El hombre se descubre cuando se mide con el obstáculo…

En la apoteosis de la vida y las ilusiones… nada, pero nada es para siempre…

Caryl Alonso Jiménez

Caryl Alonso

Saint Exupery (1910-1945), abre el título de la columna, que en su novela “Vuelo nocturno” (1931), resume una extraordinaria faceta extendida apología de las motivaciones que pueden movernos a actos únicos. Se detiene para enfrentar aquello que nos hace diferentes… a ese hilo a veces frenético de ambicionar aquello que nos apasiona en la naturaleza humana… O, nos nubla a veces con la ceguera emocional de la ilusión…

Sin embargo, y es indudable, la principal derrota pareciera que puede ser el sentido escatológico de la vida. Ese momento en el que, nada… pero nada puede revertir la verdad de aquella interrogante que inmortalizó el director Martín Brest en la cinta, “Meet Joe Black” (1998), cuando Bill Parish (Antony Hopkins), poderoso, soberbio, dueño de una personalidad potente, líder de decisiones implacables, dureza de carácter y acaudalado de las comunicaciones, con Joe Black (Brad Pitt), en el papel de la muerte, en ese diálogo cumbre de todos los tiempos, -¿Me voy a morir?, Preguntó Bill Parish aquella noche en el regazo de su excepcional biblioteca, –Si, contesto la muerte. –Te vas a morir…

Seguramente, aunque inexistente una interrogante de ese calibre en los confines del tiempo… Resulta absolutamente claro que no existe hasta hoy ningún indicio que pueda anteceder a la cita final, ni siquiera la vanidad de ese ego imperturbable de quienes osados en su presente… no podrá ni siguiera decir, adiós…

Es ese momento extraordinario en que el epitome más alto del sentido de la vida humana enfrenta la síntesis de su existencia…con un final inesperado que siempre vendrá…

Es verdad, resulta excepcionalmente dramático y posiblemente uno de los momentos de mayor elevación en esa intimidad donde las explicaciones y lógicas racionales terminan por ceder… para aceptar que nada es para siempre…

Viene al caso, recientemente una noche recibí una de esas llamadas donde la noticia… más allá del dramatismo, trajo consigo un extenso sentido de humildad para reconocer que, más allá de lo que podamos controlar, acumular, evadir y hasta rebobinar en hilos temporales del presente, estamos en la ruta de colisión hacia la cita final.

Saberlo no es lo excepcional… no, es aceptarlo. Es ese momento absolutamente imperturbable donde tiene los debates de Nietzsche, Freud y Marx; donde los reclamos de Proust, para encontrar el tiempo, y las agonías de Neruda para marcar los caminos de una pasión perdida y de Irene Vallejo, con sus extensas evoluciones del libro,… dejan de tener sentido y dan paso a la única verdad: el problema no es morirse… es no vivir…!

No cabe duda, las prisas, la vanidad, el ego o de repente el estar unos milímetros subidos en el ladrillo de la cercanía a las decisiones, mezclados con esa individualidad de saber que, en el goce casi taciturno que produce una sutil propuesta, que excepcionalmente puede contener la posibilidad de irradiar ondas de incidencia en un poder temporal… puede terminarse…

Y seguramente, como he podido notarlo en los últimos años, para algunos crea esas aureolas irresistibles de ser únicos frente la circunstancia del tiempo… tiempo que terminará más temprano que tarde… aunque hayan sido erigidas con los muros de la fortuna… Donde, sin lugar a dudas, seguramente son las murallas de Jericó con la metáfora contemporánea de las trompetas del tiempo, son más que claras… solo para que no se olvide…

Resulta que una mañana me encontré por encargo de una de las autoridades institucionales con la tarea de sumar al diseño de un instrumento de política un marco legal a la acción de intensificación para la calidad de servicios publicos territoriales en el programa insignia que cambiará la realidad ciudadana en los siguientes años.

Esa mañana la conversación giró en torno a perspectivas futuras, modelos de articulación y hasta algunos temas que rosaron la seda con la exquisita elegancia del caballero. La despedida contenía la expectativa de un hasta luego para continuar otro día, emulando derroteros futuros que tendrían más alguna importancia en el futuro.

Sin embargo, a media noche, una llamada me compartió la tragedia. Era la noticia de la partida inesperada del colega… Mi asombro fue colosal…! Para lo único que no se tiene fecha es la cita de la partida final…

La ilusión por la vida es el ángulo ciego por donde la persistencia de la razón pierde sentido… pero lo que queda claro al final es que la vida humana necesita sentido, como pide Víctor Frankl.

Es verdad, la razón busca claridad… por eso es que la apoteosis del final de la vida, como ocurrió esa noche, contiene la dramática sentencia que nos hace reconocer que, más allá de las fortunas, poder y deseo… esa noche fue la síntesis que enseña con humildad que, nada, pero nada es para siempre…

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