Línea Internacional
Guadi Calvo
Desde hace 35 días, el régimen sionista recibe en dosis homeopáticas lo que desde hace veintinueve meses y pocos días las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) ejecutan contra la población civil de Gaza. Lo mismo que también hacen en lo poco que queda de Cisjordania y que, en cada oportunidad que les cuadra, como en este último mes, también llevan a cabo en Líbano.
Aunque en este último caso, con el resurgido Hezbollah, otro gigantesco fallo de la inteligencia judeo-norteamericana, que no advirtió que tras el martirio de Hasan Nasrallah, junto a su estado mayor en septiembre del 2024, y centenares de sus milicianos, la organización logró reestructurarse, volver a armarse y de las cenizas pasar a construir un frente de guerra activo en esta nueva versión del conflicto creado en 1948, tras la invasión sionista a Palestina.
Desde prácticamente los primeros días de marzo, no solo golpea poblaciones del norte del autodenominado Israel, sino que resiste la invasión terrestre de las FDI, habiéndoles destruido en estos últimos días al menos cuarenta tanques Merkava, sin que se conozca con exactitud la suerte de tripulaciones, cuatro hombres por unidad. A lo que hay que sumarle las bajas generadas a la infantería judía, números que se mantienen bajo estricta censura militar, con el obvio motivo de no exponer su vulnerabilidad cada día más patente.
Las ciudades sionistas, principalmente Tel Aviv y Haifa, están siendo desbastadas cada noche por la precisión de los ataques persas, mientras que el régimen, a vista de todo el mundo, continúa ocultado, a pesar de que se han comenzado a filtrar barrios demolidos, calles inundadas por la destrucción de sus servicios cloacales y las luminosas parábolas de los misiles persas, que continúan perforando las otroras invulnerables “cúpulas de hierro” o artilugios similares, siguen adornando el cielo palestino, cada día más libre y puro. Frente a la evidente magnitud de los daños, que apenas se pueden observar en las pocas imágenes que llegan a Occidente, el régimen teocrático sionista se niega a reconocer el número de muertos, registrando solo a un puñado de heridos.
Al mismo tiempo que la ofensiva de Irán, continúa sus ataques contra los sionistas, las monarquías del Golfo y las bases norteamericanas que todavía continúan activas en la región. En estos últimos días, se le han sumado a la retaliación de Teherán y Hezbollah los Houthies yemeníes, que no solo han comenzado a atacar objetivos judíos, sino que esperan el momento oportuno para cerrar el estrecho de Bab-el-Mandeb, que conecta el canal de Suez con el golfo de Adén, vía Mar Rojo, que una vez más, como ya ha sucedido en varias oportunidades desde el inicio del genocidio en Gaza (8.10.23), obliga al transporte marítimo desde y hacia el Mediterráneo y norte de Europa a emprender la derrota en torno al continente africano, lo que extiende el viaje entre diez y quince días, con el consiguiente incremento del flete.
A este frente se le han sumado las Fuerzas de Movilización Populares (FMP, Hashd al-Shaabi), que, junto al ejército iraquí, componen una fuerza cercana a los 6000 hombres altamente entrenados por décadas de combate contra el Daesh y milicias kurdas.
En este contexto, frente al agotamiento de sus propios arsenales defensivos y ofensivos y la cada vez más errática actitud del lóbulo frontal de Donald Trump, que en su discurso del miércoles volvió a anunciar por nonagésima octava vez, anunció la victoria de los Estados Unidos, por lo que, para verificar este hecho, invitó a quien quiera a atravesar el estrecho de Ormuz, para servirse a su gusto de todo el petróleo, el gas y el resto de los insumos que hoy faltan en las góndolas de Occidente.
Una cuestión que hasta el momento está pasando desapercibida, pero que quizás en un par de semanas haya que poner en foco, es la cuestión interior siria, hoy subordinada absolutamente a Israel, lo que ha comenzado a hacer ruido entre los antiguos muyahidines, del antiguo emir de Daesh y de al-Qaeda, Abu Mohammad al-Golani, actual presidente de Siria, que deben cuidar las espaldas tanto de sionistas como de norteamericanos, quienes hasta hace algunos meses eran el peor de los males para el islam De liberarse del mando de al-Golani, estos comandos sunníes, más allá de estar históricamente enfrentados con el chiismo que representan Irán y sus aliados, podrían involucrarse en la guerra contra Israel, para aprovechar la oportunidad histórica de recuperar los territorios usurpados por Tel Aviv a Damasco desde 1967 hasta la actualidad.
En este contexto triunfalista, la foca gangosa lanzó su famoso “estás despedido” por intermedio de su secretario de Guerra, Pete Hegseth, contra nada menos que el jefe del Estado Mayor, el general Randy George, con 44 años de carrera militar, veterano de Irak y Afganistán, lo que además de resumir claramente el nerviosismo de los pasillos de Washington.
Ya que, si bien Trump había dado de baja en febrero del año pasado al general Charles Q. Brown Jr., presidente del Estado Mayor Conjunto, nombrado en su momento por Joe Biden, no solo el primer negro en ocupar ese cargo, sino de un activo involucramiento en la causa negra. En ese momento se especuló con que la razón era la intención de la nueva administración de terminar con la presencia woke en la Casa Blanca.
Para encontrar un caso similar al de Randy George, debemos remitirnos a 1951, cuando el presidente Truman destituyó al mítico general MacArthur por desafiar su autoridad durante la Guerra de Corea, por la insistencia de MacArthur de expandir la guerra contra China.
Con esta decisión, Donald Trump abre un nuevo y peligrosísimo frente, en este caso contra el poder de los generales, que en su mayoría se habían mostrado adversos a iniciar esta guerra.
Si bien antes de su discurso del miércoles y esta eyección del general George ya se había quebrado, por el terror a los misiles persas, en la población judía, el gobierno de Netanyahu se había contactado con Beijing para que mediara con Irán, en búsqueda de un alto el fuego.
También se ha conocido otro relevo en la administración Trump, el que, para ser justos, ya se esperaba hace semanas. En este caso, el “estás despedido” cayó sobre Pam Bondi, ahora ex fiscal general, algo así como ministro de Justicia. Esta nueva baja no responde a un misil iraní, sino al mal manejo de la señora Bondi, relacionado con los archivos Epstein.
El mismo camino parece estar por seguir Tulsi Gabbard, la Directora de Inteligencia Nacional, quien viene de ser sacudida en su última comparecencia en el Senado y en la Cámara de Representantes.
Tinta para el nuevo mapa
Los ataques iraníes contra el enclave sionista no solo han demolido la “cúpula de hierro” y el triunfalismo de la población, por lo que se estima que ya han escapado de la guerra unos tres millones.
Mientras que la fisura se expresa categóricamente en la prensa respecto al régimen de Netanyahu, refleja el fracaso de la operación decapitación, por lo que habían conseguido martirizar al líder supremo, Alí Jamenei, y solo logró convertir al país en un bloque prácticamente inconmovible si la continuidad de los ataques con los que ha prometido Trump, llevar a Irán a la prehistoria o incluso más lejos, sería presumiblemente cierto. Aunque así todo tendría que enfrentar hordas y hordas de iraníes armados con mazos, dispuestos a seguir defendiendo su país.
Ya los Estados Unidos tienen triste memoria de fenómenos similares en Irak, Afganistán y ni hablar en Vietnam, por lo que sería un altísimo costo en hombres y materiales intentar perseverar en el mismo error.
Frente a las amenazas de Trump de destruir las instalaciones petroleras de Irán, lo que por ende interrumpiría su producción de la que nada menos que China depende en un ochenta por ciento, hace poco probable que Beijing, observando junto a su socio Rusia, observe de brazos cruzados estas acciones. Por lo que tanto una invasión terrestre como la demolición por bombardeos es prácticamente imposible de concretar, ya no desde el punto de vista material, sino por autopreservación de los Estados Unidos. Aunque en el mundo distópico en que habita el lóbulo frontal de Trump, todo y nada pueden seguir siendo posibles en el mismo momento.
Mientras que Europa, particularmente los estados miembros de la OTAN, que al resistirse a continuar haciéndole el seguimiento a los Estados Unidos, Trump no solo amenaza con retirarse de la organización atlantista, por lo que de hecho quedan sin financiamiento para mantenerla en pie, dejándolos sin petróleo y gas, por lo que les queda comprárselo a los Estados Unidos o tomar el riesgo de liberar por la propia Ormuz, para lo que no tienen ninguna capacidad ni militar ni moral, además de ahora también quedar solos frente a Rusia, en el momento más virulento de su avanzada contra Kiev. Y se encuentra restableciendo sus finanzas por el incremento de la venta de su propio petróleo a precios impensados hasta hace poco más de un mes. Constituyéndose en el gran ganador de la guerra de Irán contra la Liga Epstein.
Aunque la nueva cartografía global todavía se está rediseñando y no conocemos por dónde pueden pasar las líneas de esa nueva geografía, una cosa es segura: nada seguirá siendo igual a lo que fue hasta el último día de febrero pasado.
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