Circunloquio [*]
Grecia dejó una huella enorme en la sociedad occidental Muchas de sus ideas siguen vivas en política, filosofía, arte, literatura, arquitectura, ciencia, deportes, lenguaje, educación, derecho, ética En la forma en que pensamos, razonamos y organizamos la sociedad
Yayo Vicente
Un sistema de pensamiento estructurado no permite llegar a respuestas fuera de la caja, novedosas y elegantes. Un buen ejemplo de alguien que se fugó del paradigma griego es el físico teórico Stephen Hawking y el “universo sin bordes”. Una propuesta fascinante donde el universo no tiene punto de partida, nunca empezó, siempre existió.
El pensamiento lateral no solo es infrecuente, se enfrenta a lo aceptado y aparta al “infractor” del grupo, una situación incómoda y aisladora que no todos están dispuestos a aceptar. Claudio Ptolomeo (100 d. C. al 170 d. C.) fue entre otras cosas un astrónomo alejandrino de ascendencia griega que postuló el geocentrismo. Quince siglos después Galileo Galilei dijo: «Y, sin embargo, se mueve», tras retractarse de su teoría heliocéntrica ante los jueces inquisidores y simboliza la resistencia de la ciencia frente a la creencia griega imperante y defendida por la poderosa Iglesia Católica.
Impronta
La impronta es un fenómeno biológico que describe un tipo especial de aprendizaje temprano y rápido que ocurre en algunos animales (y en ciertos aspectos, también en humanos). Sucede durante un periodo crítico poco después del nacimiento o eclosión. En ese momento, el animal forma un vínculo muy fuerte con el primer estímulo relevante que percibe, generalmente su madre. Un ejemplo clásico es el trabajo del científico Konrad Lorenz, quien observó que los patitos recién nacidos lo seguían a él en lugar de a su madre, porque él fue lo primero que vieron al nacer.
La impronta es como una “marca inicial” que deja una experiencia temprana y que influye en el comportamiento futuro. En las personas las primeras experiencias pueden “marcar” las relaciones afectivas, el tipo de personas que nos atraen, cómo manejamos el amor, el rechazo o la cercanía emocional, cómo reaccionamos al estrés o al conflicto, cómo se desarrollan los gustos o temores y las preferencias.
La impronta es como una “huella invisible” de las primeras experiencias, en animales no humanos es muy evidente; en humanos lo es menos, pero sigue influyendo muchísimo en quiénes somos.
Impronta cultural
La influencia de una cultura en otra civilización no es impronta biológica estricta, pero es una metáfora muy útil en historia y sociología. Hoy vamos a hacer hincapié en cómo -para bien y para mal- Grecia antigua permeó en Roma y lo sigue haciendo en el Occidente actual.
Sócrates, Platón y Aristóteles promovieron el uso de la lógica y el cuestionamiento. Esa “impronta” sigue hoy en la ciencia, el debate y la educación occidental. En Atenas surge una forma temprana de democracia, la participación de ciudadanos en decisiones políticas y el debate público como herramienta política. Los griegos crearon la tragedia y la comedia, estructuras narrativas que aún usamos. Podemos seguir con el ideal de belleza y el cuerpo humano, el conocimiento organizado, la academia y tantos otros campos que siguen los principios griegos.
¿Por qué esto es “impronta social”? Porque funciona parecido a la impronta biológica, ocurre en una etapa temprana de una cultura, deja marcas profundas y duraderas, sigue influyendo incluso cuando ya no somos conscientes de ello. La “impronta social” es como una herencia invisible. Occidente no solo viene de Grecia… en muchos sentidos sigue pensando como Grecia.
Atrasos con la impronta griega
En siglo III a. C., Aristarco de Samos un griego que vivió en Alejandría propuso la teoría heliocéntrica, que postulaba que la Tierra rota sobre su eje y gira alrededor del Sol. No es hasta el siglo XVI que Nicolás Copérnico formalizó el modelo en 1543 en su obra “De Revolutionibus Orbium Coelestium”. Para ello tuvo que librarse de dos fardos griegos: la teoría de las esferas homocéntricas de Aristóteles y el mecanismo de las excéntricas de Claudio Ptolomeo, así consiguió evidenciar las contradicciones lógicas en los sistemas “oficiales” de astronomía. Casi veinte siglos después.
La generación espontánea, propuesta por Aristóteles en el siglo IV a.C., sostiene que ciertos seres vivos surgen de forma fortuita a partir de materia inerte (inanimada) o en descomposición, sin necesidad de progenitores. Aristóteles creía que la materia orgánica contenía un «calor vital» o pneuma que originaba vida bajo condiciones adecuadas. Esta creencia prevaleció durante casi 2000 años, influyendo en la ciencia hasta que Francesco Redi en Italia, Louis Pasteur en una orilla del canal de La Mancha y Charles Darwin en la orilla opuesta, pulverizaron la idea, demostrando que todo ser vivo proviene de otro preexistente.
Hipócrates (siglo V a.C.) postuló que eran los «malos aires» o «mal aire» de los pantanos lo que provocaba la malaria. Una creencia irrefutable hasta finales del siglo XIX, que sostenía que algunas enfermedades eran causadas por emanaciones fétidas de materia orgánica en descomposición. Era el aire corrupto, neblinas o vapores pestilentes de pantanos y cadáveres los que transmitían estas enfermedades.
Por eso hicimos los cementerios alejados de las zonas residenciales y por eso enterramos a personas en fosas comunes luego de una catástrofe, antes de que los cadáveres se descompongan. Al no haber certificados de defunción, se causan luego muchos problemas civiles (traspasos, testamentos, impedimento de matrimonio pues no se puede probar la viudez). Los malos olores pueden dar asco, pero no enfermar.
Fue Ronald Ross quien probó en 1897 que la malaria es transmitida por mosquitos, específicamente al demostrar que el parásito Plasmodium se transmitía a través de la picadura de mosquitos Anopheles. Ross, demostrando la falsedad hipocrática que imperó por 25 siglos.
Taxonomía
La clasificación de cerca de 500 especies animales que nos enseña Aristóteles (384-322 a.C.) fue pionero en la biología al clasificar en una estructura jerárquica basada en la observación, dividiéndolos principalmente por la presencia o ausencia de sangre (Enaima/Anaima), lo que se asemeja a vertebrados e invertebrados.
Su método se parece al estilo utilizado por los biólogos y zoólogos que lo siguieron por siglos. Es en los últimos tiempos que se dejaron de atrapar especímenes para matarlos y luego pesarlos, medirlos, describirlos y darle un lugar en el árbol de la vida. Hoy al fin, estamos interesados en su rol en el ecosistema, cómo se reproducen, alimentan, logran incrementar su pool genético, sus habilidades para sobrevivir a depredadores, sequías o inundaciones.
Los griegos también clasificaron a los seres humanos, ciudadanos eran los hombres (machos) y nunca las mujeres a quienes se les consideró con inferioridad física y biológica. Lo mismo con los esclavos y los bárbaros.
Interesante que siendo Aristóteles tutor de Alejandro el Grande, éste superó a su maestro y siempre reconoció las virtudes de los pueblos conquistados, nunca los consideró inferiores.
Last Universal Common Ancestor
El llamado LUCA (Last Universal Common Ancestor, “último ancestro común universal”) no fue el primer ser vivo absoluto, pero sí el antepasado del que desciende toda la vida actual. La ciencia lo reconstruye indirectamente usando genética y bioquímica comparada.
La ciencia moderna acepta que las características principales de LUCA son: una célula muy simple, probablemente unicelular (como bacterias actuales), sin núcleo (parecido a organismos procariontes), con una membrana que separaba su interior del ambiente, con ADN (o estaba en transición), material genético para almacenar información, el mismo código genético universal que hoy compartimos. LUCA no era “primitivo” en todo sentido.
Unicidad
La unicidad de la vida es una idea filosófica, ética y a veces religiosa que afirma que cada vida es única, irrepetible y tiene un valor propio. En filosofía la unicidad de la vida sostiene que ningún ser vivo es exactamente igual a otro y que cada individuo tiene una historia, experiencias y conciencia distintas.
Pensadores como Aristóteles ya reflexionaban sobre la individualidad de los seres, aunque el concepto se ha desarrollado más en la filosofía moderna. En este sentido, cada vida no puede ser reemplazada ni repetida.
Desde la ciencia, cada organismo tiene una combinación genética única (excepto casos como gemelos idénticos). La evolución produce diversidad, no copias exactas.
En ética y derecho la unicidad implica que toda vida merece respeto y que no debe tratarse como un objeto o algo reemplazable.
Muchas religiones sostienen que cada vida tiene un propósito único, y tiene un valor especial. Por ejemplo, en el cristianismo cada persona es vista como irrepetible ante Dios. ¿Por qué importa este concepto? Porque influye en cómo entendemos: la dignidad humana, los derechos y el respeto hacia otros seres vivos.
La unicidad de la vida significa que cada ser es singular y valioso por sí mismo y esa idea sirve como base para muchas normas éticas, sociales y legales.
Al grano
Por más que se esfuerce Konrad Lorenz, la pata hará mejor trabajo que él, la impronta adecuada es muy útil. Los griegos, a pesar de su sabiduría, también deben ser cuestionados. La obsesión por clasificar se vuelve en un efecto por dividir, todos tenemos un origen común, nuestra LUCA fue la que prevaleció y todos quedamos genéticamente relacionados. Es cierta la unicidad de cada uno, pero es precisamente esa característica de insustituible la que debe inspirar a la tolerancia y convivencia.
Las guerras por: tesoros, celos, religiones, materias primas, expansionismo o que en un espejismo algunos se sienten superiores y con autoridad de una ficción pueden aplastar a quienes consideran inferiores, NO SE JUSTIFICAN. La falta humanidad de algunos para la iniciar y perpetuar la guerra, raya en la avaricia y la ignorancia. Tenemos suficientes razones para detestar la guerra y abrazarnos a la paz.
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