De nuevo el ferry centroamericano

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Progresemos

Carlos Manuel Echeverría Esquivel
cmecheverria@yahoo.com

Carlos Manuel Echeverría

Con gusto pero escepticismo, he leído en diarios de Costa Rica y El Salvador que el ferry centroamericano será activado próximamente, a navegar en primera instancia entre el Puerto de la Unión en El Salvador y Puerto de Caldera en Costa Rica. Con gusto porque Centroamérica lo necesita y escéptico por la experiencia al respecto. Me explico.

La embarcación llamada “ferry”, del que el “ferry nicoyano” es un exponente viejo y pequeño, es una diseñada para prestar servicio de transporte de vehículos de carga y pasajeros, así como personas, en distancias cortas. Los hay para centenares de camiones con remolques o plataformas cargando “contenedores”, con espacio también para autobuses y decenas de vehículos de pasajeros. Cuentan con restaurante, sitios de esparcimiento para conductores y turistas y hasta camarotes. Los “contenedores” montados en sus plataformas o remolques, pueden viajar enganchados a sus respectivos cabezales o sin ellos.

Las embarcaciones tipo ferry son de poco calado, por lo que no conviene se alejen demasiado de la costa; no están diseñadas para viajar por ejemplo de Nueva York a Londres, aunque si pueden hacerlo de Miami a La Habana o por supuesto de La Unión a Caldera, un viaje de entre 16 y 24 horas dependiendo de la velocidad de navegación.

Características fundamentales son que los ferris por definición no requieren de servicio de grúas para ser descargados, pues los vehículos entran y salen por sus propios medios o tirados por su respectivo cabezal. Tampoco requiere servicio de remolque en los puertos como en el caso de los barcos convencionales. Esto hace que en todo el mundo se les cobra una tarifa menor que la que pagan los barcos convencionales que si requieren de ambos servicios.

Un ferry centroamericano entre La Unión y Caldera es a todas luces conveniente, especialmente porque el mercado centroamericano es el segundo en importancia para los países de la Región y el principal para la industria de manufactura tradicional. Viene a ser además como una autopista sobre las aguas marítimas que no requiere mantenimiento.

Dejemos de lado la posible conveniencia estratégica de evitar el que la carga centroamericana pase por Nicaragua, en virtud del riesgo que significa la volátil situación política en ese país hermano y vecino de Costa Rica. Las carreteras y facilidades fronterizas en Centroamérica están al borde del colapso; el reducir el volumen de tráfico de carga sería sumamente beneficioso. Un ferry como el que pensaba poner a funcionar la naviera española que se metió de lleno a trabajar el tema con el gobierno que haga la ruta ida y vuelta entre los dos puntos mencionados, podría dar espacio a 720 contenedores a la semana, una suma apenas como para desahogar las fronteras entre El Salvador y Costa Rica, seis en total. Para fomentar el turismo entre Costa Rica y El Salvador también es sin duda práctico.

Cuando inicié mi misión como Embajador de Costa Rica en El Salvador en noviembre de 2014, el tema del ferry estaba empezando a ser tratado. Desde ese momento hasta el fin de mi gestión, asumí el proceso de consolidación del servicio de ferry o cabotaje entre La Unión y Caldera, como uno de los emprendimientos prioritarios de mi gestión, sirviendo como facilitador entre las autoridades costarricenses y las salvadoreñas. Todos trabajando conjuntamente y con ilustrado entusiasmo llevamos el tema hasta el punto de despegue, pues en una visita a Caldera de la comisión oficial salvadoreña que manejaba el tema, el señor gerente de este puerto costarricense, nos enseñó donde el ferry atracaría, donde se ubicarían las facilidades de atención y como se manejarían los vehículos para egresar e ingresar al ferry. Todas las dificultades parecían estar superadas.

Después de esa visita una delegación costarricense viajó a El Salvador para conocer las facilidades del Puerto de la Unión. Desgraciadamente, el principal funcionario para los efectos del servicio de ferry de la delegación visitante, prefirió no viajar del aeropuerto al Puerto de La Unión, tramo que se haría en helicóptero, pero podía hacerse por vía terrestre también. Después de esa visita empezaron los problemas en Costa Rica, con oposición de la gremial de empresas navieras y aparecieron “desafíos” anti ferry que no pesaban antes de la visita. El Salvador estaba y sigue estando listo para iniciar; Costa Rica no.

Algo tan importante para el progreso como es el ferry toca intereses privados, antagónicos con el interés general, que es el que debe prevalecer. Se ponen en evidencia también, los inconvenientes que se dan cuando los proyectos de ley no son presentados al Congreso ni revisados por éste con la experticia y excelencia debida. La legislación que permitió la operación del Puerto de Caldera por un ente privado, no previó el tratamiento correcto del servicio de ferry centroamericano; imperdonable omisión por negligencia o adrede, no sabemos y posiblemente nunca lo haremos. Por otro lado, expone además lo alejado que podría estar el manejo de un puerto público del interés nacional, cuando quien gestiona es una empresa privada y más cuando es foránea. Aclaro: no me opongo a las concesiones, ¡pero caramba! ….que quienes las preparan, negocian y aprueban, hagan un buen trabajo.

Por las razones apuntadas y porque siento que en la administración anterior faltaron agallas y decisión política, es que estoy escéptico. Como dice el refrán: “viendo el payaso soltando la risa”.

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