La nueva Humanidad y el asteroide de Chicxulub
Conversaciones con mis nietos
Arsenio Rodríguez
Los movimientos regresivos como MAGA, el RN (Rassemblement National) y los muchos otros movimientos nacionalistas, —no son ideologías políticas. Son reflejos de una psique tribal que busca refugiarse, en un pasado que ya no existe. Pero las expresiones de la vida, en dado momento, ya no pueden detener la evolución. O se integran gradualmente, o sufren una restructuración desastrosa.
La paradoja de hoy es, que los mismos grupos tribales, que ampararon el descubrimiento de nuestra estrecha interdependencia con la naturaleza, y desarrollaron el progreso geopolítico y económico que conectó la humanidad a nivel global, ahora están rechazando la interdependencia y la globalidad humana.
Como cuando nuestros egos, oponen resistencia al cambio, estos grupos le tienen miedo a un mundo global y distinto, que requeriría cambios profundos de consumismo, y la integración con las otras poblaciones del planeta. No estamos siendo testigos del fin de la humanidad. Estamos siendo testigos de su adolescencia inconsciente.
Vivimos un momento especial de nuestra historia humana, donde prevalece una migración masiva, el intercambio global de conceptos y percepciones, y la conectividad global. Donde la tecnología, la economía, los mercados, y el consumismo globalizado, trastocan las bases del poder político. Hoy más que nunca, los lideres políticos son influenciados por intereses corporativos. Las decisiones internacionales importantes, se toman en reuniones como las del Foro Económico Mundial de Davos y no en las Naciones Unidas.
Cuando el Tribunal Supremo de EE. UU., decidió quitar los límites de contribuciones corporativas a campañas políticas, redefinió la democracia en ese país. A partir de esto, las elecciones pasaron de ser cada vez menos una cuestión de persuasión a ciudadanos, a una de competencia entre fuentes de financiación.
Y esto no es exclusivamente estadounidense. En gran parte de Europa, las leyes de financiación de campañas son más estrictas, pero la influencia fluye a través del lobby, las puertas giratorias, la captura regulatoria y la propiedad de los medios. En Rusia, la riqueza oligárquica y la autoridad política son simbióticas, en lugar de fingir estar separadas. En muchos países en desarrollo, el poder corporativo se manifiesta a través de contratos extractivos, e influencia sobre la deuda y el «desarrollo» privatizado. Lo que esto produce es una democracia de nombre, pero no de verdadera representación.
Las corporaciones actuales son en gran medida post-ideológicas. Su lealtad no es hacia la izquierda ni la derecha, el progreso o la tradición, sino a su crecimiento, el acceso a fuentes de extracción, la primacía de los accionistas y la aceleración tecnológica. En ese sentido, el hiper-desarrollo es la verdadera doctrina que mueve el mundo actualmente. El capital fluye más rápido que la ley. Los algoritmos moldean el deseo más rápido que la ética. Y las corporaciones, a diferencia de los gobiernos, no están obligadas a justificarse moralmente en lo absoluto.
Lo curioso e intrigante, es que estas grandes corporaciones, plataformas tecnológicas, grupos de finanzas, logística e industrias extractivas, prosperan gracias a la globalización, la movilidad, y las fronteras porosas para la inmigración y mano de obra flexible. La inmigración, en términos puramente económicos, suele ser un beneficio neto para ellas. Entonces, ¿por qué se alinean con movimientos que culturalmente están en contra de la globalización y antinmigrantes, e incluso aislacionistas como el MAGA? Porque lo que moviliza las masas no es una visión económica — es una visión emocional.
Las corporaciones apoyan una estrategia a dos niveles, hacia los mercados y el capital -con atención a flujos globales, desregulación, minimización fiscal, debilitación de protecciones laborales, e influencia geopolítica. Y hacia los votantes – propagandas de miedo, identidad, agravio, pérdida de estatus, «están ocupando tu lugar«, «el mundo que conoces está desapareciendo» y “se están comiendo tus gatos y tus perros.”
El trumpismo (y sus primos europeos) no están en contra de la globalización sino de la solidaridad. Las fronteras se cierran para la gente, no para el dinero. El nacionalismo se convierte en un anestésico cultural, mientras que el capital permanece sin fronteras. Así que la contradicción es solo aparente. Lo que realmente está ocurriendo es una globalización asimétrica. El capital se mueve libremente, el trabajo está dividido contra sí mismo. La identidad de la tribu reemplaza a la clase, como un principio organizador.
Para las corporaciones y los multimillonarios, los inmigrantes son útiles de varias formas, económicamente — (mano de obra más barata, flexible, renovación demográfica) y políticamente — como un chivo expiatorio perfecto, para agitar los votantes y así colocar políticos que favorezcan sus intereses en el poder.
El mundo actual está en una encrucijada de transformación. Sobrepoblamos el planeta, y nuestros excesos de consumo, amenazan el equilibrio con la naturaleza que nos sostiene. Hoy como parte del interés corporativo de extracción, se están cancelando políticas internacionales orientadas para amortiguar el cambio climático.
Durante la evolución de la vida en este planeta, cuando los dinosaurios predominaban en la Tierra, los mamíferos, que estaban evolucionando la empatía, para atender a la novedad evolutiva de la partenogénesis, estaban condenados a nichos inhóspitos, que no permitían su despliegue y evolución progresiva, la que finalmente llevaría al homo sapiens -a la posibilidad de sentir el amor conscientemente.
Pero un impulso correctivo surgió de las estrellas, igual que la vida, y con el impacto del asteroide de Chicxulub, desaparecieron los dinosauros, y evolucionaron los mamíferos y nuestro fenómeno humano.
Los humanos progresamos en el conocimiento. Nos conectamos en lenguaje y señal, para compartir la dicha, el amor y la poesía, y de tribus aisladas construimos una casa planeta. Y apenas nos empezamos a dar cuenta, que todos estamos conectados, que la naturaleza es parte de nuestro cuerpo, y que cada acción que perturbe nuestro equilibrio con ella nos afecta. Pero el egoísmo y la ignorancia de muchos hoy, alentados por la avaricia corporativa, nos regresan a la anticiencia, y se empiezan a descartar políticas para controlar nuestro despilfarro de la naturaleza.
Esta ignorancia esta manifestada en pleno, por movimientos como MAGA, pero está latente en todos nosotros. El sistema egoísta persiste porque la mayoría participamos en él. Existen enormes industrias que fabrican productos que no son esenciales, o que nosotros consumimos desmedidamente. El exceso se normaliza mientras que la privación se justifica. Y alimentamos el quítate tú pa ponerme yo.
El sistema que hoy nos está llevando al precipicio, esta sostenido por millones de millones de pequeños actos diarios, de nuestro apoyo a el consumo baladí. O sea que el sistema puede ser cambiado si cambiamos los patrones de consumo.
Don Ernesto Sabato compartió su visión, en una reunión de gentes preocupadas por el futuro de la humanidad, realizada al cambio de este milenio.
“…debemos unirnos para recobrar, una narración que nos incluya a todos como pueblos hermanos del mundo.” …Debemos volver a dar espacio en el alma de los pueblos, para albergar valores como el amor por la criatura humana, la justicia, el sentido del honor y de la vergüenza, la honestidad, el respeto por los demás, y la búsqueda del sentido sagrado de la vida. Nuestra sociedad se ha visto golpeada por el materialismo .su espíritu ha sido corroído por la injusticia y la frivolidad… tenemos que quitarle a este modelo neoliberal, la pretensión de ser la única manera de vivir que es posible para la humanidad. …El «sálvese quien pueda» no sólo es inmoral, sino que tampoco alcanza”
¿Tendrá el universo, en sus sabias correctivas del proceso evolutivo, que repetir a Chicxulub, esta vez no como asteroide, sino como un gran desequilibrio de la naturaleza que nos sostiene, en reacción a los abusos de nuestra avaricia y del consumo superfluo, para llevarnos a una Nueva Humanidad, donde como decía Desmond Tutu nos despertemos a la realidad de que todos somos “una sola familia”?
Siento que está naciendo una nueva humanidad. Y que estamos ahora pasando los dolores de un parto. Pero que el jardín volverá a regenerarse y a florecer. Y como dijo Don Ernesto “…convertiremos la vida en un terruño humano.”
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