Arrestados … ¿en la escuela?

Cuaderno de Vida

Gustavo Elizondo Fallas

Gustavo Elizondo

En nuestro Cuaderno de Vida, hace rato no escribimos sobre la época escolar, que debiera ser tema prioritario, disculpas por ello. Nuestros lejanos recuerdos se ubican ahora a esos años en nuestra querida República de Bolivia, con algunos sistemas de disciplina poco didácticos que usaban las maestras. Uno de ellos era “apuntar” que consistía en una ingrata tarea, asignada normalmente al presidente de la directiva, pasar a la pizarra y anotar al compañero que se portaba mal, en especial en momentos que la maestra tenía que salir o estaba revisando tareas; para el elegido era muy complicado, porque normalmente los mal portados eran los matones del grupo y si usted se atrevía a apuntarlos, en el recreo sabía que lo pasaban por las armas; todavía me duele un coscorrón que me dio un compañero del grupo de matones cuando por la presión mediática de los demás compañeros, con la mano temblorosa, me animé a incluir su nombre debajo del título de Mal portados.

Pero había un sistema aun más injusto, dejar al grupo “arrestado”, ¿qué era eso?, una medida coercitiva para cuando había una parte del grupo que por su mal comportamiento, no dejaba a la maestra impartir la clase, el castigo era no permitir a la totalidad del grupo salir al recreo o si era al final de las lecciones, no se podía salir hasta que la maestra autorizara, algunas veces hasta una hora más. No voy a juzgar a mis recordadas maestras, ellas tenían toda la buena intención de formarnos con disciplina, aunque a toda luz, eran sistemas poco justos.

Retraemos estos recuerdo de infancia a propósito de las medidas que se pretenden aplicar con respecto a la pandemia del covid 19, que me parecen son la forma justa de reconocer a los que se portan bien, los que han completado su esquema de vacunación y que no tienen por qué quedar “arrestados” por aquella minoría de mal portados, que manipulados por informaciones falsas y manipulación de políticos y dirigentes religiosos, se resisten a colocar la vacuna, además del solapado apoyo de la Defensora de los Habitantes.

Los no vacunados deben entender que, si deciden no acceder a la inmunización o sea entrar en el modo rebeldía, están rompiendo su “contrato social” y por lo tanto, deberán aceptar que los que cumplimos con este compromiso intrínseco en los principios de convivencia de una sociedad que tiene que salvaguardar el bienestar de las grandes mayorías.

Por el bien de la reactivación económica y por la seguridad de todos, bienvenidas las medidas que exigen el esquema completo para acceder a lugares públicos, comercios y espectáculos en general, pero también se acompañen de liberar a la población de restricciones, siempre guardando el uso de mascarilla, lavado de manos y el distanciamiento social.


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