¿Es la ilusión el ángulo ciego de la razón…?

La ilusión es como el analgésico simbólico frente a la incertidumbre…

Caryl Alonso Jiménez

Caryl Alonso

Las ciencias del comportamiento permiten concluir que la ilusión reduce la angustia frente la soledad existencial, y esto se repite en la literatura con insistencia, desde “Madame Bovary” (Flaubert), “El gran Gatsby” (Fitzgerald), “El Proceso” (Kafka), “La insoportable levedad del ser” (Kundera), entre otros excepcionales escritores y novelas que nos legaron la ilusión como la motivación humana.

Vale recordar que quien dedicó estudios en ese campo fue Sigmund Freud (1856-1939), quien afirmó en su libro, “El porvenir de una ilusión” (1927), aquella extraordinaria afirmación en la que define que, “La ilusión no es necesariamente falsa; es una creencia motivada por deseos profundos”.

Y no cabe duda, para todos o para quienes lo reconocemos, las ilusiones en algún momento de la vida fue ese antídoto… que encontramos en el pórtico de las emociones con la disponibilidad suficiente… tal como insiste Freud, capaz de convertirse en el analgésico frente a la incertidumbre y la soledad…

Sin embargo, desde otros ángulos del estudio del comportamiento emocional en la perspectiva social y política, el manejo de las ilusiones desde el campo de la seducción es la herramienta de manipulación colectiva, que puede convertirse en refugios sociales de escenarios falsos, promovidos intencionalmente por quienes construyen opinión, como los mass media con inmensa influencia cultural y social.

Posiblemente es el campo de los escenarios del políticos donde esas plataformas ejercitan perspectivas del poder, resulta ser el instrumento que se reparte intencionadamente… Y que más allá del comportamiento emocional del individuo, adquiere razones en contextos más amplios de carácter colectivo que inciden en panoramas sociales que pueden ser capaces de construir imaginarios de esperanza frente a ideales y utopías.

Después de una reciente experiencia dramática sobre la cita final de la vida; Y, posiblemente conmovido, y no es para menos, a esta edad, hice la íntima confrontación teórica de la existencia, e intenté interrogarme, ¿Qué valores pueden generar la fortaleza suficiente para la fe en la vida…?

Recordé a Noan Gordon (1929-2020), en la novela “El medico” (1991), cuando el médico descubre a Ibn Sina (1037), médico persa que expresaba que, en el ánimo y el sentido optimista tienen la gigantesca capacidad enfrentar aquellos momentos de lucha interna en con los quebrantos de la biología humana.

No me cabe duda, es allí donde las ilusiones construyen esas gigantescas áreas imaginarias, capaces de levantar las más altas motivaciones individuales y colectivas. Sin embargo, la ciencia del comportamiento ha estudiado desde perspectivas científicas y resulta más que sorprendente como, atada a procesos colectivos de sugestión, se convierten en instrumentos contemporáneos para implantar modelos de pensamiento y hasta generar estados conductuales, algunas veces más imaginarios que reales.

Es verdad y tal como afirmaban en la Escuela de Frankfurt, desde Theodor Adorno (1903-1969) hasta Max Horkheimer (1895-1973), a lo largo del siglo XX y con mayor incidencia en lo que va del siglo XXI, la industria cultural homogenizó las reacciones emocionales a partir del entretenimiento y la distracción en medios y redes sociales. No esta demás destacar que el miedo, deseo y aspiración se convierten en las primeras reacciones del modelo. Aunque sabemos que esas reacciones no son reales…sino sugestión.

Ernesto Sabato (1911-2011) dijo alguna vez que, “Estamos tan desorientados que creemos que gozar es ir de compras”, alterando el comportamiento a quienes no dominan esa pulsión que combinan con placer, ¡Vaya confusión…! Tal vez vale recordar aquellas palabras de Matthew McConaughey, que dice, “No hay que morir nervioso”, recordatorio que la vida no vale la pena si la vivimos con miedo o ansiedad…

Hoy día se inunda la mente con acceso a miles de datos e información sin sentido ni utilidad, se elimina la capacidad el pensamiento crítico. Recordé a Ray Bradbury (1920-2012), en la novela, “Fahrenheit 451” (1953), cuando dice, “Dale a la gente concursos que puedan ganar, que recuerden la letra de canciones o los nombres de capitales o cuánto maíz produjo Iowa. Atibórralos de datos, que se sientan abrumados de información. Tendrán la sensación que piensan y serán felices. No les des filosofía o sociología para que empiecen atar cabos. Por ese camino se encuentra la melancolía”. Pareciera una novela escrita apenas ayer.

Es indudable, vivir la ilusión de la vida y las ambiciones de esa extraordinaria sensación de estar vivo, de ceder con humildad al agradecimiento de ver cada día el amanecer y construir desde la bondad los cimientos de la compasión, y reconocer al otro como la razón de la creación divina… esa y no otra, es la antesala de las ilusiones…

Entonces, ¿Por qué la psicología freudiana le otorga a la ilusión razones emocionales que previenen la soledad? ¿Cómo entender entonces la ilusión colectiva de sociedades que aspiran cambios y reformas a formas de control?

Alguna vez se dijo que la ilusión es el ángulo ciego de la razón, pero la matemática del cálculo pierde su sentido cuando la imagen de aquello inalcanzable se convierte en la obsesión que otorga validez a la vida. Seguramente la razón no lograría eliminar esa necesidad emocional de ser el amortiguador existencial que permite vivir y proyectar al futuro.
Es verdad, se corre el riesgo de creer intensamente y despertar un día sin que sea realidad. De repente por eso Haruki Murakami lo vincula a la nostalgia y lo convierte en ese combustible para seguir viviendo…

La razón siempre busca la claridad… pero la vida necesita sentido, como decía Víctor Frankl (1905-1997). Es innegable, la ilusión es la anticipación del futuro deseado… y eso la convierte en el motor de la transformación individual y colectiva… Entonces, ¿Por qué no ilusionarse por lo que aspiramos…?

Revise también

Trump

La Edad de Piedra de Trump

Luis Paulino Vargas Solís Trump amenaza a Irán con un ataque tan devastador que –esas …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *