La constituyente: Otra vuelta de tuerca

Walter Antillon Montealegre

Walter Antillón

Nuestra Constitución es joven: lo he dicho varias veces. Es una falacia antropocentrista considerar que con sus 67 años cumplidos haya traspasado el umbral de la vejez. Voy a repetir un argumento muy gastado, pero elocuente: la Constitución de los Estados Unidos es 162 años más vieja que la nuestra, y no conozco ninguna iniciativa seria dirigida a su remoción.

Nuestra Constitución tiene fallas: bien podríamos introducirle mejoras, pero ello se puede conseguir por la vía de la reforma parcial; de modo que no se ve la necesidad de convocar a una asamblea constituyente ni de redactar un texto nuevo.

Me parece que, como bien dice Humberto Vargas Carbonell, el más ferviente deseo de ir a una constituyente proviene de la Derecha Neoliberal, y apunta hacia un objetivo: desmantelar los restos del llamado ‘Estado Social de Derecho’ representado por las Instituciones de Servicio Público como la Caja, el ICE y las Universidades públicas, y por las garantías sociales constitucionalizadas en 1943 y de nuevo en 1949. Y, por lo demás ¿no es eso mismo lo que han tratado de hacer las derechas desde el propio año de 1949, y con más ahínco desde el derrumbe de la Unión Soviética y demás países de Europa Oriental? ¿No es este objetivo demoledor, parte del designio imperial representado por los Paes y el TLC?

Las derechas transnacionales y vendepatrias quieren continuar su obra de devastación del Estado costarricense. La actual Constitución les estorba: el derecho de huelga, la convención colectiva, el sindicato, el salario mínimo, la jornada máxima, las vacaciones y el aguinaldo, las prestaciones por despido, han sido invisibilizados, negados, vapuleados y menoscabados por prácticas administrativas maliciosas y jurisprudencias deleznables, pero no han sido formalmente derogadas: ahí están todavía, inmarcesibles, prestas a recibir interpretaciones cabales, progresistas, de acuerdo con el espíritu que animó su constitucionalización!

Por otro lado, exhibir modelos de constitución modernos y completos como si fueran opciones realistas, puede convertirse en un argumento falaz a favor de la constituyente: la zanahoria que conducirá al burro a su despeñadero. Sin querer ofender a nadie, hoy día existe toda clase de facilidades para redactar bellos modelos de constitución; ¡pero es que son bien otros los números que tenemos que hacer en la situación presente!

Los números que hoy tenemos que hacer son: ¿cuántos votos necesita la izquierda para defender las garantías sociales y las instituciones de bien social en una asamblea constituyente, frente a la unidad de todos los partidos de la derecha? ¿Tiene la gran masa del pueblo costarricense, bombardeada y confundida ideológicamente, una idea siquiera aproximada del peligro que se cierne sobre sus más elementales derechos?

Entonces estamos claros: no defiendo a la Constitución de 1949 porque sea perfecta, sino porque posee un tesoro inapreciable que no podemos arriesgar: la garantía reforzada de la vigencia de los derechos más elementales del pueblo trabajador, y de la supervivencia de nuestras más valiosas y queridas instituciones públicas.

(*) Walter Antillón Montealegre es Abogado y Catedrático Emérito de la Universidad de Costa Rica.

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