Y volver, volver, volver…

Conversaciones con mus nietos

Mientras uno está vivo, uno debe amar lo más que pueda.Bad Bunny

Y volviendo al volver, a estar, en mi viejo San Juan. Donde pude echar una mirada a esa nueva manera que está surgiendo, de sentir al mundo, de relacionarnos los unos con los otros. Y me di cuenta de que no solo está llegando, sino que ya llegó. Pero que al igual que cuando llega la madurez en la adolescencia, llega con turbulencia y confusión, y uno no se da cuenta que está llegando.

La humanidad está hoy en plena transformación. De un mundo globalizado en tecnología, en abundancia de dispositivos, con gran algarabía de redes electrónicas, y un consumismo desenfrenado. En donde la vida, se presenta como si fuera un esfuerzo materialista, de competir para adquirir, cada uno lo más que pueda, y de sobrevivir. Cambiando de un mundo que por siglos ha estado estructurado en tribus, reinados, naciones, imperios y distancias, a un mundo integrado, donde nos sabemos todos humanos, que estamos en el mismo barco.

Hoy un mundo nuevo está amaneciendo. Donde el espíritu humano, se conecta desde adentro; donde los recuerdos, la inspiración, la compasión, lo sublime, y el amor sentido, nos lleva a reconocernos unos a otros, con todos nuestros diversos ritmos. Pero bailando la misma melodía.

Y nos salvamos de las ideologías, de las palabras, los nacionalismos, la avaricia, la confusión y el miedo que genera esa soledad, de estar aferrados cada uno a “nuestras” ideologías, creencias, costumbres y fronteras, menospreciando las de los demás.

La integración del planeta, en una sola humanidad, es la nueva civilización que está emergiendo. Durante la mayor parte de la historia humana, la gente vivió en mundos culturales pequeños y relativamente aislados. Pero hoy, las economías son globales, las culturas se mezclan, la información fluye instantáneamente, la migración es una realidad estructural. Esta unificación de la humanidad es la base de una nueva civilización.

Todos los cambios en la naturaleza, y en los humanos que somos parte de ella, se dan en medio de turbulencias, de resistencias de las partes del sistema a la integración, a la transformación, a un nuevo estado de compenetración.
Esos días antes descritos, de mi regreso al viejo San Juan, en esa isla, sentado en esa mesa con otros seres queridos, de Costa Rica, de Estados Unidos, todos con intensos capítulos de vida alrededor del mundo, y rodeados de un desfile de gente de todas partes, viniendo a ver la tierra de Bad Bunny, el salsero que puso a bailar salsa y regetón, a japoneses, australianos y al mundo entero, y que cantó en español, solo en español, ¡en el Superbowl del Futbol Americano!
Por eso. Por eso me cayó el veinte, como dicen los mexicanos, de que se acabó el nacionalismo. (Y yo que era independentista).

En Estados Unidos y en Europa, hay ritmos de inmigración más acelerada, (aunque mucho menos de lo ritmos, que habrán sentido los habitantes de este enorme continente occidental, antes de ser “descubiertos por los europeos”.) Y esto ha causado una reacción emocional, de miedo a la civilización global. Pero este miedo al cambio no solo está ocurriendo en estos países. En el mundo entero, las fuerzas de integración humana, la disolución de barreras de comunicación y distancia, nos están haciendo a todos, unos Marco Polos del planeta, y revelando nuestra humanidad universal. Y más allá de ideologías, de izquierdas y derechas, de creencias religiosas, de fronteras y costumbrismos, la gente se está dando cuenta de que estamos todos en el mismo barco, de que somos una sola familia humana.

Es natural que muchos al sentir que esa identidad nacional, regional, etc. se está disolviendo, se aferren a los símbolos y los cuentos del pasado — al «cómo eran las cosas antes«. Y que surja el miedo a lo nuevo desconocido, y que le echen la culpa a los elementos que aparentemente lo traen, inmigrantes, creencias distintas, opiniones nuevas de sobre cómo deben de ser las cosas. Siempre ha sido así, en todas las transformaciones anteriores de la civilización humana. Pero esta es una transformación planetaria.

Y sí, surgen líderes políticos, que hablan sobre unidad, compasión y una humanidad global, y ay, Dios, esos otros, que se aprovechan de los miedos y llaman a una vuelta al pasado. Pero el universo nunca da marcha atrás. Además, la transformación humana no comienza, en instituciones corporativas ni políticas. Empieza con la gente, con cada uno.
Aquí, en esta isla donde regresé en este volver, se reunieron en el 2002, una gentes para compartir ideas, sobre el nuevo milenio de la humanidad, gentes, no instituciones, gentes, de distintas partes del mundo, gente unida, no naciones unidas, ni corporaciones, ni izquierdas, ni derechas, solo gente de todos lados.

Y allí, nos dijo don Ernesto Sábato, uno de los presentes, abriendo la reunión a sus 91 años: …. “cuando nos hagamos responsables del dolor del otro, nuestro compromiso nos dará un sentido que nos colocará por encima de la fatalidad de la historia. Y muchos ya lo están haciendo. Son hombres y mujeres que, anónimamente, sostienen la condición humana en medio de la mayor precariedad. Unidos, en la entrega a los demás y en el deseo absoluto de un mundo más humano, son ellos los que ya han comenzado a generar un cambio, arriesgándose en experiencias hondas, cómo son el amor y la solidaridad”.

El auge, de la integración global de la humanidad ya se siente, como parte de un proceso civilizacional inevitable hacia la justicia y la inclusión. Y nos estamos dando cuenta: de que todo está conectado — las personas, especies, la historia y el futuro. Nos estamos haciendo conscientes cada uno de la interdependencia.

Creo que la manifestación de estos últimos años — del autoritarismo, la misoginia, el racismo, y la negación del cambio climático — después de adelantos logrados en cada uno de estos temas, no es sino la turbulencia que acompaña una profunda transformación. La adolescencia.

La reacción de sistemas antiguos, que están perdiendo el control, el ruido de la vieja estructura que se derrumba, y que confirma la renovación silenciosa que está aconteciendo en pos de mundo más humano.

Y de nuevo volviendo al volver a San Juan, a reencontrarme con mi amiga del alma de Costa Rica, a quien conocí en esa jornada del 2002, y ahora conocí a su amiga, también trotamundos, y junto a mi hija y nieto, gente igualmente, de mundos dispersos achicados, compartimos el ser humanos, ese sentir, ese amor de adentro.

Tenemos mucho que aprender. Todos cometemos errores y tenemos alegrías y sinsabores, pero estamos aprendiendo a compartirlos. La nueva civilización que amanece, nos trae una mayor oportunidad, de conocernos, de perdonarnos, de amarnos. Como decía la pantalla detrás del último Superbowl. El Amor es más poderoso que el odio.
Encontrémonos ahí.

El verdadero amor es inconquistable e irresistible. Y continúa acumulando poder y esparciéndose hasta que finalmente transforma a todos los que toca.» –Meher Baba

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