El cambio del Concepto Estratégico de la OTAN en la conferencia de Madrid

Enrique Gomáriz Moraga

Enrique Gomariz

Hay coincidencia acerca de que los dos asuntos medulares de la próxima conferencia de la OTAN, que se reúne en Madrid los días 29 y 30 de junio, se refieren, de una parte, al previsible cambio en el Concepto Estratégico de la OTAN y, de otra, a la posibilidad de la ampliación de la Alianza, con la eventual integración de dos nuevos miembros, Finlandia y Suecia.

En cuanto a la ampliación de la OTAN, existen indicios que hacen pensar que la entrada de esos dos nuevos miembros podría quedar en pausa. Sobre todo, en el caso de Suecia las objeciones de Turquía no son tan fáciles de superar como aparece en la mayoría de los medios. La cantidad de personas kurdas que han adquirido la nacionalidad sueca o el estatus de refugiado se sitúa en torno a cien mil y limitar o coartar sus actividades políticas, que el presidente turco Erdogan califica de terroristas, no va a resultar sencillo. Así que la incorporación de Suecia a la Alianza podría ser un asunto que quedara para resolver formalmente más adelante.

En cuanto al cambio de Concepto Estratégico de la Alianza, que definirá los parámetros de su estrategia en el futuro, parece que sí será efectivamente resuelto en esta reunión de Madrid. Y no porque represente un cambio menor. El anterior Concepto, suscrito en la Conferencia de Lisboa de noviembre de 2010, tenía una prioridad: lograr una alianza con la Federación Rusa y otros estados para enfrentar las nuevas amenazas emergentes: el terrorismo islámico y otros Estados desestabilizadores, como Irán. Por esa causa, el apartado del Concepto de 2010 que trata sobre Rusia es sorprendentemente positivo.

Frases como “la cooperación OTAN-Rusia tiene una importancia estratégica ya que contribuye a crear un espacio común de paz, estabilidad y seguridad”, podrían parecer hoy escritas por un pacifista trasnochado o por un entusiasta prorruso. Sin embargo, no resultaban tan chocantes en 2010, después de años de existencia del Acta Fundacional Rusia-OTAN de 1997 o del intento de reflotar esa iniciativa de cooperación entre Rusia y la Alianza que tuvo lugar con la Declaración de Roma, producto de la conferencia celebrada en esa capital en el 2002. Por cierto, que en esta resolución incluso se llega a decir que podría existir “la posibilidad de establecer un centro de entrenamiento militar integrado OTAN-Rusia para misiones que aborden los desafíos del siglo XXI”. En suma, no parecía excluida una alianza político-militar entre Rusia y la OTAN. Incluso algunos optimistas acariciaban la idea de una integración de Rusia en la Alianza.

Vista la situación actual, lo primero que hay que pensar es cuan poco confiable era la capacidad de análisis prospectivo que mostraba la OTAN hace sólo una década. Tiene toda razón Angela Merkel cuando afirma que su relación con Rusia en ese tiempo estuvo en completo acuerdo con el clima del momento. También en la OTAN.

Para la preparación del nuevo Concepto Estratégico que sería aprobado en Madrid, la OTAN ha solicitado un estudio previo a un grupo de pensamiento y consulta, que ha estado liderado por Daniel S. Hamilton de la Universidad Johns Hopkins, asistente veterano de la Secretaría de Estado de los Estados Unidos.

En el informe resultante del estudio, se subraya el radical cambio de contexto: de una época de colaboración y relativa certidumbre, a otra, que se califica de “era de disrupción”. Para dar respuesta a las amenazas que surgen de este nuevo escenario, en donde se menciona por primera vez las que proceden de China, se propone una estrategia que el informe denomina “Uno más cuatro”. El primero es el que se considera nodal, la cohesión interna de la Alianza: “el fortalecimiento de la cohesión de la Alianza debe ser el principal eje del nuevo Concepto Estratégico”. Los otros cuatro recogen los tres ya anunciados en el Concepto de 2010, defensa colectiva, manejo conjunto de crisis, seguridad cooperativa para la Alianza, al que se agrega un cuarto, que denominan de Resiliencia integral. Para ello es necesario que la OTAN aumente sus capacidades en todos los dominios: “tierra, mar y aire y dominio cibernético”, pero enfatizando “el enfoque para las operaciones multidominio”.

Pero el informe advierte que este planteamiento necesita una visión más global. “Los teatros del Indo-Pacifico y del Atlántico-Norte están cada vez más vinculados. La capacidad de la OTAN para hacer frente a las amenazas tradicionales y no convencionales en Europa se están articulando con las amenazas que surgen de los intereses propios de China”. Ello implica un nuevo reparto del trabajo dentro de la OTAN: Estados Unidos pondrá su énfasis en el teatro Indo-Pacífico, mientras que los países europeos de la OTAN tendrán que aumentar su contribución a la carga que representa la defensa en el Atlántico-Norte y principalmente del escenario europeo.

El informe adopta una posición ambigua respecto a la relación de la OTAN con Rusia. Por supuesto que elimina todo aquello referido a la alianza fraterna con Moscú, aunque tampoco la menciona explícitamente como el nuevo enemigo sistémico. Pero ha incluido un párrafo en su presentación, sobre Rusia, que luego no recoge en sus conclusiones. Dice el párrafo: “La OTAN debe estar preparada para llegar a compromisos con Moscú. Las medidas mejoradas de disuasión y defensa deben ser reforzadas por las ofertas de la OTAN para llegar a acuerdos con Moscú. Este compromiso no es un favor para Putin; está en los propios intereses de la OTAN. Los esfuerzos podrían incluir minimizar los riesgos de escalada, evitar incidentes involuntarios o errores de cálculo en los cinco dominios, mejorar la transparencia y las medidas de fomento de la confianza, y volver a los acuerdos de control de armas nucleares y de otro tipo”. El hecho de que este párrafo en la introducción no sea recogido en las conclusiones del informe, hace pensar que no habría habido un amplio consenso al respecto entre sus redactores. Es difícil saber si esta idea será recogida en el nuevo Concepto Estratégico que saldrá de la reunión en Madrid.

Más allá de hasta qué punto este documento preliminar acabe siendo la base del Concepto que se apruebe finalmente en esta reunión, parece indudable que este Concepto será muy diferente al aprobado por la OTAN en 2010. La cuestión de fondo consiste en saber si el nuevo Concepto Estratégico que surja de la reunión en Madrid contribuirá a la reconstrucción de un esquema de seguridad que busque regresar a una paz duradera para Europa, o bien relanzará la confrontación este-oeste, alimentando la espiral belicista y de rearme que caracterizó los primeros momentos más peligrosos de la guerra fría. La ciudadanía preocupada por la paz, así como las autoridades de gobierno, deberían estar atentas sobre la orientación que adopte en la reunión de Madrid una alianza militar que también es nuclear.

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