Luis Paulino Vargas Solís
- El partido chavista, PPSO, abre la recepción de postulantes como precandidatas o precandidatos a las diputaciones.
- La persona interesada debe abonar la módica suma de ₡2.250.000. No se da crédito ni tampoco puede pagarse a plazos. Es al contado, si bien puede hacerse por SINPE-Móvil o transferencia bancaria, en efectivo, criptomonedas u otra opción similar o bien una combinación de estas. No se aceptan bienes muebles ni bienes inmuebles.
- Una vez cerrada la inscripción, un Petit Comité se encarga de revisar los atestados de las personas inscritas.
- ¿Quiénes conforman tan selecto Petit Comité? No lo sabemos, pero presumo que lo dirigió la candidata Laura Fernández. Muy posiblemente ahí estaban presentes Mayuli Ortega y Calixto Chaves, entre otras eminencias.
- Ese Petit Comité elige quiénes irán de candidatos y en qué posición y quiénes quedan fuera. Van de nombre en nombre: “este sí” – check; “este no” – tachadura.
- Luego ordenan los nombres por provincia: este primero, esta segunda, este tercero, esta cuarta. O viceversa. Todo de acuerdo con el número de diputaciones de cada provincia.
- De cuando en cuando, la candidata Fernández tomaba el teléfono y hacía una llamada: “don Rodri, ¿qué le parece menganita para tal posición?”. O bien: “don Rodri, ya pusimos a Martita de primera en Heredia, a Noguito de primero en San José y a Josemiguelito de primero en Alajuela, como usted lo pidió”.
- Llamó también a Pilar Cisneros, pero no le contestó. Y ya luego no la llamó más. De por sí, anda haciendo trompas.
- A las personas elegidas, la candidata les da su llamadita por teléfono: “¡felicitaciones! Te hemos elegido y vas en la posición tal en tal provincia”.
- A las personas eliminadas se les manda un WhatsApp, con un mensaje frío y escueto: “usted no va”.
- Y, por aquí y por allá, reverbera el disgusto y la reconcomia: “me eliminaron y ni siquiera me dicen por qué, y no me devuelven la plata y yo que tuve que empeñar hasta los calzoncillos (o los blúmer, según sea el caso) para poder cubrir la cuota”.
- Y audios van y audios vienen por los chats de WhatsApp desahogando el colerón. Y en el Tribunal de Elecciones poniendo sellos de recibido a la catarata de amparos electorales.
- Aislado de tan mundanal bullarangón, ya el Petit Comité tiene lista la lista. Y ahora a la Asamblea.
- Ya estamos en la Asamblea. Clausura total: puertas y ventanas herméticamente cerradas. Todo el mundo que se asfixia del calorón y respirando aquellos efluvios perfumados que flotan sobre la sala sin tener por dónde salir.
- La candidata Fernández advierte: “lealtad, esa es la consigna y es la orden”. Suprimamos el eufemismo políticamente correcto y digamos las cosas como son: obediencia ciega, y a votar las listas tal cual fueron confeccionadas, sin cuestionar ni un punto ni una coma Eso es lo que ordena la candidata. O sea: la señora quiere ser digna aprendiz de tirana, a imitación de su maestro Chaves y de su ahora distante y enfufurroñada maestra Cisneros.
- Y, sin embargo, nunca falta algún revuelca albóndigas, algún cabeza caliente. Y surgen conflictos en las algunas posiciones de las listas y se arma la de sanquintín. Gritos van, improperios vienen: “usted es un agente infiltrado de Ariel Robles”, le gritan a uno. “Usted es un enviado del lobby gay”, le vociferan al otro.
- Y, al cabo de las horas, finalmente se levanta la sesión y se abren las puertas. La gente sale en tropel a la calle: sudando a chorros del calorón y mareada por los aromas tóxicos que les tocó respirar por tan largo rato.
- Y en medio de la inundación de amparos electorales, el Tribunal suspende, al menos de momento, las postulaciones de Martita y Josemiguelito.
Y hasta aquí llega esta historia de pasiones desatadas. Inconclusa por el momento. Permanezcamos con los ojos bien pelados y aguzando los oídos, a la espera de nuevos acontecimientos.
– Economista jubilado
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