El siniestro historial de los amos de Chaves

Luis Paulino Vargas Solís

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El “memorando” por medio del cual Costa Rica acepta recibir, semanalmente, hasta 25 personas migrantes deportadas por Estados Unidos, no fue firmado por el presidente Chaves con su homólogo Trump de Estados Unidos. Fue firmado por Chaves con una subalterna de Trump: Kristi Noem.

Noem venía desempeñándose en el puesto de secretaria del Departamento de Seguridad Nacional (U.S. Department of Homeland Security). Despedida por Trump, ella ocuparía ese posición precisamente hasta ese día –23 de marzo– ya que al día siguiente sería relevada por Markwayne Mullin, hasta aquel momento senador del Partido Republicano por Arizona.

De tal modo, y a partir del 24, Noem pasaría a desempeñar el nuevo puesto para el que Trump la designó: enviada especial para el llamado “Escudo de las Américas”, el plan de Trump para la ocupación militar de nuestros países por parte del ejército estadounidense (que, en el fondo, no otra cosa desea Trump, contando con el sumiso aval de ese grupo de marionetas, que fingen ser presidentes, reunidas con él en un club de golf de su propiedad en el estado de Florida).

Y, en fin, ¿quién es Kristi Noem?

Digamos, muy en resumen, que su currículum durante los 14 meses que fue secretaria del Departamento de Seguridad Nacional, está “engalanado” por algunos morrocotudos escándalos de corrupción. El último de los cuales, que le costó el puesto, fue una campaña publicitaria por $200 millones para promover su imagen personal, en lo cual aparecía involucrada, como contratista, una empresa con la que Noem tiene intereses directos. Ya la tal campañita resultaba mortificante para Trump, cuya vanidad, de dimensiones cósmicas, le impide admitir que nadie quiera robarle protagonismo. Pero lo que rebalsó la copa fue que, ante un comité del Senado, Noem aseguró haber sido autorizada por Trump para realizar ese gasto, cosa que fue desmentida de inmediato por la Casa Blanca.

Admitamos que el hecho de ser un personaje envuelto en malolientes sospechas de corrupción, no es algo que, en lo absoluto, podría disuadir al presidente Chaves, no se diga de reunirse con ella, pero ni siquiera de rendirle pleitesía, al punto de dedicarle humillantes genuflexiones. Claro que no, puesto que chapotear en las miasmas de la corrupción es algo que Chaves disfruta la mar.

La cosa es que, como máxima autoridad del Departamento de Seguridad Nacional, Kristi Noem era, asimismo, la superior del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos. O sea, la sanguinariamente célebre ICE, la policía militarizada, terriblemente violenta y arbitraria, a cargo del control de la migración.

Esto último hace a la señora Noem directamente responsable de las incontables brutalidades cometidas por el ICE, lo cual incluye redadas extremadamente violentas, detenciones arbitrarias, invasión de la privacidad de los hogares –incluso hogares de ciudadanos estadounidenses– separación de familias, orfandad impuesta a centenares de niños y niñas, deportaciones ilegales, torturas y… asesinatos, incluso el asesinato de tres civiles estadounidenses. Según reporta el New York Times, solo en lo que llevamos de 2026, han muerto 13 personas en los centros de detención del ICE. Cerca de 35 fallecieron en 2025.

Esa es la calidad de persona a la cual Rodrigo Chaves le dedica reverencias y genuflexiones.

Que, por cierto, se me ocurre que, reunido con ella, Chaves debió pedirle cuentas sobre lo ocurrido con Randall Gamboa, nuestro compatriota de Pérez Zeledón asesinado por el mismo ICE que esta señora dirigía.

Era su obligación hacerlo. Era lo que cualquier presidente de Costa Rica, digno de su puesto, tendría que hacer.

¿Lo hizo? Por supuesto que no.

Chaves “se hace en los pantalones” –el número 1 y también el número 2– de solo pensar en la posibilidad de tener un gesto de rebeldía –pero ni el mínimo gesto de rebeldía– frente a sus amos del gobierno trumpiano.

Economista jubilado

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