Chavescisnerismo y corrupción

El lobo cuidando a las ovejas

Luis Paulino Vargas Solís

Chavescisnerismo

La fanaticada chavista vive flotando sobre una nube rosa de autoengaños, agarrada a una letanía infinita de justificaciones y autojustificaciones, para hacer creer que el día es noche, que la lluvia es seca, que las piedras son de seda y que el sol sale por el oeste y se pone por el norte.

Tonterías en el mejor de los casos. Tremendas imbecilidades, muy a menudo. Mentiras mondas y lirondas, invariablemente.

Una de esas tan groseras triquiñuelas, es la que quiere hacer creer que Chaves y su gente, incluida su títere, la candidata Fernández, tienen, como uno de sus grandes objetivos, el combate contra la corrupción.

Y, bien, podemos hacer los recuentos usuales de los viejos escándalos de corrupción en que se vieron embarrados figurones del PLN, el PUSC y, finalmente, hasta del PAC. Que el Anglo, que Fischel-Caja, que Alcatel, que la trocha, que el cementazo, etc. etc.

Todo en procura de satisfacer ese gusto chavista por vivir aferrados al pasado para fingir no darse cuenta del presente.

Y, al cabo, para quien no tiene vendas en los ojos ni tapones en los oídos, y para quien no huye de la realidad ni se empeña en negar lo obvio, una cosa está clara: la «ruta de Rodrigo Chaves» y la «ruta del chavescisnerismo» en Costa Rica, están plagadas de hechos irregulares y corruptos a un nivel tal, con una proliferación y una abundancia y una explosión demográfica tales, que, en rigor, solo una cosa cabe decir: son, por mucho, el gobierno y el movimiento político más corruptos de nuestra historia como nación independiente.

Ya desde la campaña política que, hace 4 años, llevó a Chaves a la presidencia, con aquella cosa, oscura y retorcida, de la «estructura paralela» de financiamiento de la campaña.
Y de ahí en adelante, suman, suman y suman.

Y, ojo, que no en todos los casos son cuestiones ilegales, del tipo de los chanchullos del aeropuerto de Liberia o la casa de Choreco o las concesiones de EBAIS de la Caja.

Pero, incluso si no fueran ilegales, son una completa indecencia y, por lo tanto, una expresión de corrupción.

Mencionemos, a título ilustrativo, los casos en que ha habido evidente favorecimiento a amigos y vecinos del presidente y/o financistas de su campaña electoral: «ruta» del arroz, puerto de Caldera, Gandoca-Manzanillo.

Recientemente el INS se volvió, gracias sean dadas a la «creatividad» del presidente, en una cajita de sorpresas, un estuche de monerías de lo más coqueto, del que salían cositas tan corrongas como los estrechos vínculos presidenciales con una constructora mexicana de dudosísimos antecedentes, las presiones presidenciales para adjudicar millonarias licitaciones a empresas que quedaron muy mal calificadas, pero que, por alguna enigmática razón, gozaban del favor presidencial. Hasta culminar con el cuento de hadas de Choreco -gran amigo y asesor del presidente- queriendo introducir, por debajo de la mesa, la fruslería de $10 millones al puesto de bolsa del INS. Que, según se ha hecho público, serían los primeros 10 de un monto total que podría llegar a los $100 millones.

Y todavía la fanaticada chavista se empeña en decir que Chaves es el «campeón de la lucha contra la corrupción».

O sea: poner al zorro a cuidar el gallinero; al lobo a cuidar a las ovejas; al león a cuidar las crías de venado.

Una pizca de seriedad, por favor.

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