Calígula, Trump; tú y yo

(Intento de explicar la película)

Conversaciones con mis nietos

Arsenio Rodríguez

Llevamos mucho tiempo caminando por aquí. Evolucionamos de nuestras formas prehumanas, y adquirimos la autoconsciencia. Durante 2 millones de años, fuimos desarrollando capacidades para comunicarnos y sobrevivir, como nómadas, cazadores y colectores. Y nuestra consciencia estaba alojada: en el paisaje, la tribu, el mito y el ritmo estacional.

Hace tan solo de 12 a 15 mil años, aprendimos a cultivar nuestros alimentos. Esta revolución agrícola cambió todo. Comenzaron las ciudades, los imperios, el lenguaje, las religiones. Nuevas civilizaciones surgieron en diferentes partes y no se comunicaban con las demás a gran escala. La especie humana en ese entonces se pensaba en pedazos.

Un par de milenios más tarde, adelantos en la navegación y el crecimiento de la población, aumentaron los contactos entre las distintas civilizaciones, además de conquistas y las guerras por supuesto. Pocos siglos después, la revolución industrial y tecnológica, trajo consigo el acceso a la energía, la producción independiente de las cosechas, la riqueza sin propiedad y la distribución de la información. La humanidad dejó de vivir dentro la naturaleza y empezó a vivir con base en sistemas. Surgió la clase media, no solo como un grupo económico, sino como una clase, que era independiente de linaje, propiedades de tierra y mitos.

Siguió en menos de 50 años, la revolución informática del Internet y ahora la inteligencia artificial. Por primera vez en la historia, cada ser humano puede influenciar o perturbar a cualquier otro ser humano, en tiempo real y sin restricciones.

Hoy. más allá de nuestra historia tribal, y de países y continentes, somos una comunidad conectada globalmente, no por cariños ni antipatías, ni por relaciones de gentes, sino por ideas flotantes en el aire. Como el polvo del Sahara, que traen los vientos desde África hasta América, de manera impersonal.

Tenemos un flujo constante de palabras e imágenes, sin sentimientos, ni sonrisas, que se conectan en redes, pero no comunican lo importante de la vida. Plataformas digitales, que amplifican la desinformación, impulsan dinámicas ideológicas y sirven para manipular. Donde grupos de opinión hacen eco de sí mismos, sostienen narrativas falsas, y acentúan la fragmentación.

Estas redes sociales instantáneas, amplifican el ego, el miedo, socavan la razón, la intuición y la conciencia contemplativa. La desinformación no solo difunde falsedades, sino que erosiona, la capacidad general de una sociedad para acceder a una información confiable. Estas redes no fueron diseñadas para diseminar la verdad. Sino para evocar la participación rápida como la propaganda de consumo, y son instrumentos eficaces de manipulación de emociones. Hemos construido un sistema de información de alcance planetario que amplifica la emoción más rápido que la verificación. El resultado es la erosión de la realidad compartida.

No podemos culpar a la tecnología informática en sí, sino en como la aplicamos. Los martillos son importantes para clavar y construir. Pero también se pueden usar para romperle la cabeza a alguien. Hoy la humanidad está en una mejor situación que en toda su historia. La violencia per cápita es menor que nunca, la esclavitud, aunque no ha sido totalmente erradicada, es ilegal y moralmente condenada, los derechos humanos se articulan, y se referencian globalmente, la pobreza extrema se ha reducido, y la esperanza de vida, la educación, la alfabetización y la salud han mejorado en todos los continentes. El estatus legal de las mujeres ha avanzado más en los últimos 100 años que en los 5 mil anteriores. No estamos en un mundo equitativo y compasivo, pero la humanidad ha progresado en su base moral. Hoy un linchamiento es un delito; Hace 150 años era una diversión.

Tú y yo, vivimos en este ser diario de cada uno. Nuestros seres queridos, nuestro mundo circundante y nuestro mundo interior, nuestra personalidad con sus logros, felicidades y frustraciones. Donde se apertrechan nuestros orgullos y vergüenzas secretas, sin saber exactamente quienes en realidad somos.

Así siempre ha sido. En cada cariño diario, en cada palabra compartida, en nuestros egos queriendo predominar, en nuestros afanes y realizaciones. Dia a día ocurren las cosas más sencillas e importantes de todas, a través de nuestras relaciones con los otros.

Superpuesto a esta intimidad, de ser quien cada uno es, o cree que es, está ese contexto de los demás de la multitud; la sociedad. Que si la tribu y la nacionalidad, las creencias religiosas, los partidos, la comuna, éste y aquél, los políticos, los prejuicios, el hormiguero en su totalidad. Y el enjuiciamiento del comportamiento de los demás.

Lo que es si es diferente hoy en día, es que miles de millones de mentes pueden ver todo el jardín a la vez. Y estamos percibiendo colectivamente la vulnerabilidad planetaria, nuestra interdependencia, la arrogancia y el egoísmo d los intereses corporativos y del liderazgo político, las consecuencias ecológicas y los traumas compartidos. Por eso se siente un caos. Porque, aunque estamos mejor que antes, seguimos siendo capaces de crear el horror. Quizá esa esa paradoja, sea una especie de adolescencia humana a escala planetaria.

El fin de la esclavitud produjo una violenta reacción supremacista blanca, el sufragio femenino produjo un antifeminismo histérico, la descolonización generó nacionalismo autoritario y los derechos civiles produjeron la política reaccionaria. La arrogancia y egoísmo de los intereses corporativos, y el liderazgo político asociado en Estados Unidos, hoy niegan los hallazgos de la ciencia climática. Esto puede conducirnos a una catástrofe provocada por el ser humano, que quizás nos haría reflexionar y avanzar hacia la cohesión y la cooperación, en lugar de seguir en el sálvese quien pueda.

Las civilizaciones no solo se colapsan por la guerra o la hambruna. Se colapsan también cuando la verdad se vuelve negociable—la reputación excusable, y el significado es reemplazado por ruido. Hoy no estamos sufriendo de falta de inteligencia, sino por un intelecto desvinculado de la experiencia y de la compasión. El intelecto ahora manipula símbolos, sin incorporarlos a la realidad, y procesa conceptos sin una transformación interior. Nos comunicamos masivamente, pero sin compenetrarnos.

Nos estamos ahogando, no en un exceso de información, sino en una falta de integración y significado. Por primera vez, miles de millones de sistemas nerviosos, están expuestos simultáneamente a traumas planetarios, a intimidad con celebridades, amenazas políticas, crisis ecológicas, aceleración tecnológica — y todo ello sin un proceso contemplativo correspondiente.

Calígula no fue un problema para la civilización de India o China o para los Maya, pero Trump es un punto de conversación para todos en el planeta. Mucha gente como el MAGA y los movimientos de derecha política en Europa y otros lugares, quieren volver al pasado, porque le tienen miedo a un futuro planetario, a una humanidad integrada, a una nueva humanidad que está naciendo. Por eso estamos con estos dolores de parto civilizacional. Esto no es nuevo.

Lo que es diferente ahora es que tú y yo, y miles de millones de mentes pueden ver todo el jardín a la vez. Trump no está nombrando un caballo al Senado Romano, sino erosionando los esfuerzos internacionales, para lograr una integración humana y crear respuestas ante la vulnerabilidad planetaria, a consecuencias ecológicas y a traumas compartidos. Por eso se siente un caos.

Las características de personalidad del líder déspota y narcisista no han cambiado desde la antigua Roma. Pero el alcance de audiencia y el impacto sí. La credulidad y la adhesión, al llamado del líder auto exaltado, son iguales que en la Roma antigua, por un lado, los intereses de beneficios de asociación que reciben los acólitos, y `por otro la tendencia de la gente a tener una regresión cuando la realidad se vuelve muy compleja, y buscan narrativas simplistas con protagonistas fuertes.

El líder ego maniaco ofrece claridad (aunque sea falsa), y la oportunidad de pertenecer a un grupo y de echarle la culpa a alguien. Pero en realidad, visto desde la pura y mágica vida todo es una película de la cual no conocemos aun el final desde nuestras tribus nómadas hasta el planeta barco hemos avanzado. Sí, quizás estemos en una crisis de adolescencia civilizacional.

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