Parque Nacional Volcánico Lassen

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Carlos Revilla Maroto

Carlos Revilla

Hay lugares en California que parecen diseñados para el asombro. La mayoría de los visitantes se concentran en las costas escarpadas de Big Sur, en los valles de Napa, San Francisco y su famoso Golden Gate o en el bullicio de Los Ángeles. Pero el norte del estado guarda un secreto que pocos conocen y menos aún se toman el tiempo de descubrir.

A una hora al este de Redding, siguiendo la carretera 44 o la 36 hasta encontrar la 89 que atraviesa el parque de norte a sur, se abre un paisaje que parece sacado de otro planeta. Es el Parque Nacional Volcánico Lassen, la joya menos conocida del sistema de parques nacionales de California y, para muchos, el Yellowstone sin las multitudes.

Situado en el extremo sur de la cordillera de las Cascadas, el parque protege más de 43 000 hectáreas de un paisaje volcánico tan diverso como activo. Fundado el 9 de agosto de 1916 —apenas cuatro años después de que el Servicio de Parques Nacionales estableciera su sistema—, Lassen es uno de los parques más antiguos del país. Sin embargo, con poco más de 450 000 visitantes al año, ocupa un modesto puesto 150 en el ranking de popularidad. Para quien busca soledad en medio de la naturaleza, esa es su mayor virtud.

Nos toca visitarlo en una momento muy especial, cundo el Gobierno de Estados Unidos sufría lo que llaman un «shotdown«, es decir que por falta de presupuesto muchas instituciones federales dejaban de funcionar, en cuenta el servicio de parques nacionales, lo que hizo que aunque el parque estaba abierto, no había guardaparques y los centros de visitantes estaban cerrados.

En el parque el protagonista indiscutible es el Lassen Peak, la cúpula de lava (plug dome) más grande del mundo, que se eleva hasta los 3 187 metros sobre el nivel del mar. Es el volcán activo más meridional de la cordillera de las Cascadas y, antes de la erupción del Monte St. Helens en 1980, fue el único volcán en los Estados Unidos contiguos en haber hecho erupción en el siglo XX.

Entre 1914 y 1921, Lassen despertó con una serie de erupciones que alcanzaron su punto máximo el 22 de mayo de 1915. Ese día, una explosión violenta lanzó una nube de ceniza que se extendió por cientos de kilómetros hacia el este, mientras flujos piroclásticos arrasaban los valles y bosques cercanos. Un testigo de la época describió el cielo oscurecido por la ceniza y el rugido del volcán que se escuchaba a decenas de kilómetros a la redonda.

Fue esa erupción, documentada extensamente por el fotógrafo local B. F. Loomis, la que impulsó la creación del parque nacional. Hoy, las cicatrices de aquel evento aún son visibles en el «Área Devastada», un paisaje lunar donde los árboles quemados permanecen como silenciosos testigos de la furia de la montaña.

Lo que hace único a Lassen en el mundo es su concentración de actividad volcánica. Mientras que la mayoría de los parques cuentan con uno o dos tipos de volcanes, aquí se encuentran los cuatro tipos principales en una sola área protegida: escudo, compuesto, cono de ceniza y cúpula de lava.

Al norte del parque, cerca del lago Butte, se alza el Cinder Cone, un cono de ceniza perfecto que entró en erupción hace apenas 350 años, en la década de 1660. Las coladas de lava que fluyeron desde su base crearon los Fantastic Lava Beds y, al represar los arroyos cercanos, formaron el Snag Lake. Desde la cima, la vista de las Painted Dunes —colinas teñidas de rojo y naranja por la oxidación de la ceniza— es uno de los espectáculos más fotografiados del parque.

Hacia el oeste, las Chaos Crags son un grupo de cúpulas de lava que colapsaron hace unos mil años, enviando un alud de rocas de 150 millones de metros cúbicos que hoy se conoce como Chaos Jumbles. Y en el centro del parque, los restos erosionados del Monte Tehama —un estratovolcán que alguna vez se elevó más de 3 300 metros— recuerdan que el paisaje actual es solo una instantánea en una historia geológica que lleva más de 800 mil años.

Pero no todo en Lassen es volcanes dormidos. El parque es un laboratorio viviente de actividad geotérmica, con ocho áreas donde la tierra respira, hierve y gime. El sistema hidrotermal, alimentado por una cámara de magma que aún permanece caliente bajo la superficie, genera fumarolas rugientes, ollas de barro burbujeantes y aguas termales que tiñen el suelo de colores imposibles.

La más accesible es Sulphur Works, justo al inicio de la carretera panorámica que cruza el parque. Una pasarela pavimentada permite acercarse a las fumarolas que emanan vapor sulfuroso y a las ollas de barro que hierven con un sonido primitivo. Es una introducción perfecta para quienes no tienen tiempo o condición para caminatas largas.

Pero el área más impresionante es Bumpass Hell, accesible por un sendero de 2,4 km desde el estacionamiento, a unos 11 km de la entrada suroeste. El nombre, curiosamente, se debe a un minero llamado Kendall Vanhook Bumpass, quien en 1864 pisó una corteza fina sobre una olla de agua hirviendo y sufrió quemaduras tan graves que luego le amputaron la pierna. Hoy, una pasarela de madera serpentea sobre la cuenca de 6,5 hectáreas, permitiendo a los visitantes observar de cerca las aguas ácidas, los respiraderos de vapor y los manantiales color turquesa que salpican el paisaje.

Otras áreas menos conocidas pero igualmente fascinantes son Devil’s Kitchen y Boiling Springs Lake en Warner Valley, accesibles por senderos que se adentran en la parte sur del parque. Y para quien busca rarezas, el Cold Boiling Lake ofrece burbujas frías que emergen del fondo como si fuera agua con gas, una peculiaridad geológica que se produce por gases de dióxido de carbono que se filtran hacia la superficie.

La única manera de atravesar el parque en automóvil es por la Lassen Volcanic National Park Highway, una carretera de 48 km que conecta las entradas noroeste y suroeste. En verano, cuando la nieve se derrite, es un paseo escénico que bordea el flanco este del Lassen Peak y ofrece vistas espectaculares de lagos, praderas y formaciones volcánicas.

Pero el invierno transforma el parque. La carretera cierra al tráfico vehicular más allá de los centros de visitantes, generalmente de noviembre a mayo. La nieve acumula decenas de metros, y los paisajes que en verano son áridos y rocosos se convierten en extensiones blancas ideales para el esquí de fondo y las caminatas con raquetas. El Centro de Visitantes Kohm Yah-mah-nee, en el lado suroeste, permanece abierto todo el año, ofreciendo un refugio cálido y programas educativos para quienes se aventuran en la temporada de nieve.

Si la geología es el alma de Lassen, la diversidad biológica es su cuerpo. El parque se encuentra en una encrucijada ecológica única, donde convergen tres provincias biológicas: la cordillera de las Cascadas al norte, la Sierra Nevada al sur y la Gran Cuenca al este. Esta posición privilegiada, combinada con un rango de elevación que va desde los 1 500 hasta los 3 187 metrosa, crea un mosaico de hábitats que alberga más de 1 050 especies de plantas y animales.

En las elevaciones más bajas predominan los bosques de pino ponderosa y pino Jeffrey. Subiendo, aparecen los bosques de abeto rojo y pino de corteza blanca. En las zonas más altas, cerca de la línea de árboles, los prados alpinos estallan en colores durante la breve temporada de verano.

La fauna es igualmente diversa. Osos negros, ciervos mulos, martas y una amplia variedad de murciélagos habitan los bosques bajos. En las zonas alpinas, la pika —un pequeño mamífero emparentado con los conejos— recolecta plantas para pasar el invierno, mientras que la rosita gris coronada, un pájaro de las alturas, desafía los vientos fríos. Los humedales y lagos son el hogar de ranas arborícolas del Pacífico, salamandras y serpientes de liga.

Con más de 240 km de senderos, el parque ofrece opciones para todos los niveles de habilidad y tiempo.

El sendero al Lassen Peak es la caminata emblemática. Con 4 km de ascenso desde el estacionamiento a 2 591 m hasta la cumbre a 3 187 m es una subida exigente que no se recomienda para quienes no estén en buena condición física. Pero quienes alcanzan la cima son recompensados con vistas de 360 grados que incluyen el Monte Shasta hacia el norte, el Lago Almanor hacia el este y la inmensidad del Valle de Sacramento hacia el oeste.

Más accesible es el sendero alrededor del Lago Manzanita, un circuito de 2,4 km que bordea la orilla del lago más popular del parque. Es ideal para familias, con vistas postales del Lassen Peak reflejado en las aguas tranquilas. El sendero de Lily Pond, de apenas 800 metros, ofrece una introducción fácil a los ecosistemas del parque.

El Brokeoff Mountain Trail es otra caminata desafiante, con 11,6 km de ida y vuelta que ascienden hasta los 2 815 metros, ofreciendo vistas espectaculares del valle y del Lassen Peak desde el oeste. Es parte del remanente erosionado del antiguo Monte Tehama.

Antes de que los volcanes atrajeran a geólogos y turistas, esta tierra ya tenía historia. Los nativos americanos habitaron la región durante miles de años. Los Maidu, al este y sur del parque, y los Atsugewi, al norte, conocían la montaña y sabían que «estaba llena de fuego y agua» y que «un día explotaría». Sus herramientas de piedra, sus campamentos temporales y sus rutas de caza han dejado vestigios que aún se estudian.

En el siglo XIX, la fiebre del oro trajo colonos y exploradores. El Nobles Emigrant Trail, una variante de la ruta de California, cruzaba la región llevando caravanas hacia los campos auríferos del norte. Hoy, fragmentos de ese camino histórico aún pueden recorrerse, aunque la mayoría ha sido absorbida por el paisaje forestal.

Y luego está B.F. Loomis, el fotógrafo de Redding cuyas imágenes de la erupción de 1915 convencieron al Congreso de la necesidad de proteger este paisaje único. Su museo, cerca del Lago Manzanita, es un homenaje a ese esfuerzo pionero.

Es inevitable la comparación con Yellowstone, el parque nacional más famoso por su actividad geotérmica. Ambos tienen ollas de barro, fumarolas y aguas termales. Ambos tienen volcanes activos. Ambos tienen paisajes que parecen de otro mundo.

Pero hay diferencias clave. Yellowstone tiene seis tipos de volcanes; Lassen, cuatro. Yellowstone tiene el Old Faithful; Lassen, el Terminal Geyser (que en realidad es una fumarola en medio de un arroyo). Pero donde Yellowstone recibe más de cuatro millones de visitantes al año, Lassen recibe poco más de 450 000. En temporada baja, es posible tener senderos enteros para uno solo.

Esa soledad es, para muchos, la mayor virtud del parque. No hay colas para ver las atracciones principales. No hay congestionamientos en la carretera panorámica. No hay hoteles de lujo ni tiendas de souvenirs en cada esquina. Hay silencio. Hay espacio. Hay un paisaje que se puede explorar al propio ritmo, sin la sensación de estar en una atracción de parque temático.

El verano es la temporada alta, cuando la carretera está completamente abierta (generalmente de junio a noviembre) y todos los senderos y áreas geotérmicas son accesibles. Las temperaturas son agradables en las elevaciones medias, pero en la cumbre del Lassen Peak puede hacer frío incluso en julio.

Nosotros visitamos el parque a mediados de otoño, por lo que se veían los colores dorados de los bosques de álamos y había una tranquilidad que pocos parques nacionales ofrecen. El invierno es para los amantes de la nieve, con raquetas y esquíes como herramientas de exploración. La primavera es impredecible: la nieve puede persistir hasta junio en las elevaciones altas, pero los primeros prados alpinos comienzan a florecer.

En WikiCommons hay una galería con más imágenes del parque.

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