El Edificio Metálico

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Carlos Revilla M.

Carlos Revilla

Uno de los recuerdos que más atesoramos, es nuestro paso por la escuela y colegio. Tal vez esto sea por lo sencillo que era todo en ese período de nuestras vidas. Prácticamente la única responsabilidad era estudiar, del resto se hacían cargo nuestros padres. Con esto no quiero obviar que había (hay) mucha injusticia social, pero de niño eso no es tema para uno, casi que pasa inadvertido, y solo de adulto hay conciencia de las cosas.

Sobre lo anterior, en mi época de escuela, finales de los años 60s y principios de los 70s, sucedía algo muy interesante, lo cual era que las clases sociales estaban integradas en las escuelas públicas. Casi no había privadas, y entonces todos asistíamos a alguna estatal. Para mi, esto fue una experiencia muy enriquecedora. En mi caso, hice la primaria en la Escuela Buenaventura Corrales, conocida popularmente como “La Escuela Metálica”, por estar en el Edificio Metálico. Creo que todos los ticos lo conocemos, y los que no, por lo menos han oído hablar de el, además que sabemos que está en el centro de San José, entre el Parque España y el Morazán.

Tuve el privilegio o la suerte de vivir cerca de la escuela. En esa época no había “transporte estudiantil” y había que llegar a como se pudiera. Vivía muy cerca de la escuela, por lo que caminaba desde mi casa en Barrio Otoya, en un trayecto que lo hacía en solo siete minutos (lo medía). Sin embargo, recuerdo compañeros que se venían a pie hasta de Calle Blancos en Guadalupe. Aprovecho para enviar un gran saludo para mi maestra, la niña Aida, con quien hace poco compartí en Heredia.

Iba y venía solo de la escuela. En esos años no había tanto problema de inseguridad, como lo hay ahora. Claro que pasaban cosas, pero era diferente. De quienes había que cuidarse era de “azulito” y “María aguacates”, personajes con los que nos asustábamos en ese entonces.

No estaba consciente que el lugar donde recibía las lecciones era muy especial, sencillamente uno no lo determinaba.

Uno de estos días tuve acceso a un recorte de periódico, de los años 70s del siglo pasado, y venía una foto de lo que era el “play” que estaba frente a la entrada principal de la escuela. Esto fue como prender un “switch”, porque me vinieron a la mente una gran cantidad de recuerdos. La foto parece tomada de un tobogán muy alto que había en el lugar. Ahí era donde teníamos el llamado “recreo grande”, que era de diez minutos, y el único momento, durante el período lectivo, que podíamos salir de la escuela. Creo que había otros dos recreos de cinco minutos. Ahora ese campo se integró al conjunto del Parque Morazán, con una fuente muy bonita. A pesar que ya no existe el antiguo lugar de juegos infantiles, hay una figura que lo recuerda.

Toda esta introducción, es para hablarles del Edificio Metálico y su historia, que es muy interesante.

Siendo en 1890 don Buenaventura Corrales presidente de la Junta de Educación de San José, se planeó y aprobó construir una escuela en el centro de la capital. Corrales ocupó el cargo de escribiente en el Ministerio de Instrucción Pública en 1884, fue ascendido a Oficial Mayor de dicho Ministerio (1885), puesto en el que brindó una gran colaboración a Mauro Fernández en la reforma educativa aprobada en esos años. Por eso, en reconocimiento a su labor en favor de la educación, a la “Escuela Metálica” se le puso su nombre.

Originalmente la escuela se llamaba “Escuelas Graduadas“, como se puede ver en la parte superior de la fachada del edificio, lugar donde está el busto de Atenea (Minerva para los romanos), la diosa de la sabiduría. Como dato curioso, ahí se consigna el año 1890, que es en el que se aprobó la construcción, y no el año de 1896, que es el de la inauguración del edificio.

Era el período más liberal de la historia de Costa Rica, cuando se le dio una gran importancia a la educación, y por ende también a la inversión en la infraestructura educativa.

El edificio se adquirió en Bélgica en laminas metálicas, hechas por la empresa Herrerías Aiseau S. A. (en otras fuentes se consigna S. A. Forges d’Aiseau). En 1888 este es embarcado desde Europa para ser construido en San José. Su ensamblaje se da entre 1892 y 1896. Se pidió al Arq. Charles Thirion hacerse cargo del diseño y suministrar a Costa Rica el pedido de las estructuras que la Exposición de París y la construcción de la Torre Eiffel habían puesto de moda.

Los materiales alcanzaban el costo de ₡ 340.000, mientras que con terreno, cimientos y ensamblado de materiales el costo se duplicaba. Costa Rica se ponía así en cabeza de muchos países, con la construcción de uno de los edificios más revolucionarios de la época.

El inmueble era uno de los más avanzados para su tiempo. Contaba con hojas de acero embutidas y galvanizadas de doble pared, espacios intermedios contra el calor, aislamiento antisónico de capas de hormigón, rejas, escaleras y balcones de hierro, torrecillas rematadas por veletes para señalar la dirección del viento, frontonas y partes ornamentales y acondicionamiento interior de técnica avanzada.

La idea era dotar a San José de “un palacio de la educación” que, a la vez, pudiera resistir embates como los del reciente terremoto de 1888. La fama del local se consolidó cuando, con motivo del terremoto de 1910, sus aulas se convirtieron en salas de hospital para atender a los heridos traídos de Cartago.

A través de los años han estado varias escuelas, incluso hasta cinco al mismo tiempo. No quiero dejar de mencionar a la Escuela Julia Lang, que funcionó mucho tiempo en la parte oeste, y que era para mujeres, así como la Buenaventura Corrales era para hombres. En 1984 se fusionaron todas las escuelas y ahora solo funciona la Buenaventura Corrales, que es mixta.

Notables personalidades de la vida pública han pasado por sus aulas. Entre otros, los Expresidentes Daniel Oduber, Mario Echandi, José Joaquin Trejos, Rafael Angel Calderón —Beneméritos de la Patria—, y Miguel Angel Rodríguez, Gonzalo Facio, José María Crespo, Carlos Manuel Castillo, Mauro Fernández, Guido Fernández, Alberto Cañas, Elías Soley, César Valverde, Rodrigo Madrigal Nieto, Guido Sáenz, Fernando Naranjo y otros destacados ciudadanos.

Su belleza y su aspecto único, así como su método constructivo lo hacen uno de los edificios más reconocidos del país. Fue declarado patrimonio arquitectónico de Costa Rica el 29 de Julio de 1980 mediante el decreto 11663-C

Ante algún deterioro importante, en el 2009 pasó por un proceso de restauración patrocinado por el Ministerio de Educación (MEP) y el Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural, del Ministerio de Cultura y Juventud. Se repararon las columnas, el sistema eléctrico, y se agregaron rampas para cumplir con la norma 7600 de acceso a los discapacitados.

Del Edificio Metálico se puede decir lo mismo que de un famoso wiskey escocés Johnny Walker: “121 años de edad y sigue tan campante…”

Preparé una galería con muchas imágenes actuales y antiguas.


 
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