Sobre el tren metropolitano

Progresemos

Carlos Manuel Echeverría Esquivel
cmecheverria@yahoo.com

Carlos Manuel Echeverría

El llamado tren metropolitano o de cercanía es un proyecto que quisiera como a muchos, ver prosperar. Sin embargo, eso no debe llevarnos como sociedad a aprobar un emprendimiento del que por estar mal hechos los cálculos, después nos arrepintamos por lo caro y por sus fallas técnicas. Como ciudadano tengo el derecho de opinar al respecto y más cuando como parte del colectivo tendré que pagarlo. Como a todos, me quitará plata que pude haber usado en otra cosa y hay un costo de oportunidad implícito.

A las señoras y señores diputados hay que recordarles que los contratamos en sus tareas, preparados para ella o no y que son nuestros representantes. Los cargos que ostentan no significa que la sociedad les dio “un cheque en blanco”. Sus decisiones serán juzgadas al calor del presente y fríamente a futuro. Deben meditar mucho y asesorarse bien, atendiendo todos los puntos de vista de quienes están calificados en el tema.

El tren es un proyecto caro de gran impacto potencial. Es un paso a la modernidad digno de un país OCDE. Me inclino porque se haga, pero debemos ejercitar cautela. Hay aspectos además de los tratados públicamente que me llaman la atención, lo que por supuesto no me convierte en experto sobre el tema.

Me extraña mucho no se hable con amplitud de la experiencia de “metros” o “trenes de vecindad” en ciudades más o menos parecidas en cuanto a tamaño y población al área metropolitana y vecindades de San José, como es el caso de Santo Domingo en la RD o la ciudad de Panamá, donde ya se está licitando la tercera etapa. Santiago de Chile es una ciudad mucho más grande pero también puede ser un ejemplo interesante a analizar. El INCOFER debería aportar información de como se han desenvuelto esos “trenes”. El de Bangkok por ejemplo, en otra dimensión, duró años en tomar fuerza. Sin ese tren, el tráfico que es bestial ya hubiera colapsado. También vale la pena analizar el sistema de transporte de buses de la ciudad de Guatemala, el transmetro; entiendo es funcional y barato, pero más citadino.

Tienen razón quienes hablan del nuevo paradigma en cuanto al transporte que la post pandemia nos va a traer, como espero. Un desafío que de todas maneras el cambio climático nos obligaría a enfrentar. No solo se trata de lo que el tren pueda hacer para reducir el tráfico; se trata de ser creativos y encontrar nuevas alternativas para que la gente que trabaja lejos de su casa, no tenga que viajar tanto o tan a menudo. ¿Porqué no un sistema de canje de viviendas o vivir en casas alquiladas para enfrentar los traslados por cambio de trabajo? La revista The Economist siempre ha alegado que comprar casa es un pésimo negocio, más con la movilidad actual y a futuro. La legislación del llamado teletrabajo, ya es un paso en la dirección correcta. Soluciones integrales y multidimensionales han de ser la tónica.

Algo que se palpa complejo es el tema del ancho de vía, que según se decida, puede generar complicaciones que requerirían un alto costo para financiarse y desafíos logísticos adicionales. A mi limitado entender, no convendría un ancho de vía para el tren metropolitano que no compagine con el que el derecho de vía y los puentes existentes permiten para el resto de la red ferroviaria nacional. Don Miguel Carabaguíaz ha sido muy claro al ilustrar con detalle este comentario.

Trabajé en Washington DC por 6 años. Excepto una única vez desde Bethesda, Maryland, fui a la oficina en la OEA en carro y fue un desastre…aún con el metro, demasiado tráfico. El resto de las veces fui y vine a la casa en combinación de metro y bus, siempre perfecto, siempre coordinado y agradable. Esta coordinación y el que hayan paradas de buses y estacionamientos adecuados es muy importante, especialmente cuando la concentración de gente viviendo entre Tibás, Goicoechea y Desamparados es masiva. Entiendo que la idea de “sectorializar” el transporte apunta en esa dirección, pero habrá que negociar con los autobuseros y eso siempre es duro y muchas veces se termina concediendo más de la cuenta, para que los proyectos se conviertan en realidades.

En Washington eran frecuentes que se vararan los trenes, por lo que habían unas líneas adyacentes para estacionarlos cuando se averiaban. Recuerdo también que solamente en “horas pico” los trenes pasaban cada 3 o 4 minutos, pero con vía totalmente libre. En horas no pico, cada 20 minutos. ¿Me cuesta entender cómo se ha determinado la frecuencia en razón de costos de equipamiento y operación, así como una complicada y riesgosa logística operativa, con una demanda que según los expertos no está clara.

Espero que el cálculo de costos y beneficios haya sido integral y no en base a números alegre”, tomando en cuenta los costos y beneficios indirectos también.

Por último, como creo “en las formas” y más cuando se trata de administración pública, me inquieta que la señora primera dama, sin ser funcionaria pública, tenga un papel predominante. Como está vinculada al proyecto ahora, no tiene responsabilidad real y me parece que por lo valioso de su aporte y su alto grado de involucramiento debería tener una responsabilidad legal, como cualquier funcionario público. ¿Por qué no nombrarla como asesora especial o comisionada y remunerarla como debe de ser?

Ex viceministro-subdirector de OFIPLAN.

Blog: carlosmanuelecheverriaprogresemos.com

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