Circunloquio [*]
En el ser humano la criticidad, la incredulidad y el escepticismo surgen del aprendizaje social–cognitivo El cerebro humano está diseñado para creer rápidamente (eficiencia), confiar en la autoridad y aceptar narrativas del grupo. Esa tendencia favorece la cohesión social, pero dificulta el pensamiento crítico, la incredulidad y el escepticismo, que responden al entrenamiento
Yayo Vicente
Existen tres términos que parecieran sinónimos, pero no lo son, aunque están emparentados, veamos: CRITICIDAD es la capacidad de analizar, evaluar y juzgar argumentos o situaciones; INCREDULIDAD es la resistencia para aceptar algo como verdadero; y el ESCEPTICISMO es una postura más elaborada, consiste en no llegar a conclusiones sin tener evidencia suficiente.
| RASGO | ¿INNATO? | ¿ADQUIRIDO? |
|---|---|---|
| Criticidad | No | Sí |
| Incredulidad | Parcial | Sí |
| Escepticismo | No | Sí (alto nivel) |
En este enero y vísperas de las elecciones nacionales, cuesta no asociar pensamientos con los procesos políticos. Carl Sagan murió el 20 de diciembre de 1996, hace ya treinta años, así que no tiene ninguna relación directa con las preocupaciones políticas que nos tienen entretenidos en Costa Rica. Al mismo tiempo, su alerta por la falta de criticidad, incredulidad y escepticismo que es característica de los votantes, también será un factor decisivo en el resultado de las próximas votaciones.
Predominará el voto emocional sobre el informado. Es lo que es. En ese contexto, no será lo mismo una explicación llena de números e ideología política en la que se argumente la necesidad de vender el Banco de Costa Rica (y no precisamente de venderlo al Banco Nacional), que decir: “¡Sobre mi cadáver se venderá el BCR!” Tampoco será de recibo hacer todo un análisis de “pros y cons” en relación a la exploración y explotación de gas natural y petróleo, cuando quien manda dice: “Cambiemos de tema, no vamos a desgastarnos los cuatro años en esa discusión, con tanto pendiente por resolver”. Tendría razón, en una sociedad que no ha sido formada para debatir, polemizar y discutir, un distractor de ese tamaño se vuelve paralizante.
Somos naturalmente crédulos
La credulidad es producto de cómo funciona la mente humana y de cómo vivimos en sociedad. El pensamiento crítico, la incredulidad y el escepticismo son las principales herramientas para contrarrestar y que no nos vayamos de bruces. Tengamos claro que esa actitud en la que creemos todo, se construye con mecanismos cognitivos, factores emocionales, influencia social, factores evolutivos y el contexto cultural y educativo.
El cerebro usa atajos (“si lo dice una autoridad, si está en el INTERNET, si lo publicó un periódico, en consecuencia, debe ser verdad”) que pueden llevar a aceptar información sin verificarla. Por supuesto que existe la tendencia de creer lo que confirma nuestras creencias previas y a rechazar lo que las contradice, a creer que entendemos un tema mejor de lo que realmente lo hacemos, lo que reduce nuestra crítica.
En algunas ocasiones caemos en la trampa por la necesidad de certeza y control. Para evitar la incertidumbre o el miedo, aceptamos explicaciones simples que reducen la ansiedad. Lo que nos sucede es que resulta más fácil creer algo que promete soluciones, sentido o beneficios personales.
Somos animales sociales, porque nos conviene, si muchas personas creen algo, aumenta la probabilidad de aceptarlo (conformidad social). También nos resbalamos cuando la información proviene de figuras con poder, estatus o carisma. Ni que decir cuando una idea se repite y se vuelve familiar y “verdadera” (efecto de verdad ilusoria).
La evolución también juega, creer rápidamente es ventajoso, una advertencia (aunque sea falsa) es menos costosa que ignorar un peligro verdadero.
Por otro lado, los sistemas educativos que no enfatizan el pensamiento crítico o la alfabetización de lo que vemos en nuestras pantallas. No podemos olvidar las tradiciones, mitos y narrativas culturales transmitidas desde la infancia que se internalizan sin cuestionamiento inicial.
Credulidad y política
El populismo se aprovecha de la credulidad:
- Simplifica la realidad y presenta problemas complejos con explicaciones simples y soluciones rápidas. Esto encaja bien con nuestra tendencia cognitiva a preferir narrativas claras, con culpables definidos y finales esperanzadores, reduciendo el impulso a cuestionar.
- Apela a lo emocional y oculta lo racional, para eso no utiliza datos verificables, el discurso populista prioriza emociones como el miedo, la indignación o el orgullo. Cuando la emoción domina, el pensamiento crítico suele debilitarse, lo que facilita la aceptación sin crítica del mensaje.
- Usa y abusa la narrativa “pueblo contra élites”, crea una dicotomía, un marco moral sencillo: el “pueblo” es bueno y honesto; las “élites” son corruptas y mentirosas. Al establecer un enemigo claro, se refuerza la credulidad hacia el líder que dice “decir la verdad” en nombre del pueblo.
- Usa sesgos cognitivos como el de confirmación y refuerza creencias y resentimientos preexistentes.
- Usa una autoridad carismática que se presenta como una figura auténtica, cercana y excepcional, lo que reduce el cuestionamiento.
- Repite constantemente los mismos mensajes hasta que parezcan verdades absolutas e incuestionables.
- Deslegitima cualquier fuente crítica, para eso desacredita a la prensa, la academia o las instituciones, etiquetándolas como parte del enemigo. Esto limita las fuentes alternativas de información y encierra a los seguidores en burbujas narrativas.
- Utiliza contextos que lo favorecen, pues la credulidad aumenta en escenarios de crisis económica, desigualdad, inseguridad o pérdida de confianza institucional. En estos contextos, las personas buscan sentido, protección y culpables claros.
No se debe caer en la trampa de creer que los chavistas solo son crédulos estafados en su buena Fe. Muchas personas apoyan al chavismo por experiencias reales de exclusión, injusticia o abandono. El problema moral y ético surge cuando esas demandas legítimas son canalizadas mediante desinformación, promesas irrealizables o la erosión deliberada del pensamiento crítico.
El populismo chavista no crea la credulidad, pero la explota y la amplifica, especialmente cuando se combinan emociones intensas, mensajes simples y desconfianza hacia las instituciones. Para decidir el voto, hagamos acopio de nuestra criticidad, incredulidad y escepticismo, no nos podemos ir de cholos.
Cambio Político Opinión, análisis y noticias
