12 de octubre

Fernando Berrocal

Fernando Berrocal Soto

La primera tierra que tocó Colón, en su gran aventura hacia el encuentro con otras civilizaciones y culturas, fue una bellísima isla que llamaron La Española.

Esa isla, después, se dividió entre Haití y República Dominicana. De Haití puedo hablar muy poco. Sí puedo decir y mucho de la República Dominicana.

Desde hace siete años, por razones profesionales, viajo con frecuencia a ese país y, en ese tiempo, he visto uno de los más sostenidos y formidables procesos de crecimiento y desarrollo económico del área de Centro América y el Caribe, al punto que hoy la República Dominica crece sostenidamente al 7.5% , a la vez que avanza positivamente en la lucha contra la pobreza, resuelve sus viejos problemas en educación pública, construye infraestructura de grandes carreteras y seis aeropuertos internacionales de primer nivel, apuesta a una potente apertura hacia el mundo reflejada en más de seis millones de turistas anuales, un flujo altísimo de inversión extranjera directa y la más moderna oferta hotelera de la región. Un verdadero “boom” de desarrollo.

Azotada en el pasado por una de las más crueles y sanguinarias dictaduras de nuestra región, la de Rafael Leónidas Trujillo, invadida e intervenida militarmente varias veces por los Estados Unidos en el siglo XX, históricamente muy pobre, atrasada y productora solo de azúcar, la República Dominicana comenzó lentamente su camino hacia la democracia y el enorme desarrollo que vive hoy, de la mano de dos figuras políticas indiscutibles: el viejo, talentoso y profundamente conservador Joaquín Balaguer y el líder progresista y visionario que le abrió los caminos de la modernidad que fue Juan Bosch.

Don Juan vivió su exilio en Costa Rica y fue amigo y hermano político de don Pepe Figueres y junto a Rómulo Betancourt de Venezuela, esos tres grandes estadistas, simbolizaron la esperanza de que, en democracia y libertad, era posible alcanzar el crecimiento económico con justicia y solidaridad social.

Balaguer hizo posible la transición de la férrea dictadura a la democracia y Bosch, rebelde, visionario y líder superior, fundó el PRD (Partido de la Revolución Dominicana) y el PLD (Partido de la Liberación Dominicana), transformándose en el padre político de la moderna República Dominicana.

En el presente y después de muchas diferencias políticas y electorales entre el PLD y el PRD, sus dos líderes principales, el actual Presidente Danilo Medina y el Canciller Miguel Vargas, firmaron un Acuerdo de Gobernabilidad, junto a otros partidos menores, que recibió casi el 70% de los votos en las últimas elecciones. Ese sólido consenso político y ese enorme respaldo popular, hacen que este país sea un ejemplo de éxito y desarrollo integral y sostenible.

Su fundamento: poner las diferencias políticas transitorias y coyunturales a un lado y focalizarse en lo verdaderamente fundamental que son los intereses nacionales y el bienestar del pueblo. Al fin de cuentas de eso se trata la política.

En Costa Rica, celebremos este 12 de octubre y el encuentro de España con el Nuevo Mundo, del que somos parte integral, con visión y ambición de futuro.

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