¿Atrapados en el presente, o decidir en el espacio soberano…?
Caryl Alonso Jiménez
Es verdad, no tendría ninguna excepcionalidad repetirlo dado que universitarios, filósofos y especialistas de las ciencias de la comunicación lo saben. Pero, al parecer se obvia una arista extremadamente crítica, ¿cómo entender el tiempo…? Al parecer se reduce a tres variables: transición, control de riesgos y gestión del acontecimiento.
Justamente, el descubrimiento de Bergson revela la importancia de comprender que no es el tiempo real, que se mide con el reloj; sino el tiempo emocional, particularmente en la aceleración de la vida, sentido de miedo y escasez, y búsqueda de la afirmación social, todo en un contexto individual. Si esto es verdad, entonces, vale interrogarnos, ¿Seguimos atrapados en el presente…?
Llevado al plano de la institucionalidad pública, que hoy pasa las crisis de inmovilidad, donde tiene capacidad de incidir en los contextos de la realidad, muchas veces por el modelo y sistema de control, que resulta inaudito dado que son las instituciones públicas el primer eslabón para lograrlo.
Según datos de la Encuesta de la OCDE 2025, a nivel regional persisten preocupaciones insistentes: violencia 60%, corrupción 48%; desempleo y falta de trabajo 38% (P.21). Y sobre los determinantes vinculados a la confianza de las instituciones públicas, un 46% cree que serán los gobiernos quienes equilibren adecuadamente los intereses de las diferentes generaciones (P. 131). Ambos al parecer incidirán en el futuro…
La región se encuentra en los umbrales de la nueva era, hacia a siguientes etapas de la democracia republicana, donde la incertidumbre global con dinámicas que alteran el presente (tiempo psicológico y emocional) con incidencia extraordinaria de la economía y las redes sociales.
No cabe duda, deberán tener en cuenta las variables heredadas del pasado y a veces descontroladas, como el nuevo rumbo geopolítico, debilidades institucionales y rezagos sociales, todo en un coctel sin rumbo estratégico, que impacta en el desconcierto de convicciones y derroteros futuros. Y por extraño que parezca, se conocen las fallas, pero no se prevén herramientas jurídicas y políticas para reafirmar la fortaleza institucional.
Platón, en “La república” y Stiglitz, en “Los felices noventas” (1998), destacan que la decisión apoyada en ciencia siempre tendrá la lucidez de la razón. Cómo hacer comprender entonces que la razón es el instrumento de los hombres de Estado, y ese esfuerzo es comprender que la defensa es justamente, la defensa de las razones que justifican la democracia y sus instituciones. Sino, tiene razón Anne Applebaum (2025).
Ver el pasado siempre permite observar que fueron los hombres y mujeres que impusieron dinámicas que fueron a la velocidad de los tiempos cruciales del hemisferio, a veces alineados a las tendencias hegemónicas y a veces desde sus propias iniciativas tropicales…
Es verdad, el mundo cambió y el futuro resulta de dimensiones imprevisibles. Sin embargo, el repaso del pasado permite ejercicios predictivos que resultan cíclicos y hasta repeticiones burdas, tal como afirma Robert Kaplan, en “El retorno a la antigüedad” (2002), que estrategas tropicales despreciaron por soberbios. Quedarían asombrados (si es que tienen esa sensibilidad), del balance crítico de mantener las condiciones actuales.
No debemos olvidar que el debate de la democracia no es la simple libertad. Exige interpretaciones del carácter teleológico. Isaiah Berlín (1909-1997), al aceptar el doctorado Honoris Causa en la Universidad de Toronto (1994), advirtió los peligros de abrazar ideales simples, “…estos muchas veces son el resultado de coloquios intencionados, pero no son ciencia, sino simple distracción intelectual”. Ese es el problema de las democracias regionales, diseñadas con guion jurídico que iguala el desarrollo con una locomotora que lleva a una sola estación final. Cualquier otra metáfora no está en ese itinerario…
Eliminar espacios reguladores y adoptar facilitadores no debe apartar las responsabilidades de las instituciones públicas en la movilidad social, “el Estado debe cumplir, con razonable eficacia y legitimidad, no solo sus tareas promotoras de las sociedad en su conjunto, incluyendo el desarrollo de sus mercados, sino también las protectoras de los efectos de esos mismos mercados” (O’Donnell, 2005). Estamos a tiempo, las decisiones dependerán de la expectativa y en ello, testimonio y ejemplo son determinantes para liderazgos futuros. Ya no puede haber error en cálculo presente.
Piketty (2015), preguntó alguna vez, ¿Podemos imaginar para el siglo XXI que transcienda al modelo actual y que sea más pacífico y duradero? Si, si podemos… Pero, el dilema es persistente, ¿Atrapados en el presente, o decidir en el espacio soberano…?
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