Luis Guillermo Solís
Esto lleva a un segundo tema. Si en algún momento Costa Rica debe estar presente a nivel diplomático en un país, es cuando éste sufre turbulencias domésticas. Ello, para informar, para ofrecer buenos oficios, y también para darle al pueblo de dicho país, solidaridad y asistencia caso de que llegara a necesitarla. Así se actuó en Chile tras el golpe de Estado en 1973. Hoy Cuba vive una profunda crisis interna, ya de perfiles humanitarios, que se ha agravado por factores tanto locales como fruto de la decisión estadounidense de impedir la provisión de petróleo y sus derivados a la Isla, cuyo sistema productivo y habitantes, dependen enteramente de ello. Por eso salir huyendo, y hacerlo de manera abrupta como en este caso, resulta tan paradójico.
Finalmente, la pequeñez geográfica y vulnerabilidad de nuestra República nunca fue obstáculo para que utilizara sus márgenes de autonomía relativa cuando de ello dependió su seguridad nacional. Incluso enfrentando a la potencia regional, los Estados Unidos, sin llegar a romper nuestra alianza con ella. Tal fue el caso antes y durante la Campaña Nacional (1854-1858), durante los más álgidos momentos de la Guerra Fría y claramente en el contexto de la guerra civil en Nicaragua, en donde Costa Rica jugó un papel decisivo entre 1977 y 1990, utilizando la política de neutralidad activa y posteriormente, con audacia singular, el despliegue del Plan Arias que inspiró los acuerdos de Esquipulas en directo conflicto con la administración Reagan. Eso, sólo para señalar unos pocos ejemplos. El gobierno de Chavez nos aparta de ese camino, y en la actualidad actuamos con una sumisión que no honra la tradición de independencia inteligente, desmilitarización y adhesión al Derecho Internacional que históricamente nuestra política exterior desplegó con mucho éxito. Ello no nos conviene y es inoportuno. No hay necesidad de ser ‘más papistas que el Papa”.
– Expresidente de la República
Cambio Político Opinión, análisis y noticias
