Carlos Manuel Echeverría Esquivel
Inquieta porque en la compleja gestión gubernamental moderna nadie tiene la capacidad de manejar al dedillo todos los temas y personalmente resolver todas las amenazas o aprovechar todas las oportunidades. Delicado que el grueso ciudadano no parece se preocupe por el tipo de liderazgo que se ejercería. Ese es un tema para después del 1 de febrero.
El liderazgo heroico es el ejercido por personas que en cualquier organización concentran el poder, de tal manera que, in extremis, hasta las decisiones más puntuales y de menor importancia, son tomadas por aquellas, básicamente sin consultar y sin tomar en cuenta el criterio de otras personas capaces, incluyendo especialistas. Al final, es un líder cuyo liderazgo se dispersa y diluye, de tal manera que ya no es líder. No motiva, más bien todo lo contrario. Lleva a las organizaciones al desastre, pues deja de ser quien ve “el bosque” desde una dimensión estratégica y se concentra en lo táctico…ver los árboles. En organizaciones exitosas, incluyendo instancias de gobierno, quienes abandonan el estilo heroico, tienden a liderar exitosamente, porque dejan los detalles, a sus colaboradores y estos hacen lo propio con sus colaboradores cuando así corresponde. Claro está, como toda regla, tiene sus excepciones, como cuando se trata de un asunto de especial importancia e impacto. Lo que no debe suceder, es que lo táctico monopolice la gestión del líder.
Lo anterior no implica bajo concepto alguno, “Dios guarde”, sería un desastre, que el líder descentralice totalmente la toma de decisiones a nivel gubernamental. Al contrario, el líder establece políticas claras de cumplimiento obligatorio excepto que sean comprobadamente ilegales. La ley 6227, ley general de la administración pública, es el instrumento legal que refuerza jurídicamente el gestionar público no heroico. Considero que salvo alguna excepción, los gobernantes de Costa Rica no han sabido o no han querido utilizar esta herramienta para subir el nivel de su gestionar político, dejando así la implementación técnica a sus colaboradores en los niveles correspondientes.
El liderazgo estatal no heroico, el moderado, sin renunciar a su responsabilidad, lo que no puede, no solamente delega en sus colaboradores con los que trabaja en equipo y antes de decidir los escucha, sino que también escucha la voz de las fuerzas vivas no estatales del país. No se trata solo de rendir cuentas transparentemente. Se trata de ir más allá y abrir espacios de participación consultivamente, en la gestión de estado. Las leyes 5525 y sus modificaciones y la 10096, la primera que crea el sistema de planificación que incluye el subsistema de planificación regional y los consejos de desarrollo regional, que la segunda desarrolla, son herramientas valiosísimas para darle vida a la consulta social. Es tesis del suscrito que nuestra alicaída democracia no repuntará, si no establece como práctica estratégica y común, el de la democracia participativa, paralela a la democracia electoral. Hablemos de esto, aspirantes a presidir el país o a ser “respuesto”, como lo son los candidatos a vice presidir , total e inconvenientemente ignorados en la presenta campaña.
Para quien tenga interés en el tema, recomiendo el libro “Managing for Excellence- the guide to developing high performance in contemporary organizations”, de los doctores en gestión David L. Bradford y Allan R. Cohen, este último de Babson College, editorial John Wiley & Sons . Sin duda habrá otros más recientes, pero este es muy bueno y no pasa de moda.
– Ex viceministro de planificación.
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