Cámaras-trampa

Pandemia

Yayo Vicente

Durante la pandemia se han reportado avistamientos inusuales de fauna silvestre en los espacios urbanos. La explicación más aceptable es que siempre han vivido muy cerca y ante la ausencia de humanos, sus actividades y bulla, se animan a explorar nuevas áreas. Les habíamos quitado su espacio y por un rato se lo hemos devuelto.

Una nueva actitud

Atrás quedaron los tiempos de las “flechas” (resorteras) caseras, un “juguete” de los niños durante buena parte del siglo XX. Con ellas medíamos la puntería, matando pájaros, lagartijas, ranas y cualquier cosa viva del tamaño adecuado. Una arma efectiva, mortal, portátil, pequeña, de fabricación casera. Todos teníamos una, no había compasión ni arrepentimiento, solo contaba la demostración ante los amigos, de la buena puntería.

Las ciudades se fueron llenando de cemento y de ruido, los ríos urbanos se convirtieron en cloacas abiertas y basureros. Nos fuimos quedando solo con los animales comensales (nocivos), que llegaron aquí, junto a los europeos: rata noruega (Rattus norvegicus), ratón común (Mus musculus), rata negra (Rattus rattus), zancudos (Aedes aegypti), cucaracha americana (Periplaneta americana) originaria de África, cucaracha alemana (Blattella germanica), cucaracha australiana (Periplaneta australasiae), paloma de castilla (Columba livia), abejas africanizadas (Apis mellifera) y por supuesto que también tenemos a las mascotas (que cuando su población está controlada y su cuido es el adecuado, son una agradable compañía): perro doméstico (Canis lupus familiaris) y el gato doméstico (Felis silvestris catus).

Esa falta de empatía para con la naturaleza, fue modificada de una generación a otra. La “buena puntería” pasó de ser una cualidad, a un acto criminal y despiadado. Muchos factores han influido en ese afortunado cambio, desde los programas de TV (a colores) de El Planeta Azul, las tomas submarinas de Jacques Cousteau hasta gente visionaria, que impulsaron una manera distinta de ver las cosas.

A los cambios debemos ponerle nombres y apellidos de quienes vieron lo que es invisible para los demás y luego nos arrastraron a todos. Álvaro Ugalde y Mario Boza, compraron los consejos de importantes científicos extranjeros que nos visitaban y se echaron el bacalao al hombro. Fueron apoyados por gobernantes como: Francisco J. Orlich, José Figueres y Daniel Oduber. Muy temprano en nuestra historia (diciembre de 1969), se aprobó la Ley Forestal, que protege los ríos y sus bosques aledaños (bosques de galería). Antes que las motosierras arrasaran la totalidad de los bosques, en el año 1970 se inició la red de parques nacionales.

Por cierto, que los bosques y los pulmones de mucha gente, fueron salvados por el esfuerzo tenaz del ICE en llevar electricidad a cada rincón del país. Los hogares abandonaron el fogón, la leña y el humo y lo reemplazaron por las modernas cocinas eléctricas.

Hoy la imagen positiva e internacional del país, descansa en ese respeto ambiental. Es tan importante, que merece seguir profundizándose e incorporando a nuestra cotidianidad todas las riquezas y beneficios de proteger y disfrutar el ambiente. La tarea que sigue no es sencilla, pero el viento a favor es la actitud ambiental de la mayor parte de los ciudadanos y que ya se incorporó en el ADN del tico.

Los ríos urbanos

Estamos recuperando los ríos que atraviesan nuestras ciudades, comenzamos por no arrojar la broza del café en ellos (lo que ya no se hace) y otras materias orgánicas (como las aguas negras, desechos de lecherías y porquerizas) que consumen el oxígeno del agua y “mata” al río. Es necesario evitar la contaminación con basura inorgánica para que finalmente veamos otra vez vida acuática.

Mientras tanto, los bosques de galería están sirviendo para mejorar el paisaje, preservar los cuerpos de agua, mejorar el clima, servir de corredores biológicos (que conectan muchas áreas) y por supuesto de hábitats para mucho animal: pizote (Nasua narica), murciélagos (tenemos 114 especies), zarigüeyas (tenemos 8 especies), ardillas (tenemos 5 especies) serpientes tenemos 137 especies de serpientes, de las cuales solo 22 especies son venenosas), mapache (Procyon lotor), zorro gris (Urocyon cinereoargenteus costaricensis).

La maravilla de la fotografía

Yayo
Caballo en movimiento (1878). Obra del fotógrafo e investigador Eadweard Muybridge, esta fotografía histórica muestra (y explica) por primera vez como el caballo se mantiene en el aire sin tocar el suelo.

A finales del siglo XIX (1878) se tomaron las primeras fotos disparadas por un caballo. Al fin se pudo resolver la pregunta de si en su galope, durante algún instante tenía sus cuatro miembros en el aire, lo que se documentó sin dejar dudas.

Una década después (1890) se hicieron las primeras fotografías de animales silvestres, también activadas por los mismos animales, que al tropezar con los cables, accionaban el obturador.

En 1927 F.W. Champion fotografió al primer tigre silvestre y dedujo que los tigres podían ser identificados individualmente a partir de sus rayas. Pronto algunos cazadores cambiaron la escopeta por cámaras-trampa, las que después se convirtieron en un instrumento científico de primer orden: para el monitoreo de patrones de actividad, conteo, determinación de presencia o ausencia de animales silvestres.

La popularidad no es solo por toda la información que se obtiene, sino también por la mejora en tecnología, disminución de tamaño y costo (varían desde US$ 60 hasta los US$1 000 por unidad). Hoy los sensores térmicos y de movimiento son los que activan la cámara y cuando existe cobertura, transmiten la información en tiempo real y tienen la opción de vídeo. Hoy muchos tenemos y usamos cámaras-trampa, se vuelve un pasatiempo muy gratificante.

Tengo un hermano viviendo en el Caribe, a quien suelo visitar regularmente. Salgo con tiempo para hacer las paradas de rigor y no andar en carreras. Tengo identificados tres miradores en el parque Braulio Carrillo, ahí paro, me lleno los pulmones de aire de montaña y me lleno los ojos de ese paisaje apoteósico. Sigo me viaje hasta el Fogón de Lola, para desayunar, llego cambiado, optimista y dispuesto a una charla amena, de risas y recuerdos.

Mi apreciación cambió

Al ver fotos de las cámaras-trampa que tenemos en un terrenito en Dota, una amiga que administra unas seis hectáreas, antes del peaje del Zurquí, decidió poner ahí unas cuantas cámaras-trampa, registró: coyotes (Canis latrans), dantas (Tapirus bairdii), pumas (Puma concolor costaricensis), tigrillos (Leopardus tigrinus), mapaches (Procyon lotor), pizotes (Nasua Narica), cabros de monte (Mazama temama) y otros mamíferos.

Ahora, cuando voy a visitar a mi hermano, también paro para ver el paisaje, pero veo en ese horizonte verde que llega hasta donde los ojos pueden ver, el hogar de tanto animal silvestre. De repente ese bosque adquirió un nuevo significado, ya no solo es deslumbrante, ahora sé de su riqueza en cuanto a la fauna silvestre, un tesoro enorme. La evidencia fotográfica, me transformó.

Los retos

Antes de trascender nuestra atención y preocupación a los hermosos y centenarios árboles, tenemos que ponerles gana a los vacíos pendientes con la fauna silvestre:

  • Por ley, la cacería está prohibida, pero faltó prohibir tener perros entrenados, armas y municiones de caza y lo más importante, educar para modificar esas actitudes de bajo respeto por el ambiente.
  • La cobertura boscosa del país se recuperó, ahora es el 50% del territorio. El problema es que nuestra red de caminos y carreteras es igual de buena. Eso causa que las áreas donde están los animales, estén aisladas y la solución son los pasos de fauna.
  • Hoy mueren por atropello en los caminos y carreteras, tanto o más animales que por la cacería ilegal. Otra vez la solución son los pasos de fauna.
Yayo
Túnel en el cerro Zurquí.

En la Ruta 32, además de las alcantarillas para manejar las aguas y que pueden servir como improvisados pasos de fauna (siempre y cuando sean coincidentes por donde pasan los animales), no existen en número y diseño apropiado, pasos de fauna. No se contemplaron en el presupuesto de construcción para ampliar la carretera a Limón. La única excepción es la parte de arriba del túnel en el cerro Zurquí, construido sin pensar en la fauna silvestre, pero “sin querer queriendo”, unió al Parque que la carretera había dividido, con un magnífico paso de fauna.

Animales silvestres urbanos

Avistamientos durante la pandemia, cámaras-trampa y las nuevas visitas a nuestros patios y casas, nos devolvieron al país tropical y biodiverso en el que vivimos. Por dicha no es un país estéril y que no tenemos que ir hasta un parque nacional para disfrutarlo.

Es que “si no lo veo, no lo creo”, dijo Santo Tomás, el apóstol, cuando sus compañeros le dijeron que habían visto a Cristo resucitado. Más reciente (2014), David Ruiz nos enseña que “…para la comercialización de un producto y hacerlo atractivo para su consumo y es necesaria la visibilidad del mismo. Ser visibles para existir (lo que no se ve no existe) y situarlo en el mercado como un ganador”. De repente nos reencontramos con nuestros animales silvestres, se hicieron visibles y presentes.

URGE la necesaria educación y capacitación para convivir con los animales silvestres urbanos. Aprender a conservar la distancia, alejar a las mascotas, no alimentarlos, dejarles la salida libre (para que no se sientan atrapados) y aprender a disfrutar del espectáculo que brinda la naturaleza. Casi todos son huidizos e inofensivos y no representan ningún riesgo.

Tenemos que aprender a no seguir nuestros instintos de socorrer a un animal enfermo o herido, llamar al 9-1-1 para que nos ayude gente capacitada y con el equipo adecuado. Un animal silvestre puede estar enfermo por una enfermedad contagiosa o reaccionar por dolor y mordernos.

Por lo general las especies que pueden observarse con mayor facilidad son las que están más acostumbradas a la presencia humana, aunque son esquivas y difíciles de percibir en los escenarios urbanos donde hay muchas personas, vehículos y ruido. Además de los que ya han sido registrados, también podrían verse otros como: venados, monos, dantas y saínos.

Recordemos que se trata de animales silvestres. Cuando la gente trata de acercarse y tomarse una foto y ellos [los animales no humanos] andan con temor de lo que pueda pasar, pueden ponerse a la defensiva y si están cuidando a su cría, son particularmente protectores y agresivos.

Esta pandemia vino a poner la última gota, nos deja claros que NO debemos olvidar a los otros habitantes de Costa Rica y que tenemos la obligación de disfrutar del momento.

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Un comentario

  1. Gustavo Elizondo

    ¡Qué interesante Yayo!, me llena de orgullo vivir en un cantón donde aun se mantienen esas especies, gracias a la visión de un grupo de jóvenes (yo un carajillo), que luchamos por la creación de la Reserva Forestal de Los Santos en 1974.

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