El resultado de las elecciones

La seriedad de la política

William Hayden Quintero

William Hayden

El domingo 1° de febrero amaneció ventoso y frio con el termómetro a 12 grados en el Gran Área Metropolitana y en algunas zonas montañosas aledañas rosando el hielo que carcome los huesos. A las 6 de la mañana se abrieron los centros de votaciones en todo el país, sería una larga jornada de 12 horas para que la ciudadanía ejerciera su derecho sagrado y democrático al voto. Poco a poco y tiritando de frio comenzaron a llegar los primeros votantes madrugadores. Nuestro ejército de voluntarios encargados de mesa madrugó y a las 4 o 5 de la mañana estaban listos con sus fusiles al hombro (lápices y bolígrafos) para que el pueblo ejercería libremente el voto.

En las afueras de las escuelas robándole espacio a las aceras y calles había otro ejército, los puestos de cada uno de los partidos, especialmente de los mayoritarios a quienes las encuestas daban como posibles ganadores, en cada uno de ellos los voluntarios partidistas vestidos con los colores de sus agrupaciones, banderas multicolores, eran numerosos y pequeños arco iris vistosos, con niños, jóvenes, mujeres, ancianos, departiendo con alegría en sus labores de auxiliar a los seguidores que buscaban cédula en mano las mesas de votación, era una sana y competitiva fiesta llena de hermandad.

En las calles frente a las escuelas, por las presas, pasaban lentamente los carros llenos de pasajeros, familias, igualmente con vestimentas alusivas a los colores de las agrupaciones y agitando en las ventanas las banderas, hasta las mascotas (perros y gatos) que los acompañaban iban vestidos, los choferes de automóvil se daban gusto tocando las escandalosas pitoretas alusivas a los sonidos del partido, si se encontraban con un militante partidario los pitos eran una algarabía al saludarse y si el carro era contrario los pitos se tocaban semejando burlas de sonidos en una especie de guerra sónica fraternal.

Adentro, de la escuela, los miembros de mesa con sonrisas de bienvenida recogían las cedulas, cortejaban los datos, entregaban las fórmulas de votación separadas, para presidente y diputados, frente a ellos las cajas para ejercer el voto, cada elector revisaba la fórmula y con mano temblorosa de nerviosismo a equivocarse y anular el voto, tomaba la ametralladora: la crayola anaranjada, estampaba (disparaba) con seguridad la “X” en el espacio en blanco y depositaba las fórmulas en las cajas bajo la supervisión de un fiscal de mesa. Cumplido el voto recogía su cédula, la guardaba como un tesoro y salía gozoso con el deber cívico cumplido. Todo el proceso de votación fue inmaculado, puro, libre, soberano, expedito, festivo, rapidito. Viéndolo así, somos una democracia bendecida por DIOS.

Las elecciones trascurrieron en un ambiente normal, lleno de colorido y alegría, una vez más le demostramos al mundo que tenemos la mejor democracia de todo el planeta. Mientras en muchos países reinan las tiranías, los dictadores que anulan elecciones, los fraudes y chanchullos electorales en las urnas, nosotros votamos en paz felices y sin miedo para elegir a nuestros próximos gobernantes y diputados.

Desde las 8 de la noche toda la familia ansiosa, esperanzada y nerviosa sentada frente al televisor en espera de que a las 8.45 el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) iniciará el tradicional conteo provisional de cada cuatro años de las votaciones. La sesión empezó con un breve, claro y sincero discurso de la presidenta Eugenia Zamora, algo dolida por los insultos y desconfianza del presidente Rodrigo Chaves, su dama sombra: la Pilar Cisneros y hasta la pupila candidata presidencial Laura Fernández que dudaron de la honorabilidad del TSE, insinuaron fraudes, chorreo de votos al estilo de las tiranías, y se sospecha (decían por ahí) que tenían piquetes armados escondidos para salir a defender con armas el voto recibido y evitar el fraude del TSE.

Casi a las 9 de la noche El TSE dio el primer resultado provisional. Mesas escrutadas, 2228 correspondiente al 31%, abstencionismo 31,4%, Laura Fernández 326.733 votos (53,04%), Álvaro Ramos 185.257 votos (30,06%), Claudia Dobles 24.037 votos (3,90%) y Ariel Robles 19.827 votos (3,23%). Ganaba Laura en hora buena, felicitaciones y al filo de las doce de la noche el gane de Laura fue contundente: 1.093.008 votos correspondientes al 48,51%. Como lo dije en uno de mis artículos: 16 años después otra Laura ganaría la presidencia de la República, así son de caprichosos los giros del carrusel de la vida.

Si el presidente Rodrigo Chaves ya eufórico con el continuismo del chavismo quiere quedar ante los ojos del pueblo costarricense como un hombre de bien, debería mañana en su habitual conferencia de prensa pedir perdón al TSE y a su presidenta Eugenia Zamora, a quien insultó, vilipendió y dudó de su honorabilidad, reconocer que estaba equivocado. Costa Rica no es Indonesia.

NOBLEZA OBLIGA. EL PUEBLO LO ESPERA.

Economista jubilado

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