Línea Internacional
Guadi Calvo
Es muy difícil que Irán gane esta guerra, pero ya es absolutamente imposible que la pierda. A un mes de lanzada la Operación Furia Épica, con la que la Liga Epstein, después de decapitar al gobierno de los ayatolás, iba a conseguir levantar al pueblo iraní contra sus propios dirigentes, sigue allí empantanada sin la menor idea de por dónde salir.
Y mucho menos con otra estrategia más que de atacar y atacar por reflejo, al bulto sin detenerse en las víctimas civiles que esto provoque. Nada nuevo si pensamos en el holocausto que los judíos perpetran en Gaza y Líbano.
No hay que ser un experto militar para entender el grado de improvisación con la que Trump y sus secuaces marcharon a esta guerra, lo que no les ha permitido diagramar un plan de contingencia ante la jugada elemental que iban a practicar los iraníes: bloquear el estrecho de Ormuz, con la consiguiente catástrofe financiera que, como un tsunami, ha comenzado a llegar radialmente cada vez más lejos y más lejos. Entendiendo que, aunque su retirada comience en este preciso momento, los daños que ya ha provocado serán en algunos casos reparados después de muchos meses u años; en otros, por caso, las monarquías del golfo Pérsico, decididamente irremediables.
Por lo que, para una excursión de fin de semana, como era el plan inicial presentado a Trump por sus consejeros, que no eran ni analistas de la CIA ni veteranos de guerra, sino brókeres de Nueva York, se está haciendo un poco larga.
Desde hace unos días, la foca gangosa insiste en que mantiene conversaciones con “alguien” en Irán, un alguien no revelado, un alguien desconocido, lo que le ha dado la excusa para alterar los plazos y no bombardear las centrales energéticas. Primero fueron 48 horas, después cinco días y ahora diez el plazo para que Teherán reabra el estrecho de Ormuz. Por su parte, Teherán desconoce cualquier tipo de conversación. Y pretende llevar esta guerra hasta la victoria o al menos lo suficientemente lejos para que nunca más ninguna potencia intente algo parecido.
El gobierno iraní, que sí, que verdaderamente es una élite, pero una élite intelectual, que mueve a la envidia de cualquier país civilizado del mundo, ya liberado de la carga moral que significaba la fatwa de Ali Jamenei acerca de la prohibición de conseguir armamento nuclear, sin duda está trabajando en torno a ello, para que nunca más nadie se atreva a atropellarlos, sabiendo que de no hacerlo su destino no será diferente al de la Palestina ocupada.
Algunas informaciones señalan que Irán no solo niega los soliloquios trumpistas, sino que ha redoblado la apuesta presentando un plan de 15 puntos, tramitado por intermedio de Pakistán. De ser todo esto cierto, las supuestas exigencias de Irán pasarían entre sus principales objetivos: “el reconocimiento de los derechos estratégicos y de defensa de Irán”, “garantías internacionales ante acciones militares de Estados Unidos y los sionistas”, además de “compensaciones económicas” y otras cuestiones por de fórmula.
De que aceptados o no por el eje Washington-Tel Aviv, todo el mundo sabe que este pacto durará lo que el agua en una cesta Porque la ambición sionista está en su ADN, y para ellos existe una única opción: conquistar la ucronía del “gran Israel”, que ahora también viene con aledaños, lo que pone en la disyuntiva. “Lo que yo quiero o ser finalmente despedazados”.
Al tiempo que la información sigue siendo negada, siniestramente ocultada como estrategia de guerra del Führer Netanyahu, imponiendo castigos de hasta cinco años de prisión a quien informe o muestre imágenes de lo que los drones y misiles persas están provocando, debajo de la vulnerada “Cúpula de Hierro”, que no tiene muertos, no tiene daños, no tiene vergüenza.
Mientras la vergonzosa actitud de la diáspora iraní, particularmente la establecida en los Estados Unidos, festeja y alaba cada bombazo sionista-norteamericano, como si a los que masacran no fueran sus hermanos y lo que se demuele no fuera testimonio de lo producido por una de las culturas más exquisitas que ha tenido la humanidad. En esto, seguramente hermanados con los cubanos mayameros, que limpiaban sus babas mientras observan cómo su país se hunde en el punto más cruel del bloqueo que ha impedido el desarrollo de Cuba.
Ocultar la guerra para seguirla
Las declaraciones luego de la renuncia del director del “Centro Nacional de Antiterrorismo”, Joe Kent, en que dijo que Irán no representaba ningún peligro para los Estados Unidos, dejaron claramente en evidencia que Trump fue manipulado por su yerno Jared Kushner y otros hombres de su confianza, muy probablemente en connivencia con Benjamín Netanyahu, quien además tendría pruebas de estar involucrado en el affaire Epstein.
Como quiera que sea, el arrebato de Trump ha hundido al mundo en una crisis que amenaza con sobrepasar cualquier cosa similar antes conocida. Este es el precio que sin duda estaba dispuesto a pagar Netanyahu, mientras que seguramente Trump jamás reflexionó sobre las consecuencias de ceder a las presiones sean de la índole que sean.
Por lo que ahora ya es demasiado tarde para echarse atrás, por los muchos muertos, por la destrucción de cientos de miles de viviendas y de las millonadas de dólares invertidas en infraestructura. Además de la detonación de ese mundo tan artificial como insolente, que desde hace décadas se comenzó a levantar del lado occidental del Golfo Pérsico, con ciudades espejismos, países insignificantes, sin historia, brotados de pactos europeos, habitados por más extranjeros que nacionales y gobernados por monarquías déspotas, sangrientas, atrasadas. Financiadoras de las organizaciones terroristas más letales del mundo como al-Qaeda y el Daesh y todas sus franquicias. Ese es el mundo que ya no volveremos a ver; quizás se atrevan a levantarlo en algún otro rincón de la tierra, pero ahora se sabe que mientras exista el régimen sionista, nunca jamás Medio Oriente tendrá paz.
Por ello, que Trump dócilmente crea que Donald Trump, llevándose un papelito firmado por alguien, no importa quién sea, ni qué cargo ocupe, se volverá tranquilo a Mar-a-Lago, no ha entendido su voracidad, ni la voracidad del sionismo.
Por lo que Irán deberá resistir y combatir hasta la inmolación, hasta el último hombre, porque la historia le ha deparado el rol de la última frontera inmolarse, para que gran parte del sur global sucumba a los designios del sionismo y su brazo armado. los Estados Unidos.
Cuya estrategia será disimular esta guerra, diluirla en argucias mediáticas, hasta aburrir a las personas que se distraigan detrás de algún fenómeno circense ad hoc, pero esta guerra va a continuar, con distintas fases. Porque Trump no es un hombre, ni Netanyahu tampoco; ellos son un sistema, una forma de concebir el poder, una manera definitiva de relacionarse con los otros. Y si Irán no los contiene, si Irán no logra quebrarle el espinazo. El mundo se las va a ver muy mal si espera que de una vez Rusia y China reaccionen con la profundidad y virulencia que la ocasión impone.
Es casi seguro que en poco tiempo más estaremos viendo un intento de desembarcar en la crucial isla de Jark, miles de infantes de marina, para desde allí adueñarse del estrecho y lanzarse sobre el Irán continental, donde los ejércitos de los ayatolás tendrán que apelar al barro de Vietnam y al polvo afgano para continuar con esa historia.
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