Vía costarricense: Ética y moral – Ángeles y demonios

Joanny Soto

Johnny Soto Zúñiga

Todas las sociedades organizadas, distintos poderes de la República, fuerzas vivas y organizaciones sociales está integrada por ciudadanos (as) que desean en su mayoría servir honestamente y tratar de hacer mejor las cosas, luchar por el bien común o el bienestar del mayor número en su país.

Existen principios superiores para el comportamiento ético en los distintos estamentos sociales y se hace fundamental tratándose de las instituciones públicas, por cuanto nos pertenecen a todos (as), sus recursos económicos y demás bienes son fondos públicos, entonces los funcionarios públicos deben tener los más altos valores para orientar su conducta en la búsqueda de la justicia y la solidaridad social.

Son normas de trato social, lograr la paz, la libertad, la seguridad ciudadana y un sólido Estado Social de Derecho; los funcionarios deben gozar de deberes y compromisos morales, la lucha constante entre el bien sobre el mal, el discernimiento entre ambas y no se necesita creerse un ser superior para saber que es el bien y cuál es la responsabilidad de dichos funcionarios en su accionar.

En Costa Rica, se han venido produciendo a través de muchos años, escándalos públicos con el tema de evasiones de impuestos, comisiones, tráfico de influencias, consultorías mediante contrataciones entre funcionarios públicos de alta jerarquía y empresas privadas, peculado, y han sido los diversos medios de comunicación colectiva que han publicado constantemente estas situaciones.

Incluso el pueblo costarricense cansado, ha satanizado lo que se denomina las 3 “Cocos” –comisión – consultoría = corrupción, en forma generalizada, teniendo una percepción de que tanto los partidos políticos como las esferas del gobierno de turno, están tomados por funcionarios corruptos y que se están sirviendo con la cuchara grande, embolsándose altas sumas de dinero por algunos servicios prestados, criticando que ciertamente se ha conformado una estructura paralela a la estructura formal de la planilla de las instituciones públicas.

Converso con mi papá de 90 años, don Antonio Soto Vargas, excombatiente de la guerra civil de 1948, de los primeros que salieron de Guadalupe y Coronado a acudir al llamado del Caudillo don José Figueres Ferrer, e integrarse a su revolución por la libertad del sufragio, la lucha contra la corrupción, contra la mala fe y la pobreza. Y me pregunta papá que pasa en el Partido Liberación Nacional, que todos los días salen escándalos de corrupción? Y le respondo que no es el PLN, ni las instituciones públicas, en su mayoría lo conforman gente honesta, ¡es que se nos han metido algunos demonios!

Respeto a las personas mayores, por su sabiduría y experiencia; mi suegro Rodrigo Chaves Arguedas (q.d.d.g), excombatiente del 48 luchó toda su vida contra la corrupción en la función pública y privada, su consejo siempre oportuno. Don Bernal Jiménez Monge, de 85 años de edad y presidente del PLN, con su conocimiento esclarecido del acontecer nacional, expresó es que existen “Ángeles y diablos” en el partido y otras organizaciones públicas y privadas, cuando le preguntaban sobre hechos irregulares que salían a la luz pública.

Lo importante es salir defendiendo las instituciones públicas y el partido político al que se pertenezca, lo grave sería hacerse de la vista gorda, o tapar el sol con un dedo, minimizar los acontecimientos corruptos e inmorales de los funcionarios públicos, o militantes del partido o simplemente renunciar a la denuncia. Todo lo contrario se debe actuar con firmeza, seriedad y transparencia y respetar el Debido Proceso a los involucrados para llegar a la verdad real de los hechos y no juzgar o manchar honras ajenas sin respetarle el derecho a la defensa y la presunción de inocencia hasta que no se demuestre lo contrario.

El máster en Administración Pública e historiador Carlos Eduardo Serrano Rodríguez, explica muy bien este mal social: “La corrupción, como fenómeno humano, existe desde el origen mismo del ser humano, como fenómeno social, como resultado de la condición gregaria del ser humano y de las relaciones sociales que esta genera. Desde esta perspectiva, es una realidad consustancial a la existencia de los negocios como actividad social, y una consecuencia de la prevalencia del interés particular sobre el bienestar común y de la pérdida de valores y principios morales y éticos.

En los negocios, la corrupción se asocia con cambios en los patrones de conducta de los individuos que los llevan a la práctica, como resultado del alejamiento de los objetivos sociales que son la razón de ser de las organizaciones que los promueven. Es un producto de la pérdida de la misión de la base social que le dio origen a los negocios.”(Los Negocios y el comportamiento Ético. Carlos Eduardo Serrano R. Pág. 129)

Es que algunos funcionarios públicos pierden el objetivo de la búsqueda del bien común, y solo piensan estar en la condición de confort, el vivir bien, conseguir el dinero fácil, con el mínimo esfuerzo, la ambición de lucro, en fin “La Dolce vita”, sin importarles los demás, el individualismo más puro, sólo tiene como meta ver como saca provecho de su propio dolo, para conseguir sus objetivos materiales, culto al dinero y estatus social – y llenarse de bienes muebles e inmuebles de lujo sin el mayor costo, a contrario del común de los mortales que trabajan fuerte y honradamente día a día por sobrevivir en esta sociedad.

Por supuesto, que contratar con el Estado, no es prohibido, muchas empresas o personas físicas tienen todo el derecho de participar en licitaciones públicas y demás mecanismos de contratación administrativa, ofreciendo sus productos, servicios, profesionales o técnicos, esto genera empleo indirecto, pero se debe cumplir con todos los requisitos legales y éticos establecidos en las contrataciones públicas, no transgrediendo, o violentando la Ley contra la Corrupción y el Enriquecimiento Ilícito en la Función Pública y demás normas legales atinentes.

En fin, en esta lucha entre el bien y el mal, entre Ángeles y demonios, prefiero a la gente que respete los valores supremos y me trae a la actualidad las palabras finales de la Segunda Proclama de Santa María de Dota del 1° de abril de 1948: ¡Dejen de combatirnos los incomprensivos. Abandonen esta lucha que por nuestra parte va solamente dirigida contra los hombres de mala fe. Abran todos los costarricenses los brazos a los gloriosos soldados de la Segunda República, que juran, sobre la sangre vertida dedicarse a construir una Patria sin miseria! – Estos son los principios supremos que debemos luchar todos los ciudadanos (as) honestos de este querido país-

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