de los objetivos que se propongan, en superficie como ya en este mes lo han hecho en cerca de 12 mil oportunidades, pero el hecho de que la artillería misilística persa continúa golpeando de manera constante sus objetivos, cada vez más profundo en el territorio ocupado de Palestina, como nunca en los casi ochenta años desde iniciada la ocupación.
Por lo que cada día que se prolonga esta guerra, el sabor a derrota se instala en el paladar en las huestes de la foca gangosa y Netanyahu. Cansado de anunciar que ya han asesinado a 250 altos mandos del “régimen” iraní, la realidad continúa incólume, porque en cada uno de los mártires y de los que lo sucedan, como en el millón de hombres de sus fuerzas armadas.
Porque Trump, seguramente, conozca mucho de la nueva Big Arches de McDonald’s, cuánto pesa y qué componentes tiene, pero lo ignora absolutamente todo acerca de Kerbala, la batalla que se libra en el año 680, en las llanuras del entonces inexistente Irak, donde murió Huséin ibn Alí, el nieto del profeta Muhammad, que se negó a reconocer la legitimidad del califato de Yazid I (sunitas). El martirio de Alí es lo que no solo le ha dado identidad al chiismo (Partido de Alí), sino también dirección simbólica y espiritual, por lo que el martirio puede ser la manera final del combate.
Por lo que su Trump piensa que la toma de la isla de Jark es una cuestión de disposición de hombres, se volverá a equivocar una vez más porque cada uno de los hombres del ayatolá, Mojtaba Hoseiní Jamenei, militares y no, literalmente lucharán hasta su muerte.
Y no solo ellos, como lo está mostrando el renacido Hezbollah, que a un año y medio de haber sido aniquilado su líder Hassan Nasrallah, junto a toda la cúpula y centenares de combatientes, aniquilado sus líneas de abastecimiento, ahora están convirtiendo en un infierno el norte del enclave sionista, donde sus propios drones y misiles golpean hora tras hora, al tiempo que los otrora incontenibles tanques Merkava, junto a sus tripulaciones, están siendo asados en su camino al río Litani, que corre a unos 30 kilómetros de la frontera sionista, hasta donde las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) pretenden llevar la zona de amortiguación.
Mientras en estas últimas horas se han sumado a la guerra los hutíes, que ya han alcanzado territorio ocupado por los sionistas. La fuerza rebelde yemení tiene el control del estrecho de Bab al-Mandeb, el que ya ha cerrado en varias oportunidades en estos últimos dos años. Este estrecho es otro cruce clave para la economía mundial, por su acceso al mar Rojo y desde allí a Suez, por lo que, de cerrarlo, el colapso de la economía global sería todavía más rápido A esto hay que sumarle las milicias proiraníes de Irak, que también han comenzado sus operaciones contra el territorio ocupado por los sionistas.
Es en este contexto que la continuidad de Trump en el poder se hace a cada momento cada vez más improbable, ya no solo por sus garrafales errores tácticos y políticos en el marco de la guerra, sino por la cada vez más intensa mayoría ciudadana norteamericana que a esas políticas suma inflación, la represión y los muertos que, si bien todavía se ocultan, comenzarán a llegar por centenares apenas ponga un pie en cercanías de Ormuz. Y lo demostraron el domingo 29 de marzo, donde bajo la consigna “Not Kings”, salieron a protestar cerca de 9 millones de norteamericanos, alentados por el discurso flamígero de Robert de Niro, quien se ha convertido en el vector fundamental del antitrumpismo.
Aunque la última batalla la ha librado el pueblo iraní, que una vez más se debate por el todo y la nada, donde la reivindicación de Kerbala no es algo para desatender.
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