Abril 4, 2025
Por Kizito Makoye
UKARA, Tanzania – La noche después de que su marido fuera enterrado, Vivian Magesa, de 24 años, se sentó en la casa de paredes de ladrillo poco iluminada en el distrito insular de Ukerewe, rodeada de mujeres de la familia de su difunto marido. Había pasado los últimos días de luto, envuelta en un sudario blanco y con la cabeza rapada como dictaba la tradición.
Pero cuando las voces susurrantes de sus suegros llenaron la habitación, Magesa se dio cuenta de que su dolor estaba lejos de haber terminado.
«Es hora», le dijo una de las mujeres mayores, tirando de su brazo. El corazón de Magesa latía con fuerza. Sabía lo que venía después. Tenía que ser purificada.
En la isla de Ukara, en el lago Victoria, dentro de Tanzania, al igual que la cercana y más grande isla de Ukerewe, predominan los grupos étnicos kerewe, jita y kara. Entre esos grupos, la viudez no es solo una pérdida, es una transformación, un paso que exige rituales para separar a los vivos de los muertos.
Y para una joven como Magesa, cuyo marido pereció en un espantoso accidente de barco mientras pescaba, significa someterse a una práctica profundamente arraigada en la cultura de la isla: la purificación de las viudas.
Se trata de un rito sexual que obliga a las mujeres a tener relaciones sexuales con un pariente de su marido fallecido o, en algunos casos, con un completo desconocido, todo en nombre de su alegada purificación.
Un ritual impregnado de miedo y tradición
En el distrito insular de Ukerewe, del que forma parte Ukara, al igual que en muchas partes de África subsahariana, la viudez se considera una contaminación espiritual.
Se cree que si una viuda no se somete a la purificación, el espíritu de su difunto marido perseguirá a toda la familia en duelo, trayendo desgracia o incluso la muerte.
Para evitarlo, la tradición dicta que debe acostarse con un viudo del clan de su difunto esposo y, más tarde, con un hombre de fuera de la aldea, alguien que no tenga ninguna conexión con ella ni con la familia.
«Así es como se ha hecho siempre», dijo Verdiana Lusomya, una anciana de la comunidad kara. «Sin purificación, una viuda es intocable. No puede cocinar para sus hijos. No puede interactuar libremente con los demás. La maldición debe ser levantada», explicó.
Pero para muchas viudas, el ritual no es una elección. Es un decreto, impuesto por la presión familiar, el miedo al ostracismo y, en algunos casos, la coacción directa.
El dilema de una viuda
Para viudas como Magesa, negarse no es una opción fácil. «Cuando dije que no, me dijeron que mis hijos perderían su derecho a heredar tierras», contó la viuda a IPS. «Dijeron que si me negaba, traería mala suerte a mi familia», detalló esta pobladora del distrito insular dentro del lago Victoria, que Tanzania comparte con Kenia y Uganda.
Otra viuda, Jenoveva Mujungu, de 42 años, se enfrentó a un ultimátum similar. Se mantuvo firme durante dos años, aferrándose a su fe cristiana, pero la presión nunca cesó. «Al final, lo hice», admitió, «no porque creyera en ello, sino porque estaba cansada de que me trataran como a una marginada».
En algunos casos, las mujeres que rechazan el ritual son expulsadas de sus hogares conyugales. Sus pertenencias son desechadas, sus hijos son arrebatados y su conexión con la familia se rompe.
«En realidad es una forma de castigo», dijo Prisca Jeremiah, activista de la Organización por los Derechos de la Mujer Upendo, con sede en la ciudad de Mwanza, en el noroeste tanzano. «El mensaje es claro: cumple o sufre», aseguró.
Los hombres que se benefician de la tradición
En la aldea de Butiriti, en el distrito insular de Ukerewe, los limpiadores de aldeas omwesyeor realizan el ritual a cambio de un precio. Suelen ser hombres sin trabajo formal, a veces alcohólicos, a los que se les paga una pequeña cantidad o se les da ganado por su servicio.
«Algunos de ellos están sucios, desaliñados», dijo una viuda, con voz llena de asco. «Lo hacen por el dinero, no por la tradición», lamentó.
Un trabajador sanitario de la comunidad de la isla señaló que algunos purificadores intentan protegerse insertando hierbas en el cuerpo de una viuda antes del coito, creyendo que les protegerá de enfermedades. Pero las viudas sufren las consecuencias, a menudo desarrollando infecciones.
Las consecuencias para la salud de la purificación
Los expertos en salud advierten que la purificación de viudas es una puerta de entrada para el VIH/sida y otras infecciones de transmisión sexual. Al no utilizarse protección y con algunos purificadores involucrados en múltiples rituales, la práctica alimenta una crisis de salud silenciosa.
«Las viudas ya son vulnerables», dijo Furaha Sangawe, médico generalista del Hospital de Nansio, la capital del distrito de Ukerewe. «Este ritual las hace aún más vulnerables. Las expone a enfermedades, traumas y cicatrices psicológicas de por vida», afirmó.
Una comunidad dividida entre el cambio y la tradición
A pesar de la creciente concienciación sobre los peligros del ritual, el cambio es lento. Muchos en Ukerewe todavía creen que saltarse el ritual de purificación trae mala suerte. Los ancianos argumentan que la práctica asegura que la tierra familiar permanezca dentro del clan y evita que las viudas se vuelvan a casar fuera del linaje de su marido.
Pero un número creciente de mujeres, emponderadas por la educación y el activismo, están resistiendo. Algunas están recurriendo a la iglesia para una purificación simbólica, buscando la bendición de los sacerdotes en lugar de someterse a las relaciones sexuales con una purificador. Otras simplemente se niegan.
«No me han purificado y sigo aquí», dijo Miriam Majole, una viuda de 69 años que desafió la tradición. «No nos ha pasado nada malo a mis hijos ni a mí», aseguró.
Organizaciones como Kikundi Cha Mila na Desturi Ukerewe (Kimedeu) están trabajando para educar a las comunidades sobre los daños de la práctica. Pero la lucha es cuesta arriba. Incluso a medida que aumenta la concienciación, el miedo mantiene a muchas mujeres en su garra.
¿Un futuro sin la purificación de viudas?
Para Magesa, la noche de su purificación fue una de las más oscuras de su vida. «Sentí como si hubiera muerto por segunda vez», dijo, «pero no tuve elección, ya que la presión era muy alta».
Ahora, habla en voz baja sobre sus esperanzas para sus hijas gemelas: «Quiero que tengan una vida diferente. Rezo para que algún día este ritual sea cosa del pasado».
A medida que Tanzania se moderniza, la batalla entre la tradición cultural y los derechos humanos se intensifica en el país de África oriental con costas al océano Índico y una población de unos 68 millones de personas.
Por ahora, en la remota isla de Ukerewe, muchas viudas permanecen atrapadas en un ciclo del que no pueden escapar: un ritual que no se realiza para su curación, sino para el consuelo de aquellos que se niegan a dejar atrás el pasado.
T: MF / ED: EG