En el tiempo de chayotes… chayotes

Cuaderno de Vida

Gustavo Elizondo Fallas

Gustavo Elizondo

En la discusión de la conformación de la matriz energética del país que lleva varios años, con discusiones muchas veces distorsionadas por temas ideológicos e intereses económicos sutiles, se dicen verdades a medias, mentiras mudadas de verdad y manifestaciones sin respaldo científico, con tal de imponer criterios.

Hay una realidad que parece salirse de la controversia, es claro y demostrable que el país cuenta con un excedente de electricidad, que se mide por la potencia instalada versus la demanda de la totalidad de sectores. Costa Rica cuenta con una matriz eléctrica muy limpia y en algunos meses se logró cubrir la demanda con energía no contaminante como lo es la hidroeléctrica, eólica, solar y geotermia, ¡albricias!, eso está muy bien.

Pero, ojo, no todo es color de rosa, aun mantenemos una alta dependencia de hidrocarburos, que viene in crescendo como insiste don Roberto Dobles en estas y otras páginas, por la influencia de una flotilla automotriz “sucia”, el crecimiento del consumo de gas LP en especial en residencias, uso de búnker en calderas; contrario a lo esperado de un país con aspiraciones a lograr una economía descarbonizada y hasta la C-Neutralidad, con compromisos ante el Acuerdo de París y con un nombre consolidado a nivel mundial como destino verde.

Esto trajo a mi mente lo que sucede en nuestros pueblos cuando en los meses de septiembre y octubre se viene la cosecha de chayotes, no hay casa que no tenga una mata en el patio o dentro de su finquita, entonces por varias semanas la dieta se vuelve chayotera, desde picadillos con variaciones en sus componentes secundarios, pero siempre con chayote como el principal, además de “chancletas”, sopas o simplemente una merienda de chayotes, para tener un aperitivo en el café de la tarde, donde sin duda la natilla será un complemento exquisito; entonces la frase que se usa cuando alguien reclama por estar hasta la coronilla de comer esta deliciosa verdura _de origen mesoamericano, cuyo nombre del náhuatl, hitzayotli, que significa: calabaza espinosa: es: en el tiempo de chayotes, chayotes_

Para el año 2020 la potencia instalada del Sistema Eléctrico Nacional, SEN, fue de 3 537 MW y la demanda máxima 1 738 MW, un sobrante potencial de 1 799 MW, aparte que tenemos 5 plantas del sector de generación privada, con energía limpia y barata, que están desconectadas, la potencia sumada de esas plantas es cercana a los 55 MW; siguiendo la metáfora, “nos sobran los chayotes” y entonces, debemos aprovecharlos. Pero sucede que el ICE produce chayotes a un precio mayor por múltiples razones: supuestos de crecimientos de demanda que no se cumplieron y llevaron a pifias gruesas en las proyecciones (incluir la recesión de la pandemia como distorsionante), proyectos con costos elevados tanto por causas naturales como por ineficiencia en la gestión, estructura de créditos a corto y mediano plazo que no se alinearon al período de vida útil de los proyectos, en fin, factores que encarecieron los chayotes.

No entremos a discutir sobre esta disyuntiva del ICE, institución que ha tenido grandes logros para el desarrollo del país, pero tal como lo dijo Macbeth en la obra de Shakespeare _what done is done_ poco o nada podemos hacer y no hay que llorar sobre la leche derramada. Lo que sí se puede hacer, antes de pensar en traer gas natural, que menos contaminante, no deja de ser una energía exógena, es aprovechar lo que aquí tenemos, siempre y cuando “bajemos el precio de los chayotes”. El sector energético, tanto los actores públicos como los privados, debemos de sentarnos a buscar alternativas para maximizar el uso de esa energía renovable; es una dolorosa ironía, un contrasentido, que tengamos plantas apagadas, que salgamos a vender a Centroamérica colones a pesetas, mientras seguimos importando hidrocarburos. En la ARESEP ya se habla de tarifas diferenciadas preferenciales para industrias que se pasen de calderas de búnker o leña a eléctricas, pero debemos caminar también a la electrificación de la movilidad, tanto en transporte colectivo como particular, en el sector residencial y comercial, con los peligros que representa la cocción con gas LP, estimular el uso de plantillas inductivas, que aparte del ahorro y la eficiencia con respecto a las cocinas de discos, siguen usando la electricidad como fuente. Estas son decisiones sencillas, pero debemos entrarle a la revisión de temas estructurales, animarnos a la aplicación de tarifas eléctricas que incluyan el concepto de costo evitado: ¿cuánto nos ahorramos con este kWh producido en el país, que genera empleo, ayuda a recuperar la inversión, no demanda divisas, genera impuestos y contribuye en determinada cifra en la ecuación de la C-Neutralidad?; bajo esa línea podríamos ofrecerle al usuario, que es al final de cuentas el principal invitado de la fiesta, una tarifa competitiva, que le permita ingresar en igualdad de condiciones en los exigentes mercados a nivel nacional e internacional. Esas tarifas competitivas, también será un atractivo para la permanencia y llegada de inversión extranjera, que tiene actividades altamente dependientes de la energía eléctrica.

Pero existirán otras muchas alternativas “de aprovechar los chayotes” y formas creativas de que el mercado de “chayotes” tenga actores bien regulados y con la cancha pareja, para quienes consumen “esta verdura” la puedan obtener de calidad y a precios competitivos.

Aquí terminamos nuestra historia de chayotes.


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