Conversaciones con mis nietos
Arsenio Rodríguez
Terminó con la persona frente a mí, con quien estuvo hablando de desarrollo sustentable, y cuando me vio me saludó y me dijo, ‘y ¿tú que piensas, tendrá el mundo recursos suficientes para sostener su población creciente?’ Yo iba a contestar algo, pero el griego era muy parlanchín y siguió; ‘decía Gandhi que el mundo tiene suficientes recursos para sostener 50 veces la población actual pero no la avaricia de su población.’
Ayer me acordé de este intercambio, cuando leí una noticia que decía, que 1% de la población mundial (80 millones de personas) los más ricos, se enriquecieron aún más, con casi dos tercios de toda la nueva riqueza generada en el mundo a partir del 2020, por valor de 42 billones de dólares. Casi el doble de dinero que el 99 por ciento más pobre de la población mundial.
Oxfam señalaba que Elon Musk, uno de los hombres más ricos del mundo, pagó impuestos de alrededor del 3 por ciento entre 2014 y 2018. ¡Y que Aber Christine, una vendedora de harina en Uganda, que gana 80 dólares al mes paga impuestos de un 40 por ciento!
Credit Suisse afirma, que hoy en día el 10% de la población mundial, controla el 85 % de la riqueza del mundo. (Me imagino que cuando dicen riqueza, se refieren al dinero y los bienes transferibles, o sea que la buena voluntad, los amaneceres y los enamoramientos, o no son considerados riqueza, o no los controla esta gente.)
El egoísmo y la codicia, por supuesto, se personifican en la civilización moderna por los acaparadores del dinero, la influencia, y el poder, sin importarles qué. Sin embargo, el egoísmo, la codicia y el menosprecio por los demás, están presentes más allá de contextos económicos y monetarios. En el contexto de una familia, aun entre hermanos, inclusive gemelos, se manifiesta la competencia por atención emocional. La vida gira alrededor de nuestra autoidentificación personal (del ego) y no alrededor de la percepción, de un campo de existencia continuo e interdependiente, donde todos estamos en el mismo barco. Donde todos compartimos el misterio de la vida y la muerte, y donde la felicidad surge mediante la colaboración y el cariño, y no la competencia y la preponderancia, que es como hemos llevado nuestra historia hasta ahora, llevando al planeta a niveles peligrosos de supervivencia. Si, nuestro afán de consumo de tener cada vez más y más cosas, solo por tenerlas, no parece ser algo que nos esté llevando al bienestar, ni personal ni colectivo.
El ego es un trazador de fronteras, este soy yo, ese no soy yo. Todos padecemos de ego. La codicia y el egoísmo son exageraciones de estos límites, que maximizan mi ganancia como la única realidad (económica, de preponderancia, de lo que sea pero yo, yo). A veces nos damos cuenta de con la compasión, el compartir el sufrimiento de los demás, surge una verdadera felicidad. Que una mayor compresión de nuestra interdependencia con los otros, con el ecosistema en que vivimos y con el planeta, es el camino.
Sin embargo, seguimos insistiendo en el modelo de quítate tu pa ponerme yo, a todos los niveles. Hoy en día, la preponderancia de las redes sociales, y el aislamiento a nivel de contacto personal entre la gente, aumenta esta existencia irreal, del yo fuera del contexto. Y todo se vuelve, no solo una inteligencia artificial, sino una vida artificial. La conectividad sin comunicación, que brindan las nuevas tecnologías, son para la diseminación de nuestros postulados y opiniones, para llamar la atención y hacer preponderar nuestros egos y no para compartir la estrecha interrelación de nuestra existencia. Huy. Hasta los muertos son importantes en el afán de preponderancia. En el mundo se mueren casi 200 mil personas al día, y todos nos morimos, pero los medios resaltan en las noticias las muertes de los importantes, de esos que tienen el 10%, de los que resaltan. Los demás parece que ni vivieron.
No sé porque hoy, me afecta esto que siempre ha estado presente. Total, si yo también juego al quítate tu pa ponerme yo. Pero algo se asomó adentro hoy. No sé si son las historias de gente que conozco y que quiero, que están en plena faena en este juego y me entristece saber, de toda la erosión interna que uno se causa y le causa a sus seres queridos, cuando nos aferramos a ser ignorantes de lo que sienten los demás, y nos olvidamos de que todos estamos en este mismo barco de belleza y de misterio.
Me entristezco de mí propia ignorancia. Pero a la vez, surge en mi la esperanza de que todo esto sea, un proceso de sacudidas autoprovocadas, para crecer, aprender, darnos cuenta de nuestra humanidad colectiva, y aprender a amar. Ojalá y logremos entusiasmarnos más, con la sabiduría natural y la vida maravillosa que nos rodea y que somos, que con los juguetes de nuestros egos y las mentes artificiales.
En 1975, visitaba unos amigos en una remota población de la India, en la meseta del Decan, en el estado de Maharastra. Eran gente muy querida, que habían estado asociados con Meher Baba, un maestro espiritual del siglo pasado. Eruch, uno de los más allegados, le había preguntado a un australiano que estaba allí por primera vez, su impresión de la India. Y el australiano le contestó que había mucha miseria. Un rato después Eruch nos invitó a una caminata, para visitar la villa de Pimpalgaon, el pequeño poblado que quedaba cerca de donde estábamos. Éramos como un grupo de 10 personas. Íbamos por un camino de tierra y pasamos por una choza que Eruch nos dijo estaba construida con estiércol de vaca a la usanza de la región. Nos preguntó, que si queríamos conocer como vivía una familia en el campo, en esa parte de la India.
Llamó y salieron unas 7 u 8 personas de la pequeña choza, todos sonrientes, con sus tradicionales vestimentas blancas y sucias de tierra, que saludaron a Eruch, a quien conocían. Eruch se volteó, y le preguntó a el australiano, que estaba en el grupo, si él pensaba que ellos vivían en la miseria. Él contestó que sí. Eruch le dijo, bueno sí son pobres, dependen de la naturaleza, de este árbol de neem obtienen, leña, hojas para hacer tes medicinales, y pasta de dientes, y otras cosas. Las tierras alrededor las usan para sembrar sus cosechas. Claro si no llueve, pasan hambre. Y aquí vivimos en una zona de sequías. Pero si alguien quisiera ayudarlos, les puede traer granos para subsanar los tiempos de sequía, y agua, y otras necesidades básicas que podrían surgir. Y con eso los ayudarían. Pero dime -esa gente que lo tienen todo, que tienen en demasía, y viven en ciudades, y son infelices, porque no están satisfechos, quieren tener más, y están deprimidos, tienen que ir a siquiatras, o usar algún tipo de antidepresivos o estimulantes, y viven en la ansiedad ¿qué se les puede dar para ayudarlos, si ellos ya lo tienen todo?
Y cuando me acordé de aquel momento y de la pregunta de Eruch, pensé en el 10%, y en nuestras visiones basadas en el quítate tu para ponerme yo.
Sí, es deprimente, pero aun así pienso que de esta inundación de opulencia y de puerilidad interior, surgirá una nueva síntesis de la humanidad. Que habrá una metamorfosis, que nuestro presente etapa de orugas tendrá que sufrir, pero nos transformaremos en una humanidad, que irá más allá de la acumulación de cosas, de ideologías, religiones, politiquerías, e ignorancias artificiales. Y habrá un amanecer de sabiduría y nos sabremos.
“El mundo se dará cuenta de que ni los cultos, credos y ceremonias, por un lado, ni la lucha apasionada por el bienestar material, por el otro, pueden producir la verdadera felicidad, sino que solo el amor desinteresado y la hermandad universal pueden lograrlo. El futuro de la humanidad está en manos de quienes tienen esta visión.” Meher Baba
Muy cierto y nos hace reflexionar sobre este mundo en el que vivimos.