Monólogos con Pelé
Lina Barrantes Castegnaro
Las organizaciones multilaterales tienen una particularidad que me marcaría para el resto de la vida: la diversidad del trabajo. Tiempo después, descubriría que lo que me gustaba más de mi trabajo en el Teatro Melico Salazar, era que cada noche, hasta el escenario montado era distinto, cada espectáculo distinto del anterior. Antes de llegar a UNESCO pensaba que yo tenía un problema en terminar las cosas. Ahí me di cuenta de que me aburría de hacer lo mismo siempre.
Conocí entonces a Iris Leiva y a Yvette Rickebush. Ambas se habían ido jóvenes a vivir y estudiar a Paris, ambas habían pasado su vida adulta allá. Ambas tenían maridos franceses y ambas trabajaban en UNESCO en ese momento. Eran entrañables amigas entre ellas, aunque con un carácter muy distinto una de la otra. Yvette una mujer discreta, Iris en cambio llenaba cualquier espacio con su personalidad guanacasteca.
Hace unos días, al despertarme encontré un what’s up de Yvette en el que me daba la tristísima noticia de que Iris estaba cerca de morir. Durante varias horas, mi memoria repasó a Iris. Lo he seguido haciendo durante varias semanas.
La guanacastequidad de Iris y sus años de servicio, hacían que todos los funcionarios de UNESCO, desde guardas, hasta administrativos, todos, la llamaran por su nombre. Sabía moverse en la Conferencia General, sabía hacer proyectos de resolución, podía atender un montón de comisiones con los temas más diversos al mismo tiempo. Era amiga de los funcionarios de todas las misiones y amaba a Costa Rica. Era la memoria histórica de la Misión. Tenía la experiencia como para saber cuáles errores no debían cometerse. Con gran generosidad compartía su conocimiento con los jóvenes que pasábamos por la Misión.
¡Cuando Iris se pensionó, siguió trabajando! Solo se pensionó para convertirse en voluntaria en la Delegación de Costa Rica ante la UNESCO. Con ella revivimos el proyecto de la declaración de patrimonio de la Humanidad de las Esferas de Diquís, en la Administración Arias. Iris solía hacerme la broma de que yo “había sido taxista en Paris” por lo que me gustaba manejar en esa ciudad. Jean Paul su marido se enojaba conmigo, como con todos los ticos por que no sabíamos cortar el queso. Cada queso se corta diferente.
Debe haber trabajado para Costa Rica 50 o tal vez mas años. No sé si la Cancillería de Costa Rica habrá comunicado su fallecimiento, no se si habrá enviado una condolencia a sus hijos, pero lo que si sé, es que Iris, aunque dejó desde joven nuestro país, no lo dejó nunca. Lo que si sé, es que trabajó incansablemente por Costa Rica. Lo que si sé es que dejó esta vida terrenal, con la profunda satisfacción de haber servido dignamente a su país, mas allá de un compromiso contractual.
Lo que también sé, es que Iris Leiva tiene un pedacito en mi corazón, y que lo tendrá para siempre. También tiene mi agradecimiento eterno por tantísimas enseñanzas.
Pele fue mi perro durante 10 años. Hace casi 10 años, un tumor en el cerebro me hizo tomar la decisión que me gustaría que alguien pudiera tomar por mi: una inyección que lo hiciera descansar y nos hiciera dejar de sufrir a el, y a nosotros, su familia humana. Durante esos 10 años, oyó atentamente mis comentarios sobre la vida y sobre el mundo. En honor a ese monólogo prolongado llamo con su nombre mi columna.