Rayos y centellas en la asamblea del partido chavista

Luis Paulino Vargas Solís

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La cosa, a lo que entiendo, va como así:

  1. El partido chavista, PPSO, abre la recepción de postulantes como precandidatas o precandidatos a las diputaciones.
  2. La persona interesada debe abonar la módica suma de ₡2.250.000. No se da crédito ni tampoco puede pagarse a plazos. Es al contado, si bien puede hacerse por SINPE-Móvil o transferencia bancaria, en efectivo, criptomonedas u otra opción similar o bien una combinación de estas. No se aceptan bienes muebles ni bienes inmuebles.
  3. Una vez cerrada la inscripción, un Petit Comité se encarga de revisar los atestados de las personas inscritas.
  4. ¿Quiénes conforman tan selecto Petit Comité? No lo sabemos, pero presumo que lo dirigió la candidata Laura Fernández. Muy posiblemente ahí estaban presentes Mayuli Ortega y Calixto Chaves, entre otras eminencias.
  5. Ese Petit Comité elige quiénes irán de candidatos y en qué posición y quiénes quedan fuera. Van de nombre en nombre: “este sí” – check; “este no” – tachadura.
  6. Luego ordenan los nombres por provincia: este primero, esta segunda, este tercero, esta cuarta. O viceversa. Todo de acuerdo con el número de diputaciones de cada provincia.
  7. De cuando en cuando, la candidata Fernández tomaba el teléfono y hacía una llamada: “don Rodri, ¿qué le parece menganita para tal posición?”. O bien: “don Rodri, ya pusimos a Martita de primera en Heredia, a Noguito de primero en San José y a Josemiguelito de primero en Alajuela, como usted lo pidió”.
  8. Llamó también a Pilar Cisneros, pero no le contestó. Y ya luego no la llamó más. De por sí, anda haciendo trompas.
  9. A las personas elegidas, la candidata les da su llamadita por teléfono: “¡felicitaciones! Te hemos elegido y vas en la posición tal en tal provincia”.
  10. A las personas eliminadas se les manda un WhatsApp, con un mensaje frío y escueto: “usted no va”.
  11. Y, por aquí y por allá, reverbera el disgusto y la reconcomia: “me eliminaron y ni siquiera me dicen por qué, y no me devuelven la plata y yo que tuve que empeñar hasta los calzoncillos (o los blúmer, según sea el caso) para poder cubrir la cuota”.
  12. Y audios van y audios vienen por los chats de WhatsApp desahogando el colerón. Y en el Tribunal de Elecciones poniendo sellos de recibido a la catarata de amparos electorales.
  13. Aislado de tan mundanal bullarangón, ya el Petit Comité tiene lista la lista. Y ahora a la Asamblea.
  14. Ya estamos en la Asamblea. Clausura total: puertas y ventanas herméticamente cerradas. Todo el mundo que se asfixia del calorón y respirando aquellos efluvios perfumados que flotan sobre la sala sin tener por dónde salir.
  15. La candidata Fernández advierte: “lealtad, esa es la consigna y es la orden”. Suprimamos el eufemismo políticamente correcto y digamos las cosas como son: obediencia ciega, y a votar las listas tal cual fueron confeccionadas, sin cuestionar ni un punto ni una coma Eso es lo que ordena la candidata. O sea: la señora quiere ser digna aprendiz de tirana, a imitación de su maestro Chaves y de su ahora distante y enfufurroñada maestra Cisneros.
  16. Y, sin embargo, nunca falta algún revuelca albóndigas, algún cabeza caliente. Y surgen conflictos en las algunas posiciones de las listas y se arma la de sanquintín. Gritos van, improperios vienen: “usted es un agente infiltrado de Ariel Robles”, le gritan a uno. “Usted es un enviado del lobby gay”, le vociferan al otro.
  17. Y, al cabo de las horas, finalmente se levanta la sesión y se abren las puertas. La gente sale en tropel a la calle: sudando a chorros del calorón y mareada por los aromas tóxicos que les tocó respirar por tan largo rato.
  18. Y en medio de la inundación de amparos electorales, el Tribunal suspende, al menos de momento, las postulaciones de Martita y Josemiguelito.

Y hasta aquí llega esta historia de pasiones desatadas. Inconclusa por el momento. Permanezcamos con los ojos bien pelados y aguzando los oídos, a la espera de nuevos acontecimientos.

Economista jubilado

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