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El Acuerdo de Asociación Estratégica entre Costa Rica y El Salvador

Carlos Manuel Echeverría Esquivel

Carlos Manuel Echeverría

El 5 de noviembre del año 2018, el Presidente de Costa Rica Don Carlos Alvarado, ordenó la publicación en el diario oficial costarricense, del Acuerdo de Asociación Estratégica entre El Salvador y Costa Rica, ratificado por el Congreso costarricense el 25 de octubre del 2018, mediante decreto legislativo # 9624, expediente # 20068. El acuerdo fue originalmente suscrito el 27 de julio de 2016, por los señores presidentes de los países en ese momento, en ocasión de la visita oficial del profesor Salvador Sánchez Cerén a Costa Rica. Fue ratificado por el Congreso de El Salvador a los pocos meses y en el caso de Costa Rica se demoró mucho, porque los procesos legislativos a veces se vuelven lentos, por ninguna razón en particular. Hay que reconocerle al licenciado Esteban Arias de la Cancillería Costarricense, su esfuerzo dándole seguimiento. ¿Qué importancia tiene ese acuerdo?

El acuerdo, cuya primera redacción corrió por cuenta de las ministras consejeras de la Embajada de Costa Rica en El Salvador licenciadas Bernardina Vargas y Sussi Jiménez junto con el suscrito y que luego fue revisado por las cancillerías de los dos países, se constituye en un marco fundamental para desarrollar las relaciones entre ellos. Por su carácter estratégico, que trasciende gobiernos pasajeros al ser política de Estado en ambos países, es expresión de voluntad compartida, comprometidos aquellos con los valores de la Democracia Occidental, así como la voluntad expresa, de desarrollar nexos multidimensionales.

Por definición, el carácter estratégico del Acuerdo lo liga a objetivos fundamentales en cuanto al desarrollo de cada parte, así como a una visión de un destino compartido, reflejo claro de un pasado común virtuoso y de un futuro que puede ser promisorio más fácilmente, si ambos países acometen los retos que aquel plantea, en forma conjunta. Así mismo, los dos países asumen al suscribir el documento, la responsabilidad mediante acciones concretas, de darle nueva vida a la hoy alicaída integración centroamericana, debilitada por las dificultades políticas que se presentan en tres países claves, en contradicción con los mismos postulados fundamentales integracionistas. El Salvador y Costa Rica, de los cinco países que integran el núcleo original de la integración centroamericana, son los únicos cuyos sistemas políticos, con todo y sus fallas, demuestran solvencia en lo esencial. Constituye una aceptación de un ineludible destino común, en parte por los vínculos creados a lo largo de la historia, pero más aún por los retos que el futuro plantea a los dos países y la Región SICA como un todo, que conviene enfrentar aprovechando las economías de escala en todos los campos, lo que la integración facilita.

Se trata de profundizar los “vínculos políticos, económicos, comerciales, de cooperación, culturales, jurídicos y sociales”, teniendo como norte el objetivo de “fortalecer la relación bilateral y solidaria, basada en el pasado histórico común, en los valores y aspiraciones que comparten las Partes, para facilitar el progreso sostenido y conjunto de ambos pueblos”. Para ello se constituye un Consejo de Asociación, un mecanismo de diálogo político y tres comisiones especiales para tratar los temas políticos, de cooperación y comercio e inversión.

No solamente se trata de enfrentar situaciones difíciles que se están dando y vendrán en el futuro. Uniendo esfuerzos para ser más fuertes, animando a los otros países centroamericanos a corregir sus actuales y críticas deficiencias para ser parte proactiva de la lucha sin fin por progresar sostenidamente, se trata de aprovechar las oportunidades que el futuro plantea, en algunos casos, como el del crítico Cambio Climático, transformando desafíos en oportunidades.

Los más viejos ofrecemos gustosos la tea insignia de la lucha sin fin a los más jóvenes, encarnados en el caso de Costa Rica y El Salvador, en dos gobiernos presididos pronto por jóvenes, que sin duda comparten mucho y que deberían, con el apoyo de sus colaboradores y dirigentes extra gubernamentales, hacer el mejor uso posible del instrumento.

Ex Embajador de Costa Rica en El Salvador


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