Cuaderno de Vida
Gustavo Elizondo Fallas
En la orquesta hay músicos de origen, género y edad variados, desde adolescentes hasta algunos que ya tiñen canas, desde personas provenientes de barrios marginales que lograron aprender música en programas de extensión de la sinfónica, hasta algunos cuyos padres ricos les permitieron acudir a la academia, tocan instrumentos diferentes, de viento, de percusión, de cuerdas, saben por medio de la lectura de la partitura cuándo deben permanecer en silencio o cuándo hacer su entrada. En algunas ocasiones el director hace señales a uno de los músicos para un solo, pero el resto le hace acompañamiento.
¿A que viene esta pata de banco musical?, a que vemos muy parecido ese acto de hacer música con una orquesta al arte de gobernar; le toca al presidente ser el director y asegurarse que todo su gabinete, a pesar de representar a distintos ministerios e instituciones públicas, digamos que distintos instrumentos, tengan en su carpeta, lo que representa al atril colocado frente al músico, la misma partitura, la misma visión país para el caso del jerarca.
El ritmo del gobierno lo debe llevar el presidente, los jerarcas atienden sus indicaciones y todos manejan la misma partitura, a lo mejor podrá sugerir que una marcha sea más andante o que un vals tenga mas cadencia, pero el presidente no debe soltar la batuta. Suele suceder en los gobiernos que mientras los ministros, llamémoslos músicos, tocan un bolero, hay alguno por ahí que toca un pasodoble, el presidente/director debe poner en orden al que se salió de la melodía.
Le queda al próximo presidente que tendremos a partir de mayo, manejar una buena partitura, escoger muy bien a sus músicos, que no desentonen, que se sepan la partitura y que, si se salen del libreto, les solicite que se acomoden o den espacio a otro músico. La torta es si elegimos a un presidente/director que improvise a los músicos, no tenga a mano la batuta y lo que es peor, no tenga una partitura que se pueda interpretar.